Valencia no se acaba nunca

La València de Lola Espinosa

Foto: Lola Espinosa.

Mi nombre es Lola Espinosa, aunque algunos me conocen como Lola Oficio, porque ese es el nombre de mi imprenta. Soy amante de las letras, la tinta y el papel; me gustan las letras impresas, las letras manuscritas, las palabras que leemos y también las que pronunciamos. Estudié Periodismo y ejercí de periodista durante algunos años hasta que descubrí que, sí, me gustaban las letras negro sobre blanco, pero me gustaban más en los libros que en los periódicos. Ahora trabajo para algunas editoriales como editora de textos, y también tengo mi propia imprenta y taller de encuadernación artesanales desde donde salen algunos libros especiales (bajo el nombre de Oficio Ediciones) y mucha papelería. Así que resulta casi inevitable que encabece mi lista de lugares favoritos de València la…

Imprenta Vila

Foto: Diego Obiol.
Foto: Diego Obiol.

En un callejón escondido, dentro de un patio de manzana, tuve la suerte de visitar el complejo de la antigua Imprenta Vila antes de que la desmantelaran. Debió de ser allá por el año 2004 o 2005, no recuerdo bien. La imprenta todavía funcionaba comercialmente por aquel entonces, aunque los chibaletes y muchas de las impresoras estaban cubiertos con telas para que no cogieran polvo durante los que presumo largos días sin uso. Poder entrar allí en ese momento, poder hacerme la idea con bastante fidelidad de lo que debió de ser una imprenta tipográfica grande a principios del siglo XX es algo que no olvidaré.

Posteriormente, volví al lugar en el año 2013, gracias a la iniciativa Desayuno con Viandantes. Me dio pena ver la nave vacía, excepto por un par de supercomodines arrinconados junto a una ventana.

Pero aquel día en que me presenté en la puerta del complejo de la Imprenta Vila con el único propósito de ver, oler y escuchar creo que me acompañará siempre.

La calle del Músico Peydró

Foto: Diego Obiol.
Calle Músico Peydró
Foto: Diego Obiol.
Calle Músico Peydró
Foto: Diego Obiol.

La he conocido siempre como la calle de las cestas, y es donde mis padres me compraron mi primera mesa de estudio. Además, teníamos en casa unas banquetas de enea que también usaba a diario.

Cuando tuve mi primera casa, fui a Marina y le compré una mesa igual que la que me compraron mis padres a mediados de los 80, y por supuesto, también le compré mi propio juego de banquetas. Además en Laborda también compré mis primeros cubiertos de cocina, los cubiertos de boj con los que veinte años después todavía cocino.

Poder ir a la misma tienda y comprar los mismos productos años después, seguir viéndolos en casa de tus padres, disfrutarlos en la tuya, es una sensación deliciosa.

El antiguo cauce del río

Foto: Diego Obiol.
Foto: Diego Obiol.
Foto: Diego Obiol.

Todavía tengo que conocer a alguien que no tenga ningún recuerdo bueno del antiguo cauce del río Turia. Yo he vivido este jardín en diferentes zonas, en diferentes épocas de mi vida. Cuando era estudiante en la Escuela Oficial de Idiomas, solía comer de picnic bajo el puente de San José justo antes de entrar a clase. Cuando me dio por hacer bicicleta, todo el río fue mi escenario. Cuando empecé a ir a conciertos al Palau de la Música hice mía una zona distinta del cauce. Cuando mis hijos tuvieron edad de correr y caerse, los domingos nos tocaba Gulliver. Luego llegó la época de aprender a patinar y nos trasladamos casi como con un movimiento pendular hasta poco antes del Parque de Cabecera. Ahora me encanta alquilar una de esas bicicletas de cuatro ruedas y recorrer algunos kilómetros con mis hijos los domingos. Mientras ellos pedalean, yo me deleito viendo cómo han crecido los árboles del jardín, y cómo han crecido mis hijos.

Las higueras australianas

Foto: Diego Obiol.

 

Foto: Diego Obiol.
Foto: Diego Obiol.

No sé si es normal tener un árbol favorito, pero yo lo tengo. La higuera es mi árbol favorito, la higuera común, la que da higos en verano (el ficus carica). Y es para mí el árbol mediterráneo por antonomasia. No son el naranjo ni el limonero, ni el almendro, ni siquiera el olivo; no sé por qué razón la higuera me hace sentir el Mediterráneo. Sin embargo, es otro tipo de higuera, el ficus macrophylla, también llamado higuera australiana o de Bahía Moretón, el árbol que me hace sentir que estoy en Valencia.

Hay varias de estas higueras majestuosas por toda la ciudad, y de alguna manera, han servido de escenario en mi vida. En el Parterre, detrás de la gasolinera; en la Glorieta, enfrente del Palacio de Justicia. En los jardines del Real…, su frondosidad, su tamaño imponente, sus ramas y sus raíces que se extienden como intentando invadir todo lo que parezca demasiado gris. Creo que me atraen porque son como un pedazo de naturaleza salvaje en la ciudad.

El vestíbulo de la estación del Norte

Foto: Diego Obiol.
Foto: Diego Obiol.
Foto: Diego Obiol.

Pese a ser un lugar ruidoso, de paso, de despedidas y de encuentros; el vestíbulo de la Estación del Norte está entre los sitios que más paz me transmiten de Valencia. Yo creo que es su belleza abrumadora; por ser sencilla y abundante al mismo tiempo. La combinación de la madera con el mosaico: los verdes y naranjas acentuados por el dorado de las letras y el sutil rosa; y la madera de color miel. El vestíbulo transmite esa belleza de las cosas ya usadas que evocaba Bertolt Brecht, “cosas que se han vuelto preciosas porque han sido apreciadas muchas veces”.