Joanjo Garcia. Foto: Kike Taberner.

Me llamo Joanjo Garcia, nací en València en marzo del 1977. Me crié entre el patio del colegio y mi habitación porque en Orriols en los 80 no había un solo parque. Mi edificio era el último de la ciudad, quizá por eso siempre me supe de frontera. Fui mal estudiante, algo tímido y desorganizado. Prefería la ventana a la pizarra.

Estudié Historia en la Universitat de València cuando se acababa todo: el siglo, las idelogias y las alternativas. Ah, y también muchas noches discutiendo qué haríamos para revertirlo (las más algo intoxicados de alcohol y melancolía).

Siempre supe que escribiría libros. Así que le presté poca atención a la escritura. Tal vez por eso tengo la sensación de haber llegado un poco tarde a la literatura. Me han publicado nueve novelas desde el 2013 y tengo tres más por los cajones de casa. Estoy seguro que alguna mereció más recorrido del que tuvo, pero vivimos en la espiral de la novedad y eso nos devora.

Cada vez que la gente dice que soy muy trabajador siento estupor. Me he autodiagnosticado el síndrome del impostor y no me tomo demasiado en serio, cosa que perjudica mi carrera. Pero luego miro a la gente que está contenta de sí misma y me da pereza. Tiene algo que ver con que el éxito siempre me pareció sospechoso. Más ahora que vivimos en la estridencia, en los falsos escándalos, en el autobombo de aspirantes a influencers. En el tiempo de los incendios en Twitter, creo que el silencio es una actitud revolucionaria (spoiler alert: no funciona).

Ah, se me olvidaba: me he dejado los diez últimos años de mi vida haciendo trivials en distintos bares de València y reuniendo a la mejor gente de la ciudad.

 

Un disco: Mujeres, de Silvio Rodríguez, porque sus canciones estan llenas de la cosa que más me gusta: las preguntas. ¿Qué se puede querer, si todo es horizonte?. Ah, y también Cançons de fer camí, de Mireia Vives y Borja Penalba que hicieron un par de temas de algunos versitos mios.

Una película: La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo. Todo un manual para liberar un país, aunque luego la realidad se muestre obstinada y rojigualda.

Un montaje escénico: ¿Una perfomance? ¿El 11-S, vale? No por montaje, sino por lo que supuso de impacto en la creación de la doctrina de la seguridad.

Una exposición: El Buenos Aires de Horacio Coppola en el IVAM hacia el 1996, porque fue como poner paisaje sobre los cuentos Borges.

Un libro: Operación Masacre, de Rodolfo Walsh.

Una serie: Una de la infancia: V, Invasion Extraterrestre. La serie que nos hizo (a algunos) antifascistas (y a otros reptilianos).

Una serie de animación: Érase una vez… el cuerpo humano, que nos enseñaba que había que desllomar-se transportando oxígeno si habías nacido glóbulo rojo, que en el cerebro nadie daba un palo al agua, y que los policias son unos muchachos amables y sonrientes que están para proteger y servir. ¡Fantasía!

Una revista: L’Avenç, pero los números viejos.

Un icono sexual: Sophia Loren, en La ciociara.

Una comida: Mi tortilla de patatas.

Un bar de Valencia: El Tulsa (hasta me dejan entrar en la barra para tirarme las cañas).

Una calle de Valencia: ¿Calle? Me quedo con el puente de Sant Josep.

¿Con quién te tomarías un vermut? La pregunta correcta es con quién no me lo tomaría.