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Los escritores Lorenzo Silva, Marta Robles e Inés Plana protagonizan una nueva jornada de VLC Negra centrada en la tragedia, los villanos cotidianos y las dobles vidas del género noir.
La tercera jornada del festival VLC Negra reunió este miércoles en el Colegio de Arquitectos de València a tres nombres destacados de la literatura noir nacional: Lorenzo Silva, Marta Robles e Inés Plana. Los encuentros giraron en torno a la tragedia como elemento esencial del género y a la construcción de personajes marcados por la violencia, la ambigüedad moral y los conflictos históricos.
El primero en intervenir fue Lorenzo Silva, que conversó con Ramón Palomar sobre su última novela, Con nadie. El escritor explicó el origen del personaje central del libro, el general Miguel Campins, cuya historia descubrió tras el encuentro casual con uno de sus descendientes.
«Era un tipo perfectamente fusilable por ambos bandos, un personaje histórico que a mí me vino a buscar de una manera muy novelesca», señaló Silva. «Cuando al fin pude escarbar en su pasado, vi que merecía no solo una novela, sino seis».
El autor también evocó la influencia de su abuelo, combatiente en la guerra de Marruecos, en su aproximación literaria al universo militar. «Era como tener a Kipling metido en mi casa», afirmó.
La novela aborda el impacto moral de la violencia colonial a través de la figura de Campins, sobre quien Silva investigó correspondencia y documentación histórica. «Dirigió asaltos a poblados en los que morían mujeres y niños, igual que sucede hoy en Gaza, y ordenaba quemar las cosechas de quienes se negaban a someterse», explicó el escritor. «Estoy seguro de que acabó siendo consciente de la terrible magnitud de sus actos».

La segunda sesión de la tarde reunió a Marta Robles e Inés Plana en una conversación moderada por Teresa Madueño bajo el título Tragedia en tres actos, lema que articula los encuentros de esta edición del festival en homenaje a Agatha Christie.
Ambas autoras reflexionaron sobre la figura del mal en la narrativa criminal contemporánea a partir de sus novelas Amada Carlota y Las espías y el enigma Aquiles. «Los peores malvados son los cotidianos, aquellos que pueden estar en cualquier parte y formar parte de nuestra rutina diaria», afirmó Marta Robles.
Por su parte, Inés Plana explicó que su novela reivindica el papel de las mujeres dentro de los servicios de inteligencia y se aleja de los estereotipos habituales del género. «Siempre quise crear mis propios espías con sus propios Martinis, pero sin caer en los arquetipos y profundizando en sus dobles o triples vidas, en su constante ausencia de identidad», señaló














