Música

Dwomo, 20 años de cócteles cósmicos

Dwomo.

Dwomo son Antonio J. Iglesias y Jorge Lorán y llevan veinte años agitando su cosmic cocktail, tan indefinible como sugestivo. Un ejercicio muy saludable de música sin prejuicios. Subimos con ellos a su nave espacial y repasamos toda su trayectoria.

Usted (2001), un ep de cuatro temas, fue vuestro primer disco. Escuchado casi 20 años después sorprende lo actual de su propuesta, lo bien que ha envejecido, y al mismo tiempo como en aquellos temas ya estaba la esencia de lo que ha sido Dwomo durante estos años (tanto musicalmente como de actitud, el sentido del humor,…). ¿Qué sentís vosotros cuando lo escucháis?

Jorge- ¡Gracias! La verdad es que es una sensación muy curiosa escucharlo ahora, te hace viajar en el tiempo, pero siempre desde la satisfacción del debut y la vigencia en nuestra propuesta artística. Orgullo cósmico.

Antonio- Gracias. Es muy especial. Ediciones puede haber muchas, pero debut sólo hay uno. Usted primero, un cartucho con galantería cósmica. Me gusta su sinceridad extrema con la portada reflejando la electrónica doméstica que fue ingrediente básico en el viaje. Escucharlo hoy es escuchar la banda sonora del inicio de una carrera espacial de jóvenes cosmonautas…

Debutáis en formato grande con Osinaga en 2002. Un disco que recogía algunas de las canciones de los ep’s publicados antes, y en el que el eclecticismo estilístico desborda, pero manteniendo una coherencia. ¿Os preocupa eso, que aunque las canciones respondan a estilos distintos sí que haya un hilo que las una?

Jorge- Osinaga es la primera pica puesta en nuestra estrategia de presentación de la banda, tras una serie de pildoras previas. Creo que aúna todas nuestras intenciones musicales. Nada es premeditado, surge de una auténtica pasión por las canciones y una cuidada falta de prejuicios.

Antonio- Osinaga es como una brigada internacional sonora. Diversos idiomas y estilos pero una causa común. Cuando se está desafiando las leyes de la gravedad de la clasificación es importante mantener una coherencia aunque sea subterránea, es lo que da identidad a cada grupo.

¿Ese eclecticismo que os ha acompañado siempre en Dwomo (y otros proyectos) es fruto de de vuestro eclecticismo como consumidores de música?

Jorge- Supongo que sí. Como consumidores de música, siempre hemos coincidido en la actitud y personalidad de los artistas por encima de los estilos.

Antonio- Una cosa es la música que escuchas y otra la que haces. Somos filtros de lo que oímos procurando que no se nos coman las influencias. El abanico es amplio, claro.

Hijos de un domador (2004), vuestro segundo disco largo, incide en todo lo anterior, pero apostando más por las melodías. Una de las características de Dwomo es que nunca sabes por donde van a ir desarrollándose las canciones y parece que disfrutáis oponiendo sonoridades, pero en este álbum es como si las dejaráis más limpias, más pop.

Antonio- Tras la urgencia más enérgica de Osinaga nos fuimos hacia algo más pop, cierto. Fue una piedra angular de reinvención y apostar más por la melodía. Necesario nombrar aquí a Fernando Polaino, nuestro productor en la gran mayoría del viaje, que enfocó el disco con nosotros hacia otro sonido. El mar ayudó.

Jorge- Hijos de un domador surge de una concentración memorable cerca del mar. Nos concentramos y relajamos para este trabajo a conciencia y sí, posiblemente sea nuestro álbum más pop, en el más amplio sentido de la palabra. Sin renunciar nunca a la experimentación y la improvisación.

En Descalzos en la luna (2005), varios artistas remezclan algunas de vuestras canciones. ¿Qué os interesa de algo así, de que otros revisen o rehagan vuestros temas? ¿Hay alguna conexión entre eso y que ya en los primeros ep’s vosotros mismos incluyeráis revisiones de alguno de vuestros propios temas?

Jorge- Totalmente. Fue muy alentador para nosotros recibir las muy diferentes visiones de otros artistas respecto a nuestras canciones. Siempre se aprende.

Antonio- Fue una experiencia muy reveladora. Las canciones invitan a revisitarse y para ello lo propusimos a un elenco muy dispar. La mesa de mezclas como instrumento y el ver nuestros temas en otras manos fue todo un experimento muy productivo y una idea que enriqueció el camino. Decir que recibimos casi el doble de los que están en el disco y hubo que seleccionar. Nos ayudó a conocernos a nosotros mismos con visión externa. Como dices, nosotros ya lo habíamos hecho en algún maxisingle. El dub es un concepto que no hay que limitar a lo jamaicano.

Es curioso que después de la expansión de vuestro repertorio en Descalzos en la luna llegue Moscas en diciembre (2007) como más recogido. ¿Hay algo de acción-reacción frente al anterior?

Jorge- Siempre juegan las circunstancias vitales y emocionales a la hora de sacar lo que llevas dentro. En este caso, el resultado fue más intimista y folk en general a lo largo del disco. Más lleno de invierno.

Antonio- Buscábamos algo más analógico y limitando las pistas, lo sentimos como más folk de electrónica minimimalista, más gélido. Dentro del proceso de mutación fue pasar hacia algo con más recogimiento, lo sentimos así en ese momento, una estrategia muy transparente en aquel episodio. Además iba acompañado de un disco de covers, era nuestro primer disco tras cambiar de compañía… Algo de reacción invernal tuvo, sí.

En Moscas en diciembre se encuentra la canción Bombes de xocolat en valenciano, ¿algo que ver con vuestro posterior traslado a València?

Jorge- Por supuesto. Nos encantó cantar en valenciano y jugar con su musicalidad. De hecho, a partir de ahí, nos instalamos y comenzamos nuestra investigación.

Antonio- La hicimos antes de venir a vivir a València y porque vimos claro cantar ese tema en valencià. Algo de premonitorio tendría tras concentrarnos en el Mediterráneo en dos ocasiones para perfilar discos.

Moscas en diciembre, como ya ha apuntado Antonio antes, era la mitad de un disco doble. El otro es Rapsodia de frutas, un álbum de versiones de gente tan dispar como Mocedades, Leño, Ween, Velvet Underground o Iron Maiden. Ya antes habíais dejado pinceladas en canciones como James Bond Theme (licencia para matar) o Redemption song (Kaiho no Kyoyu) (recuperada aquí) o en ese guiño al La quiero a morir de Cabrel en Javiera. ¿Qué importancia tienen para vosotros las versiones?

Jorge- La importancia de las versiones para nosotros se basa en la descontextualización de las mismas, siendo en nuestro caso más revisión que recreación. No nos interesa en absoluto intentar calcar una canción que alguien compuso por alguna razón. El mundo tributo es trabajo para muchos músicos y lo respetamos, pero no es un camino sugerente para Dwomo.

Antonio- Como dice Coque, nosotros creemos en la adaptación de la canción, es un ejercicio muy interesante, pero para llevarla a tu terreno y descontextualizar estilística e incluso idiomaticamente. Tocarla igual es otra ruta que nos interesa mucho menos. Desubicar y aportar algo es la misión sino no tiene sentido. Hemos recibido muchas y variopintas palabras de agradecimiento de los autores. Desde Francisco a Ween pasando por Rosendo, Vídeo, Julio Bustamante o Rita Marley, por ejemplo.

Disco Dios (2009) es vuestro primer disco viviendo en València. Más allá de que la portada sea de Calpurnio, ¿créeis que se refleja en algo esa circunstancia?

Jorge- Seguro que sí. Un nuevo reto viviendo en una nueva ciudad, que conocíamos solo de paso, gira, amistades, etc. Al empezar a movernos por la misma, conocimos gente fantástica y motivadora.E sto siempre se refleja en las composiciones, claro.

Antonio- Sí, sí que refleja el cambio. Es la banda sonora de choque de nuestro exilio. Llegar al mar y que musicalmente se abra para vivir en otro contexto el siguiente episodio como se abrieron las aguas ante Moisés.

En este álbum seguís aumentando vuestra galería de personajes protagonistas de canciones con Alvarone. Ya en vuestro primer ep estaba Charles, el guardabosques y en todas las entregas ha habido unos cuantos más. ¿Por qué os gusta componer canciones dedicadas a glosar personajes cuanto menos curiosos? ¿Existen en la vida real?

Jorge- Son musas inspiradoras o inspiradores, según se quiera mirar. Hay personajes totalmente reales, pero están bajo secreto de sumario.

Antonio- Al igual que hay un estribillo tras cada esquina hay un elenco de musas inspiradoras basadas en hechos reales (Alvarone, Javiera, Daniela…) y fruto de la imaginación (Charles, Totó,..). Hay una fauna muy inspiradora en el espacio que da mucho juego…

En ese sentido, cuando sois vosotros los personajes de una (como ocurre con Canciones de Dwomo de El Ser Humano), ¿qué sensación tenéis?

Antonio- Una sorpresa y un honor inspirar a alguien ya más allá del mundo gráfico, videoclip o remezcla y tal… Gonzalo (El Ser Humano) es un tipo muy honesto y todo un exponente independiente (que no indie) de la ciudad. Es bello que te canten.

Jorge- Es un honor ser pequeña inspiración o deleite de otros artistas, alimenta positivamente el ego e invita a brindis. Chin-chin, Gonzalo.

Disco Dios es, aunque después se han publicado 3 discos más de Dwomo (uno de versiones, uno en directo con la Orquesta Pinha y un recopilatorio), el último con canciones nuevas. Han pasado 10 años desde entonces. ¿Qué explicación hay a ello?

Jorge- Hemos seguido tocando y componiendo a nuestro ritmo y estamos constantemente implicados en un sinfín de proyectos, lo cual siempre te resta tiempo para el tuyo propio.

Antonio- Tras quince años a full cambiamos el ritmo, era necesario. Vivir la crisis cultural y económica, el descalabro de varios puntos del organigrama en la industria del disco, el estar en ciudades diferentes, tomar aire, la perspectiva del momento… Hubo razones para parar el ritmo de edición con Dwomo. Sin embargo juntos (Fado Blues, Le Grand Miércoles, Parmesans…) y por separado (Fabiani, Sopas del Mundo, Sputnik….) hemos seguido creando y haciendo ruido. Otros colores que de algún modo repercute en la nave nodriza Dwomo. La inquietud nunca bajó su erección. Añado aquí varias colaboraciones paralelas (Gilbertástico, Julio Bustamante, mono33, Cándida…), producciones (Luna y Panorama de los insectos, Stephanie Cadel et la Caravanne, La Peluquera, Mad dub, Kruchenko, Key & Board…) y varios que ahora a bote pronto no recuerdo y están ahí. Como ves no nos hemos aburrido.

Jorge- Las cosas vienen cuando tienen que venir, sin dormirse pero sin asfixiarse.

El disco de versiones al que hacía mención es Electroshock Taronger (2013) en el que hacéis deliciosas re de unas cuantas canciones de grupos y músicos valencianos de distintas épocas, como In Fraganti, Francisco, Vídeo, Amor Sucio, Julio Bustamante o Felón y su Mierdofón. De este disco ya hablamos con vosotros, en su día, en Verlanga. Para grabarlo hicistéis casi un ejercicio de arqueología musical, sin prejuicio alguno.

Jorge- Fue un reto muy placentero excavar en las profundidades del cancionero valenciano y sobre todo cómo un montón de gente maravillosa se volcó con nosotros y nos descubrió auténticas joyas, algunas conocidas y otras totalmente escondidas. Una época genial que nos encantó vivir.

Antonio- Una experiencia que recomiendo. Bucear por las catacumbas de la música de un lugar es descubrir el tesoro. Un proceso muy bello en el que conocimos mucha gente que se volcó. Eruditos, freaks, apasionados, exmiembros de la escena local, activistas, coleccionistas, artistas anónimos…Vivir el proceso a la par que el resultado fue como sacarse un pasaporte subterráneo y muy enriquecedor. No puedo dejar de nombrar al instigador, Rafa Cervera, ni al cómplice que nos produjo y con quien lo editamos, Luis Caballero Reynaldo. Por supuesto que cambió la percepción. Amplió, aportó y motivó. Nos dio noción de dónde estábamos y lo que había pasado en las últimas décadas por aquí.

¿Qué importancia ha tenido (y tiene) Fernando Polaino en Dwomo?

Antonio- Fundamental en nuestro viaje. En lo artístico y lo personal es el tercer Dwomo. Nos conoce, aconseja, produce en estudio y en directo, nos aguanta y nos canta nanas cósmicas a distancia. Cuando los tres astronautas del Apolo 11 llegaron a la Luna sólo dos pisaron el escenario lunar. El tercero dentro del módulo no salió al exterior y su misión no por ello era menos importante aunque no saliese haciendo el payaso ante las cámaras como los otros dos.

Jorge- Como dice Antonio, Fernando Polaino es el tercer Dwomo, pieza fundamental para nosotros. Ha producido prácticamente el total de nuestro trabajo y ha viajado como cosmonauta sónico con nosotros durante casi estos 20 años. Un privilegio.

¿Seguís algún patrón a la hora de componer o hacer las versiones? ¿Algo en el proceso de creación que se repita?

Jorge- Los patrones de interpretación y composición son dulce y totalmente inesperados para nosotros. Tenemos la suerte de entendernos muy rápido y cuando algo nos emociona a ambos, nos subimos al Ovni y hacemos los deberes.

Antonio- Nada más que añadir a la respuesta de Coque.

¿En qué medida vuestras aventuras musicales paralelas o colaboraciones con otros músicos han influido en Dwomo?

Jorge- En todas las aventuras paralelas a Dwomo nos involucramos a tope. Algunas te dejan más poso y otras ninguno, pero siempre nos interesan las visiones de los proyectos. Seguro que hay interpretaciones vitales que viven con nosotros.

Antonio- Si son proyectos que artísticamente nos han seducido algo se aprende, siempre. Forma parte del camino como etapas que han de enriquecer y darle sentido al viaje. Desde la colaboración puntual a la militancia en un proyecto pasando por producir, remezclar, tocar en directo, hasta compañeros de cartel en gira dentro y fuera del país.

¿Qué  planes de futuro tiene Dwomo más allá del próximo concierto en València?

Jorge- A partir de estas celebraciones de aniversario comenzaremos a plasmar nuevo material en el cual estamos trabajando con mucha ilusión. El viaje continúa. Gracias a todos.

Antonio- Andamos preparando nuevas ideas con intención de cantarle a la galaxia en un futuro no muy lejano. Conspirar los detalles del próximo plan. Gracias por el interés y mantener la expectación. El viaje continúa.