Naen. Foto: Carles Giuliani.

La música de Naen (Anna Ferrándiz, València, 1999) es como una coctelera en la que va sumando ingredientes (ahora ritmos urbanos, ahora electrónica, ahora soul, ahora pop…) potenciando su sabor final, sin perder su esencia. Sería demasiado tópico recurrir a eso del secreto mejor guardado de la escena valenciana porque ahí están sus canciones y sus conciertos para quien quiera acercarse a ella. Lo que es indiscutible es que algo está cambiando en la ciudad y Naen es uno de sus pilares. Quedamos una mañana en la terraza, a esa hora muy tranquila, de Federal Café, para repasar su trayectoria.

¿Cuál es tu primer recuerdo musical?

Yo no me acuerdo, pero mi madre dice que a mí de pequeña me gustaba mucho Isabel Pantoja y que la imitaba todo el rato (ríe). Pero, de verdad, no me acuerdo.

¿Y tu primer recuerdo musical, pero siendo consciente de que aquello que estaba sonando te gustaba?

Rihanna. Tenía el Yahoo Music y me ponía a Rihanna, Shakira, Christina Aguilera, Britney Spears… todas las divas.

Toda esta música que mencionas está muy presente en tu debut, en 2018, con el EP de seis temas, Six, cantado en inglés.

Sí, era un poco esa onda. En realidad esas canciones son de 2017 y las subí a youtube en 2018. Por entonces no me enteraba de nada (ríe). Y cuando descubrí que podía subirlo a Spotify ya lo puse en 2019. Eran en inglés, como dices, porque me daba mucha vergüenza que la gente entendiese de lo que estaba hablando. Me escondía y lo escribía todo en inglés por eso. Fueron canciones compuestas como una forma de desahogo, porque estaba bastante triste, escribía y lo sacaba todo fuera.

¿Y la parte musical?

La parte musical la estuve trabajando con Nemmus music, un productor con el que sigo colaborando, que me acogió entonces bajo su ala, me dijo que hiciéramos cosas juntos y me ayudó bastante.

En tu siguiente canción, “Tú y yo”, ya te pasas al castellano, .

Le dije ciao a la vergüenza. La verdad es que tengo bastante meme con esa canción. Hago muchísimo humor con ella porque, a día de hoy, la escucho y me da cierta ternura. Fue mi primer tema en castellano y noto mucho que aún no tenía muy pillada la forma de expresarme, no tenía muchos de los tips que tengo ahora.

En 2020 publicas dos canciones, “Rosas” y “Perreo virtual”, e incorporas los ritmos urbanos a tu música.

“Rosas” es una canción que compuse después de una ruptura, tenía la rosa que me había regalado ese chico y durante la pandemia la tiré (ríe). Por fin tiraba la puta rosa que me había dado y me di cuenta que eso daba para una canción. Es un tema que ahora me da mucha vergüenza escuchar porque es como …madre mía, tía …supéralo (ríe), pero a la gente le gusta bastante y de hecho me la suelen pedir en los conciertos.

A mí ya me gustaban todos los ritmos urbanos, el neoperreo, el hip hop, el trap… todo, pero no me había surgido el espacio para hacerlo. “Perreo virtual” la compuse durante el confinamiento. Estaba, como todo el mundo, encerrada en mi casa, hacíamos videollamadas para celebrar cumpleaños y empecé a escribir una letra superchorra y me dije ¿y si me marcó un neoperreo? (ríe). Me daba un poco de miedo, dos días antes de que salieses tenía muchas dudas, pensaba que era una mierda de tema, que no le iba a gustar a nadie y se lo mandé a un par de colegas y me dijeron que estaba guapísimo y lo subiera. Lo hice y fue la primera canción que, de repente, empezó a captar la atención de gente, la ponían en fiestas, me llamaron para ir a cantar a sitios. Durante mucho tiempo fui la de “Perreo virtual” (ríe).

Al año siguiente salen cuatro canciones nuevas, pero a modo de singles, sin agruparlas en un EP. Y en la primera de ellas, “Ring!” aparece tu primera colaboración como tal, con Fertita.

Fertita es otro productor con el que estuve trabajando tanto para “Ring!” como para “Emotional dependence”, un tema posterior. Es una historia bastante curiosa porque en esa época estuve un poco paralizada, musicalmente tenía un proyecto supergrande que al final nunca vio la luz por cosas externas y al final decidí ir con todo hacia delante. Vale, no tenía presupuesto, no tenía nada, pero decidí hacer un videoclip, liar a unos colegas, montarme unos outfits con un amigo…  y grabarlo. Lo hicimos, conseguimos la localización que es chulísima, y fue un poco como la vuelta después de un montón de tiempo de estar queriendo sacar música sin poder hacerlo y al mismo tiempo trabajando de teleoperadora, era todo muy catastrófico. Lo sacamos adelante y es un proyecto del cual estoy orgullosa.

Ese mismo 2021 colaboras también con Turian Boy en “Fuck Boy” ¿Qué te aportan las colaboraciones?

Me gusta un montón colaborar con la gente porque siento que aprendo cosas nuevas y me sacan de zonas. Me gusta siempre ir experimentando, conociendo diferentes registros tanto de mi voz como de formas de componer, y eso me lo aportan las colaboraciones. La de Turian Boy que mencionabas surgió a raíz de “Rosas”, me descubrió con esa canción, me propuso hacer algo juntos, me pasó unas cuantas bases y hubo una que me flipó y como yo estaba un poco en esa época de Booty Calls, me apeteció escribir algo desenfadado. Con esta canción tuve la sensación de estar encontrando un poco por donde me gustaba expresarme, fue una de las primeras canciones con las que me empezó a gustar cómo me defendía en castellano.

El año pasado fue uno de los más prolíficos en cuanto a publicación de canciones. Y también en ir incorporando nuevas sonoridades a tu música. Por ejemplo, en “I Eat Boys” suenas más techno-house, en “Estoy por ti” más pop…

En realidad, muchas de estas canciones pretendía haberlas publicado en 2021 en el proyecto que te he comentado antes que finalmente no salió. Había estado experimentando con muchos sonidos diferentes, pero de puertas para fuera eso no se veía, para todos seguía siendo la chica modosita y ya estaba un poco cansada de que me dijeran «ay, sí, qué música tan relajante» (ríe). Y de relajante nada. Yo escucho mucha música diferente y no me quiero quedar estancada en un género. 

“I Eat Boys” es de una etapa en la que escuchaba mucho hyperpop, mucho techno y me apetecía hacer un sonido distinto, más duro. Era una canción de me has roto el corazón y estoy enfadada y me apetecía que sonase peligrosa.

En «Estoy por ti» colabora Mani Dii. A Mani Dii la conocía de antes, somos de generaciones diferentes, pero nunca lo he notado con ella. Nos entendemos muy bien y el proceso de trabajo fue superfluido, muy rápido, lleno de respeto. También me gustó mucho que sentí que con ella salió otra parte de mí musicalmente que hasta entonces no había aparecido en otros proyectos.

«Niñatas», junto a Domingo Morales, con un estribillo muy potente y un vídeo muy divertido, también es de entonces.

«Niñatas» fue un concepto y una era en sí que a mí me empoderó mucho. Fue una transición que veo que ocurre bastante en la música. Siempre había estado hablando de cómo me hacían sentir otras personas, de otras personas, del otro, y de repente en «Niñatas» ese ojo que iba hacia la otra persona se gira y mira hacia mí y eso me gustó un montón. De repente era como mirarme a mí misma y a lo mejor cosas que me habían dado vergüenza o que me había negado a mí misma como mi feminidad, o mi rabia, o mi chulería, las saqué. Me apetece ser chula, femenina y no sentirme juzgada por ello, y si veo que alguien lo hacer, decirle hasta luego (ríe).

Tu segundo EP, Cristal.py, llega este año y su lanzamiento viene precedido por un suceso digamos, paranormal. Tu instagram es hackeado por una IA y pasa a gestionarlo un ser muy parecido a ti que responde al nombre de Naen.py.

El año pasado estuve aprendiendo a cómo dar ese paso en el que la música no fuera un hobby sino mi trabajo a largo plazo. Para ello, nos guste o no, las redes sociales son muy importantes y no sabía cómo gestionarlas, me sentía rara conmigo. Al final eso terminó desembocando en una crisis de no poder verme, no poder entrar a mi instagram, no poder ver las cosas que escribía, a no soportarme. Esa crisis me llevó a escribir las canciones en las que hablo sobre cómo tenemos que estar siempre produciendo porque si no se nos olvida y dejamos de existir. Porque si no sacas cosas ya no eres nadie. Hablando con Salvador Flores, que fue junto a Héctor Francés con quienes realicé el proyecto, me propuso utilizar toda la estética de la inteligencia artificial para contar esa historia de que la IA me había hackeado la cuenta y generar un universo propio. Me flipó la idea, hacerlo también me ayudó a alejarme de las redes, porque aunque lo estaba gestionando yo, no era mi imagen era la de un ser que era yo pero que no lo era (ríe) y eso me vino superbien, fue como detox, detox. Además fue muy divertido, porque la performance la llevaba muy en serio y cuando alguien me preguntaba le decía que sí, que la IA me había hackeado (ríe). Como entonces estaba yendo a clases de teatro fue como ir integrando lecciones.

¿Qué importancia tiene en tu música lo extramusical?

Me gusta darle importancia a la estética, generar un universo alrededor de las canciones. Me interesa, también, trabajar en EP’s, lo veo como un proyecto más más cerrado, que ayuda también a meterte más en ese mundo que creo, a disfrutar más de las canciones y a encontrarles más sentido. Las canciones de Crystal py, por ejemplo, si las escuchas por separado, a lo mejor no captas de lo que van realmente porque por la letra puedes pensar que una es un tema de desamor y ya está. Pero junto a las otras canciones, a la estética, a lo que estaba pasando en mi Instagram en ese momento, se le podía dar más significado.

Antes comentábamos que en tu música conviven sonidos diferentes como pueden ser el neosoul, el reguetón, los ritmos urbanos, la electrónica, el pop… Hace poco, en un concierto en La Vitti, acompañada de Federico Zanetti, todos esos temas los llevaste a un formato más soul-jazz, más acústico, y las canciones seguían funcionando sin perder su esencia.

Eso es muy importante para mí. Considero que, a nivel de composición, tienes una canción cuando la puedes tocar en el género que sea. Que es un tema electrónico, pues lo tienes que poder tocar a piano y voz, si es así tienes una canción, si no … no es que no sea válido obviamente, pero algo falla. Puedes tener una producción muy guapa, unas vocales muy top, pero el concepto canción como tal para mí es lo que funciona por sí solo.

¿Cómo consigues vídeos tan estupendos con presupuestos pequeños?

Estudio Miami es la solución a todo (ríe), son mis amigos, con los que siempre trabajo para los vídeos y tienen el arte de sacar magia con muy poco. Por ejemplo, el videoclip de «Estoy por ti», fueron, literalmente, 24 horas de rodaje, una noche y un día entero, y luego ves el resultado y es increíble, maravilloso. En «Ring!» no teníamos casi presupuesto y se grabó todo en unas seis horas, eso sí seis horas de rodaje a tope. Es la magia de contar con gente que trabaja muy bien y saben sacar mucho con poco.

Tus letras no tienen reparo en mostrar la vulnerabilidad, en hablar de relaciones tóxicas. ¿Qué quieres contar con ellas?

Mis letras parten todas de mi experiencia personal, pero cuando lo hago no estoy pensando en una labor social, por decirlo de alguna forma. Por ejemplo, si estoy hablando en «Tóxico» de una situación tóxica no lo estoy haciendo desde el punto de vista de querer denunciarlo, aunque si sirve para ellos pues mejor, sino que más bien en el momento es una necesidad de desahogo. Por seguir con «Tóxico», quería abordar esa sensación de estar en una situación tóxica pero no quererse ir, que es algo que pasa mucho, que la situaciones tóxicas te enganchan y creo que también es superválido decirlo, reconocer que estás en algo tóxico, darse cuenta, pero estar tan enganchada que no sales. Muchas veces por el hecho de no salir de ella, de quedarte, pierdes credibilidad, te dicen que eres tú la que te has quedado ahí, pero es que también eres parte.

Para mí lo de escribir canciones es un desahogo constante, lo necesito mucho porque soy muy intensa (ríe). También lo hago muchas veces para subirme el ánimo, están estas dos variantes. «Niñatas» sería de este segundo grupo, de necesitar subir las vibraciones, el ánimo. O «Perreo virtual», que estábamos encerrados en casa y necesitaba perrear literalmente.

¿Te gustaría publicar tus canciones en formato físico o te da igual porque lo sientes como algo ajeno a ti generacionalmente?

No, no me da igual. Me gustaría, pero no tengo los medios necesarios para poder llevarlo a cabo. De hecho con Crystal.py lo hicimos de alguna manera, pero en lugar de un formato físico clásico como sería un cd, porque no me era gestionable en ese momento, lo sacamos en USB’s que eran como pulseritas. Me hizo ilusión este primer proyecto que he hecho un poco más en serio tenerlo en físico. Y bueno, es un USB y también se puede utilizar como tal (ríe).

¿Cómo ves València musicalmente?

Se está generando algo bastante interesante ahora mismo. Antes, creo, que no había escena para lo que estoy haciendo yo ahora, pero ha cambiado desde hace unos años, desde postpandemia o por lo menos yo empecé a descubrirla ahí. Ahora sí que puedo decir, ostras, hay gente afín a mí musicalmente o puedo hacer bolos en sitios, puedo moverme, hacer colaboraciones, encontrar gente  que me gusta mucho lo que hacen. Destacaría a Noche, que es un chico con el que colaboro mucho, también Mani Dii, Niño Bando también tiene un proyecto muy chulo, Delmascarell, Julieta Sol… es que hay un montón de nombres.

¿Proyectos musicales a la vista?

Acaba de publicarse «Un sueño sin luz», una canción que forma parte de un nuevo EP que estoy trabajando con Carles Giuliani, un EP colaborativo de los dos que va a estar muy chulo, es una onda RnB con rap, fusión con música un poco más electrónica, house. Habla de los sueños, tiene una estética muy onírica, pero al mismo tiempo es muy divertido porque tiene su parte de intensidad, pero también su lado más ligero. Como los sueños, que a veces son muy intensos y otras veces son muy randoms.