Inma Liñana.

Me llamo Inma Liñana. Nací, vivo y trabajo en València, aunque he pasado largas temporadas fuera de España formándome y nutriéndome de la cultura de otros países. Llevo años trabajando como artista visual y dedicando mi tiempo a actividades relacionadas con el arte, algunas mejor remuneradas que otras, pero siempre haciendo de ello mi modo de vida. Utilizo diferentes disciplinas según lo que quiero contar, aunque tengo la sensación de que en todas mis facetas hablo siempre de lo mismo. Trabajo con series que nunca termino: Domestic Matters, Plumarium Opus, Decorum, Fine Porcelain…

Me interesa abordar cuestiones históricas y actuales sobre la mujer, la sociedad y los roles que todos y todas desempeñamos tanto en grupo como individualmente. Trato de acercarme a los aspectos oscuros del universo femenino, a la sensualidad, a la sexualidad, al cuerpo y a las parafilias.

Intento mirar de manera perversa lo cotidiano, lo común, lo ridículo del día a día, la tediosa vida que todos vivimos y lo cómica que puede llegar a ser. No me interesa la perfección técnica ni la belleza clásica. Me interesa más lo imperfecto, los errores, lo torcido, lo espontáneo y lo tradicional que se da por hecho y resulta absurdo. Elaboro series que intentan reflejar todo esto desde mis ojos de mujer. Todo mi trabajo tiene un trasfondo autobiográfico. Si os despierta interés, podéis buscarme en las redes.

 

Una canción:

Alguna de Bonaparte. Para este cuestionario, Too Much, por ejemplo.

Una película:

El triángulo de la tristeza, de Ruben Östlund. He perdido la cuenta de las veces que la he visto…

Un montaje escénico:

Me encantan las escenografías de mi amigo Luis Crespo. No entiendo cómo lo hace. Mezcla la luz con el color y voilà.

Una exposición:

Esta pregunta sí que es difícil. Si algo hago con asiduidad es visitar exposiciones y de cada una me llevo algo. Seleccionar una sola me resulta imposible. Voy a recomendar dos actuales: si vais por Madrid, no os perdáis Veneradas y Temidas, en CaixaForum y si estáis por València, venid a visitarnos a Estudio Taller Espacio Liminal, dentro del marco de La Biennal de València. Anna Roig Llabata, Elisa Torreira y la que os escribe, os esperamos hasta el 3 de diciembre, en la calle Bretón de los Herreros, 6.

Un libro:

Difícil también seleccionar uno solo, así que voy a tirar de cercanía y cito Exilio en la calle mayor, de Nacho Ruiz, porque me encanta el libro, su autor y porque alude en unos de sus capítulos, a una situación que viví en primera persona. A ver si hay suerte y lo podemos presentar en València.

Una serie:

Los Simpson.

Un podcast:

Radiojaputa.

¿Quién te gustaría que te hiciera un retrato?

Que conste en acta que ya tengo un par de retratos hechos por amigos que admiro y adoro, pero si tengo que elegir a alguien nuevo, sin lugar a dudas, Matt Groening.

Una comida:

Todas, preferiblemente variada y al centro, para compartir.

Un bar de València:

El Famós, los domingos a la hora del almuerzo. Carlos, mi camarero preferido, canta la carta de bocatas como nadie. Ese lugar en medio de la huerta de Alboraya con paredes alicatadas, mesas y sillas de diseño “no diseño”, manteles de papel, aceitunas partidas, cacaos del collaret y “quemaos” (Carlos dixit) para rematar el almuerzo, es mi lugar favorito después de la obligada visita al Rastro. Todo esto siempre con la mejor compañía. Felicidad absoluta.

Una calle de València:

Cualquiera por la noche, buena temperatura, calzado cómodo, poco tráfico, iluminación de farolas y algún mueble bonito en la basura…

Un lugar de València que ya no exista:

En la calle Zapadores, donde residían mis abuelos y actualmente tengo el estudio, había un colmado en el bajo de una antigua casa de dos alturas. La propietaria, conocida como la Roja por su pelo color fuego, vendía todo tipo de ingredientes a granel y alimentos enlatados. Ir a comprar allí de la mano de mi abuela era un espectáculo y una alegría. Recuerdo las estanterías llenas de genero de suelo a techo. Lo espectacular era ver a la Roja pescando las latas de los estantes superiores con un largo palo metálico y lo grato era salir con un caramelo de regalo en la mano. Cuarenta años después hay un edificio de cinco plantas y en el bajo de la finca contigua, una servidora destripa ideas e interviene objetos a diario.

¿Con quién te tomarías un vermut?

Hoy, si pudiera, con mi madre.