El ser humano que responde al nombre de Gonzalo Fuster.

Gonzalo Fuster ha grabado un disco, Almacenero Marx (Discos Belamarh, 2020), que se ríe en la cara de todos los selfies del mundo. Mientras estas fotografías egocéntricas se quedan en la superficie, el músico valenciano ha conseguido retratarse desnudo, en su cotidianeidad, con la honestidad del que no tiene nada que demostrar, pero sí mucho que mostrar. Su disco anterior como El Ser Humano, Casa (Discos Belamarh, 2019), fue un primer paso en esa dirección, no solo por el título, porque lo grabara en su domicilio o porque tocara buena parte de los instrumentos del mismo.

En Almacenero Marx hay música improvisada por él y grabaciones ambiente del día a día de su casa. Su unión, encapsulada en formato canción, transmite la misma cercanía e instantaneidad que las polaroid que acompañan la edición del álbum en formato físico. Que se abra con una canción titulada Ensi-mis-ma-mien-to no puede ser casualidad, por lo que tiene su significado de sumergirse y recogerse en la intimidad de uno mismo.

En una mesa de “la terraza con mejor corriente de toda València”, Gonzalo menciona a Ernest Hood como gran faro de su disco, y apunta también al Morricone más experimental y a Satie, aunque se queda pensando unos instantes esto último. En una conversación posterior, por whatsapp, aumenta la convocatoria a Moondog. Añadid, si queréis, al Comelade más juguetón y al Mastretta más festivo, y el mapa sonoro se irá completando. Pero, lo mejor, es escuchar el disco, y las respuestas del propio Gonzalo a nuestras preguntas.

¿En qué medida Casa fue una reacción al disco anterior de El Ser Humano?

Casa fue un avance muy grande respecto a anteriores discos. En primer lugar, dejé de ensayar con Dani Odisseu y otros amigos músicos, pasé del local de ensayo y elegí ir solo. Esto fue fundamentalmente porque con familia y trabajo, encontrar huecos y tomarse el tiempo necesario para ensayar tranquilo se me hacía cada vez más complicado. Esto, matemáticamente, ya supone una concentración de pulsos o emociones provenientes de un solo cerebro, aligera el camino, es menos diverso pero más manejable. En segundo lugar, porque con maestros en la grabación y producción, como Dani Cardona, Fede Trillo o Román Gil, es inevitable sentirme motivado e intentar aplicar lo aprendido. El sueño de poderme grabar también. Con El Ser Humano (Luscinia Discos, 2018) sufrí mucho, mi estado anímico no era bueno, una parte de la grabación fue complicada e incómoda. No quería volver a pasar por ese lugar.

¿Y en qué medida este Almacenero Marx es lógica evolución de Casa? ¿Por qué no grabarlo como una nueva referencia de El Ser Humano?

La evolución era necesaria tras un disco tan sincero como Casa. Almacenero Marx ahonda en ese camino tan profundo, y pensé que con las palabras mentiría y comprometería mi objetivo. Hay que prepararlas, rimarlas, buscar el sinónimo, conseguir ritmo con ellas, con eso ya me estaban condicionando. Pensé que la forma de llegar aún más adentro de mí era dejar que mi vida, mi casa, mi familia, hablaran por mí. Bajo este precepto, donde no hay, aparentemente, un narrador, no tenía sentido el nombre de El Ser Humano. Además, poner mi nombre real me sugería alcanzar lo más honesto que podía ser, sin seudónimos ni máscaras. La propia evolución me llevaba a una desaparición de mi “yo” cantante. Quizá sea el paso evolutivo más importante.

En el “diario de grabación” de Casa” que escribiste en Muzikalia, hablas de un concierto en 2017 como punto de inflexión en tu carrera musical, y de lo frustrante que resultó comprobar la sensación de que al haber desaparecido (o reducido) tus anhelos, te sientes como más libre y tanto Casa como Almacenero Marx se benefician de ello.

Sí, ese concierto fue mi punto de inflexión. No pasó nada que no hubiera pasado antes, pero sucedió ante 100 personas y definió el punto de no retorno. He comprobado que todos los músicos sufrimos una crisis cerca de los 40 años, un replanteamiento, un cuestionamiento extremo y que, generalmente, pone en relieve nuestro talento real y lo distorsiona, aún más, al pasar por el prisma del S. XXI.

Creía tener mi propio estilo, reconocible, personal y único… ¡Yo quería ser mi propio Gainsbourg, mi propia Carmen Santonja!. Mis anhelos no eran la fama o el éxito, sino más bien un tipo de reconocimiento. En cuanto me liberé de eso y empecé a trabajar exclusivamente para mí, crecí. Posteriormente, me di cuenta de que sí que se aprecia y destaca mi estilo, pero me alegro de no haberlo visto en aquel momento. Un músico se expresa y se comunica con el objetivo de ser escuchado, no entro en el tema de los que trabajan para el público, las canciones están dirigidas a ser escuchadas por otra persona. En Almacenero Marx, el destinatario era también yo.

¿Cómo nace Almacenero Marx? ¿Había una intención inicial de que acabara siendo un disco?

No lo concebí como un disco en un origen. Aquí aparece la figura de mi ángel de la guarda, Luis Moner, responsable de Discos Belamarh. Acababa de publicar Casa y yo ya estaba tratando de crear algo nuevo. No sabía bien qué, sabía mejor qué no quería. Empecé a grabar, de forma secreta, conversaciones de mi familia, los niños jugando, etc….

Para la presentación en directo de Casa, Luis vino a Valencia con muchos regalos para mí, discos de Sun Ra, Mariana Ingold, Promise, un libro de Simon May y… Neighborhoods de Ernest Hood. Durante la comida previa al concierto lo puse y el impacto fue inmediato: eso era exactamente lo que tenía en la cabeza. En pocos días se había convertido en uno de los discos de mi vida, yo estaba en ese disco y lo acababa de descubrir. Los meses siguientes fui improvisando con el piano sobre las grabaciones de ambiente de casa hasta tener un borrador satisfactorio. Se lo envié a Luis y me dijo: ¡Quiero editar todo un disco así! Y así, entre un entusiasta creador y un amante altruista del arte y la cultura, surgió otra vez el amor.

¿Cómo fue el proceso de elaboración?

Fue más duro que cualquier otro disco que haya grabado, por el proceso y por la interpretación al piano. Aún así, también es el que más he disfrutado.

¿Cómo fueron las grabaciones ambiente de tu casa? ¿Tuviste mucho material? ¿Cómo fue el trabajo de selección? ¿Las provocabas o simplemente se recogía lo que se producía?

Dejaba el micrófono oculto, registrando durante horas. Igual captaba un momento de risas, que una discusión entre niños, que una hora de silencio, que no me explico, cualquiera que conviva con su pareja y dos niños sabrá que el silencio no existe. Cada cierto tiempo recapitulaba y escuchaba todo lo grabado, etiquetando lo que había en ellas, desechando el material que no valía. Así durante unos cinco meses. La cantidad de gigas de audio iba medrando mi entusiasmo, a la vez que me empezaba a desbordar. Perdí la luz al final del túnel en varias ocasiones, puesto que muchas horas de creación fueron delante de una pantalla, renombrando archivos y tratando de no verme enterrado en sonido ambiente. Lo que tenía claro es que no quería que el ambiente estuviera durante toda la canción, sino que fuera más una sugerencia, algo más liviano y fluido. Así que borrar no fue un problema.

¿Y cómo te planteaste la parte musical, las improvisaciones? ¿Las creabas a partir de saber qué fragmentos de los audios irían en cada tema? ¿Tocabas sobre ellos?

Cuando encontraba grabaciones que me sugerían algo en común, las juntaba y me ponía a tocar el piano encima. Así horas y más horas improvisando. Grababa y borraba continuamente. Esto suponía reordenar las pistas de grabaciones de ambiente, para probar nuevas cosas, experimentar y empezar de cero mil veces. Me propuse no hacer recortes y quedarme con tomas enteras de improvisación. Así fui haciendo capas sobre las grabaciones y sobre otras capas, componiendo arreglos, buscando nuevas texturas y sonidos. La última fase fue borrar y dejar lo mínimo posible que me transmitiera exactamente lo que sentí al empezar a improvisar. Soy un músico limitado, las improvisaciones son sencillas, muy acordes con el sonido de fondo, casi ambient.

¿Has hecho tuyo aquello del “menos es más”? Este disco, y no solo porque lo firmes con tu nombre o por pasajes como Intimidad, te presenta más desnudo que otras veces, aunque curiosamente no haya letras en las que se te pueda reconocer por lo que estás contando.

Sí, como contaba antes, fue la forma más honesta de mostrarme en ese momento. Impliqué en el proceso creativo todo aquello que me rodeaba, haciéndome más fuerte con ello, en vez de verlo como un obstáculo. La vida en familia ha sido el principal instrumento del disco. Paradójicamente, sin cantar una palabra, muestro más de mí que con las letras y melodías de todas mis canciones anteriores, soy consciente. Es el punto en el que más me he acercado a la verdad, y eso que llevo cantándole años. Quería hablarme a mí mismo, y cuando uno se habla, no es necesario usar palabras. Menos es más, lo tuve en cuenta a la hora de mezclar el disco y eliminar tomas, arreglos, e incluso la mayoría de grabaciones de casa, como se puede apreciar ahora en el disco.

¿Cómo te has sentido sin la necesidad de escribir letras y, por lo tanto, cantar?

Dejar de cantar fue un proceso bastante natural. Me gusta cantar y la sensación que me provoca, pero nunca me ha gustado mi voz ni mi forma de cantar, lo hice solo porque quería contar cosas. Si a esto le unimos un factor clave como es el empezar a estudiar en serio solfeo y piano, lo que me requiere mucho tiempo de práctica y estudio, me lleva a meterme cada vez más dentro de mí, en mi silencio… hasta no apetecerme cantar.

Me he sentido realmente bien, me supone mucho esfuerzo cantar y tejer las melodías con letras, así que fue una liberación. En ningún momento eché de menos cantar, probablemente fue uno de los mayores desahogos, no tenía que hacer tomas y tomas de voz para la grabación y eso fue maravilloso. Y, lo que es más importante, no quería contar nada en primera persona. La excepción es la voz en off de 20 de Marzo, así que ya tenemos una regla. Lo que no he dejado es de escribir, aunque no lo convirtiera en canciones.

Es un disco que consigue trascender las particularidades de su gestación (la pandemia), incluso aunque en una canción se hable de una fecha concreta. No es un disco que se quede anclado temporalmente. ¿Cómo vives esa dualidad?

Gracias, supongo que será porque la pandemia en sí no es el tema del disco, salvo en la canción 20 de Marzo, sino parte del contexto, como pueda ser la pizza tan rica que comimos el día anterior o los discos de Battisti que compré, no más importante. No obstante, y aunque suene desconsiderado, he disfrutado del confinamiento extremo. He podido tocar más el piano, disfrutar de la Morena y mis hijos, leer mucho, etc. y eso sin dejar de trabajar, pero me he ahorrado tiempo en coche y en la calle, así que para mí ha sido tiempo muy valioso. Supongo que por esta razón el disco no refleja un estado negativo o de crisis. No dejé de preocuparme, pero hice lo que tenía que hacer.

Por otro lado, es un disco que siendo capaz de capturar la inmediatez, momentos concretos, no resulta algo efímero, sino todo lo contrario. ¿Tenías miedo de que ocurriera lo primero y de que fuera un álbum demasiado deudor del confinamiento y que esa inmediatez acabara convertida en lo contrario dentro de un tiempo?

Sinceramente, no apareció ese miedo, para mí es una foto de mi vida, como lo fue Casa, lo fue 3 o Trinidad II. Por ejemplo, durante muchos años no pude escuchar el primer disco de El Ser Humano, por lo mal cantado que está, sin embargo lo reescuché hace poco y me pareció entrañable, ese era yo. De esas cosas ya no me avergüenzo, aprendí que todas esas imperfecciones y defectos son también yo. Y, partiendo de ahí, no hay miedo, hay satisfacción de haberlo podido registrar para recordarme dentro de años.

Para un oyente que no sea yo, supongo que las improvisaciones o estructuras orgánicas, los arreglos, cambios y demás, prevalecen sobre las grabaciones de ambiente, que es lo que se puede llamar efímero. Al final, hablamos de melodías bastante sencillas, por lo que tienen cierta universalidad.

¿Crees que es tu disco más luminoso, a pesar de las circunstancias en que se grabó?

Seguramente, junto a 3, me ha aportado mucha calma y mucha paz, lo he disfrutado y sufrido. En él hay mucha verdad, me he descubierto más hacia dentro. Sí, me ha dado luz, ya no soy el mismo. Entiendo que al oyente le pueda aportar paz y tranquilidad, además, como escribe Ernest Hood en su disco, es una obra para escuchar a solas o con tu mejor amigo o amiga, no es una herramienta social.

¿Tienes pensado, una vez recuperemos la normalidad, llevarlo al directo? ¿Algunos de los temas tendrían hueco en el repertorio de El Ser Humano?

Lo veo muy complicado, llevarlo todo grabado me parece un poco trampa, aunque fuera divertido. Y mis capacidades improvisatorias no son fiables, ¡Ojalá!. Por otra parte, no sé a quien le puede interesar un concierto así. Aunque Luis (Moner) insiste…

El Ser Humano, Gran Camino, Gonzalo Fuster, Algo… ¿Por qué no firmar siempre con tu nombre, si al fin y al cabo todos esos proyectos forman parte de ti? ¿Cómo te organizas para decidir hacia qué proyecto donde va una canción?

Son estéticas distintas, generalmente mis composiciones están muy asociadas a la época en la que nacen. Durante unas temporadas me siento más Gran Camino, en otras más El Ser Humano. Durante uno de esos períodos no me surgen ideas para otros proyectos porque no sería capaz de tirar de ese hilo e hilvanar la letra con la melodía con esa estética, por ejemplo. Mis canciones son hijas de su momento desde hace ya muchos años.

Adoro crear y desarrollar cosas, pero no puedo dejarlas indefinidamente para otro momento. Lo empiezo y lo acabo, me gusta ver el resultado, para mí, la creación consiste en eso. Y esto supone un plazo de tiempo, 1 mes o 1 año, durante el cual vivo de lleno instalado ahí. He descubierto que soy muy obsesivo y fiel, no puedo mezclar alegremente. Me meto al 100% en lo que hago sin poder salir fácilmente.

La excepción a todo ello es Algo, puesto que al compartirlo al 50% con Alberto Montero me permite no obsesionarme con la canción y alimentarme de sus geniales respuestas a mis ideas de canciones. Y viceversa, cuando él me lanza una idea para desarrollar, me supone una sorpresa que me estimula a continuarla, posicionándome en un lugar común entre ambos. Nos sirve de descompresión a ambos. Oye, y va a ser un discazo. Soy muy afortunado, porque es mi amigo y tiene un talento descomunal.

Preguntarte cuál será tu siguiente paso sería en vano porque igual ni tú sabes la respuesta, ¿no?

Te mentiría si no intuyera cuál va a ser, porque he empezado ya. Lo que no te puedo asegurar es que vaya realmente a llevarlo a cabo o se me cruce alguna otra obsesión por medio. De momento, hay una nueva guitarra española.