El sábado 8 de agosto se proyecta en el CCCC Safety Last! (El hombre mosca, 1923), el clásico de Harold Lloyd, una película silente que sigue provocando mucho vértigo. Harold es un chico de pueblo que viaja a la ciudad en busca de oportunidades, donde experimentará un peligro constante. La primera imagen ya es un cuadro de muerte, un patíbulo para nuestro héroe. Desde que pisa la urbe, encontraremos a Harold huyendo: de la casera por deudas de alquiler, cambiando varias veces de vehículo en una carrera por llegar puntual al trabajo, afrontando un sueldo miserable, atendiendo a una explosión de clientes en pleno periodo de rebajas o lidiando con la autoridad severa de los supervisores y la policía… Y todo ello procurará superarlo por tener una boda digna con su prometida. Porque todas estas emociones extremas que Harold experimenta y que le llevan hasta el punto más alto de la ciudad son consecuencia de haber aparentado delante de su amor.

Este argumento muy propio del cine mudo cómico se verá este sábado con una nueva textura musical. Sí, la película no cambia de piel pero sí de ánima, volviéndose de plena actualidad gracias a los sonidos que nos ha preparado un artista muy experimentado en el cine mudo. Me refiero a Andrés Blasco (Dr. Truna). Desde las páginas de Verlanga aprovechamos esta cuarta colaboración en los ciclos del CCCC (Centro de Cultura Contemporánea del Carmen) para acercarnos y preguntarle por los desafíos que conlleva este nuevo encargo.

– Querría saber qué sendero te lleva a la música experimental.

Siempre he sido un niño inquieto, a los 5 años creaba pequeñas esculturas con juguetes y objetos reciclados, por aquel entonces comencé a tocar la guitarra clásica ya que mis padres me apuntaron a la rondalla del colegio donde estudiaba.

Desde siempre he tenido el hábito, de experimentar. Mi primer bajo, fue una guitarra española a la que puse cuerdas de bajo eléctrico, mi primer amplificador consistía en vaciar el armario de ropa y apoyar el clavijero de mi bajo-guitarra para que hiciese de caja de resonancia el propio armario.

Todo esto de manera intuitiva sin preguntar ni investigar, practicando el “ensayo-error”, el hallazgo.

Y desde entonces pasando por una adolescencia donde tuve la suerte de formar parte de los grupos de rock experimental Carmina Burana en los 80 y del dúo Fitzcarraldo en los 90, he seguido experimentando.

Ya sé que me he ido muy lejos al principio, pero ese niño de 5 años inventor lo he traído con el músico compositor que soy y el resultado es Dr. Truna.

A partir de 1995 comienzo a crear esculturas sonoras electroacústicas, que ahora utilizo en mis espectáculos como el Toro Cósmico o la Globotarra y a todo esto yo le llamo genuinamente experimental. Ya que mi método es puramente la improvisación para componer y concretar las músicas o ruidos más tarde y el hallazgo sonoro con el objeto para crear esculturas instrumentos.

– ¿Y cómo surge la idea de trabajar sobre las películas mudas, como se hacía en los albores del cine, pero sin el clásico acompañamiento a piano?

Mi formación es FP2 técnico en imagen y sonido, tuve la suerte de trabajar como fotógrafo profesional y como docente en la cárcel y también tenía las asignaturas de cine y vídeo. Cuando acabé mis estudios tuve practicas como técnico de doblaje en un estudio de grabación.

La imagen es algo para mi esencial en todo lo que hago, suelo utilizar vídeo o sombras cuando hago mis piezas en solitario y claro, me atrajo mucho trabajar con cine, desde que me vi capaz.

Lo más curioso es que mis primeros trabajos con cine fueron con películas de súper 8 domésticas. A los conciertos llevaba dos proyectores uno para proyectar la película y otro para proyectar sobre mi sombra. Pero esta primera época las piezas están mas orientadas a una extraña performance híbrida donde se une la película fragmentada con mi acción sonora a veces musical y otras no tan musical, el ejemplo perfecto sería King Kong Truna, donde me coloco una máscara de gorila e intento con guantes hacer la banda sonora de la maravillosa película de 1933. Esta pieza la realicé en festivales de arte de acción y cine llegando a hacerla incluso en el Guggenheim de Bilbao (MEM FESTIVAL),

Pero después de esta época (2010) donde creo algo con cine fragmentado, ya que las bobinas de Super-8 son domésticas y pequeñas. Más tarde me entra el gusanillo de hacer cine conciertos y ya llevo bastantes hechos en diversos festivales y ciclos, mi primera experiencia sería la maravillosa Freaks de Tod Browning de 1932. A partir de esta experiencia, ya comienzo a trabajar componiendo bandas sonoras con mi chelo mutante y maleta mágica de algunos maravillosos realizadores como son: Murnau, Hans Richter, Segundo de Chomón, Lubitsch…

– Me consta que trabajas en proyectos personales pero también por encargo. Respecto a lo segundo, cómo empieza y se desarrolla esa colaboración con los ciclos de humor del CCCC.

Bueno, me enteré hace tiempo por redes de la existencia del ciclo de comedia europea del CCCC. Me pareció una idea estupenda y acudí al museo para preguntar quién estaba detrás de este proyecto tan genial. Dani Gascó, me comentaron. Y entonces recordé la existencia de ese espacio tan insólito, el videoclub Stromboli.

Así que fui allí y le propuse hacer un cine-concierto y que fuese él mismo quien eligiese la película. A Dani, le encantó la idea y desde entonces estamos colaborando juntos, en ocasiones he propuesto solo, dúo o cuarteto para realizar cine-conciertos y hasta la fecha había sido la filmografía del gran Ernst Lubitsch.

– Precisamente a propósito de Ernst Lubitsch. En agosto de 2023 te reuniste con tres músicos de renombre internacional y formaste el Wild Cat Quartet, en honor a una película suya.

Dani hace tres años, me habló de una película de Lubitsch con un metraje de 90 minutos con el nombre de The Wildcat, después de ver las primeras imágenes se me ocurrió la idea de proponer un cuarteto con tres amigos colaboradores con los que había trabajado tanto en improvisación libre como en cine-conciertos. Así nació Wild Cat Quartet, por esa proposición de Dani.

Hablé con mis compañeros Mark Cunningham, Pierre Bastien y Mike Cooper y decidimos preparar una estructura de combos, dúo, trío, cuarteto pero improvisando en directo. Eso sí, cada uno de nosotros había visto la película en su casa y decidido los materiales sonoros. Hoy en día seguimos haciendo conciertos, los últimos Improved Sequence (Bologna) y el pasado mes de julio en un ciclo de cine sobre el gran Buster Keaton en la Universidad de La Nau (Valencia).

– Este 8 de agosto expones tu música frente a un clásico que debe haberte planteado muchos desafíos. Se trata de Safety Last! (El hombre mosca, 1923), que muchos conocen por la larga secuencia en la que trepa un edificio.

Es la primera vez que hago una película de Harold Lloyd, el principal desafío para mi es enfrentarme con una cadena de vértigo de gags, uno detrás de otro sin tregua y la mayoría rápidos. Es una película trepidante en su ritmo, lo cual te hace pensar si juegas con cogerle de la mano en ese vértigo o al contrapunto, es decir potenciar precisamente lo más calmado o extraño.

En cuanto vi por primera vez Safety Last!, decidí centrarme primero en cuerda, es decir Chelo mutante y Maleta-mágica. Podría utilizar alguna escultura sonora o instrumentos electrónicos inventados como la “Trompeta Truna”, pero decidí que todo fuera cuerda. Pero claro ¿cómo suena la cuerda de mi chelo transformada con objetos y electrónica?, pues en muchas ocasiones suena a voces humanas o de animales y siempre con un carácter de dibujos animados o fantasmal. Tampoco rechazo las músicas populares y tradicionales y están también en el saco.

Lo más difícil para mí en este trabajo son las transiciones, es decir cada vez que hay un fundido o un intertítulo y se pasa a otra escena tengo que estar muy atento a lo que pasa en la pantalla. Todo lo que suena viene del violonchelo y lo genera en “in situ”, sólo aparece otro instrumento de cuerda al final “La Globotarra” en la fascinante subida por la fachada del edificio hacia el reloj.

– ¿Cuántas veces calculas que has tenido que ver la película? ¿Y qué secuencia te ha supuesto mayor esfuerzo?

Llevo un sinfín de visionados de la peli porque grabo todas las improvisaciones y luego analizo lo hecho cada día visionándola de nuevo. Sé que ya formo parte de ella, cuando me fijo más en los figurantes, niños, ancianos, adolescentes. Me fascina sus gestos, miradas y sus ropas.

La escena del ascenso al edificio no ha sido tanto una cuestión de dificultad sino de elegir el material sonoro y lo he conseguido, después de darle bastantes vueltas.

– Te pediría por último que nos avanzaras qué tipo de experiencia nos depara el 8 de agosto a las 22:00h.

Espero que os guste, es un trabajo hecho con mucho amor.