Paca Brull Olmos. Foto: Milena Fontana.

Me llamo Paca Brull Olmos. Si he de decir quién o lo que soy, empresa asaz difícil, y sin dar el tostón de una biografía, pienso que soy fruto de aquello que he elegido pero también de aquello a lo que, por elegir, he renunciado. Soy lo vivido y lo narrado, como dos imágenes que rara vez coinciden. He sido utopía y alguna vez paradoja, pero sobre todo he sido y espero seguir siendo, voluntad de compresión.

 

Un disco: Me detengo a pensar y veo que es misión imposible, cuarenta años pinchando música hace que sea difícil elegir, no ya un disco, sino un género. Crecí oyendo soul y mi fidelidad es inquebrantable, blues y jazz, mi recuerdo a Perdido y a todas la jams de Gestal. Pero desde Gershwin, acabo de oír la versión de Rhapsody in Blue de Yuja Wang, a Nabucco mi emoción sigue intacta. Bossa, rock, mención imprescindible a Led Zeppelin, decir que mi primer disco fue un single de Aretha y el Experience de Hendrix con dieciseis años, en fin la lista sería interminable. Tengo que decir que la música ha sido el mejor arma para acompañar e incluso dar un golpe de timón a mi estado de ánimo, tantas veces salvadora. Sin ella mi vida hubiera sido otra.

Una película: Me ocurre, un poco, como la música, el recorrido es largo y fecundo, clásicos como Visconti se me hacen imprescindibles, las ágiles comedias de los años cuarenta y cincuenta. Coincido con un amigo cinéfilo en que El Apartamento es un film perfecto. El Gatopardo podría ser mi referente cinematográfico aunque, también, Historias de Filadelfia. Como veis mi espectro es amplio. Tantos lunes de cine Albatros que llegaron a ser un ritual, tantos dias de cine en casa con sus charlas. Porque el cine es más que imagen, es evocación y sentido, me doy cuenta que tiene sabor y olor, por ejemplo La gran belleza, de Sorrentino, huele ligeramente a moho, esto es lo maravilloso del cine.

Un montaje escénico: Me vienen muchos a la cabeza, pero hace unos días presentaron el reportaje de una iniciativa que me encantó, es un proyecto que ha ido creciendo a lo largo de varios años e intenta integrar a los alumnos Erasmus en una pequeña compañía teatral que recorre los pueblos de la Comunidad. Me recuerda los esfuerzos de la compañía de Lorca, La Barraca, acercando el teatro a las gentes. Iniciativas así construyen más Europa que grandes proyectos con grandes presupuestos que generalmente se quedan entre las élites.

Una exposición: Como cada uno tenemos nuestros mitos, si pienso en una exposición lo primero que aparece en mi memoria es un corto viaje a Madrid para ver exclusivamente un autorretrato de Durero. Era una imagen conocida, repetidamente visionada pues es uno de mis recurrentes, pero la textura de la obra, la vida que animaba esa piel iba más allá de mera imagen. Emoción hasta el estremecimiento es lo inolvidable.

Un libro: Elegir un libro es como querer sacar una sola cereza de un cesto. Los libros no nacen ex nihilo, se contestan unos a otros igual que nosotros somos interpelados por ellos. Si tuviera que elegir uno sería aquel que da cuenta de toda nuestra tradición de pensamiento, que quiere hacerse cargo del cambio de un mundo que ha resultado el nuestro, me refiero a La montaña mágica, de Thomas Mann.

Una serie: Yo soy más de películas, pero todos hemos visto series que nos han encantado. La lista sería larga, pero me doy cuenta que son las que han marcado épocas, es más, las han dado nombre a épocas de nuestras vidas como referentes, las que nos conmueven. Aquellos maravillosos años, The Big Bang Theory o Friends podrían ser un ejemplo de lo que digo.

¿Quién te gustaría que te hiciera un retrato? Mi querida Ana Juan o, en su defecto, Antonio López.

Una app: Esta herramienta que se ha hecho protagonista en nuestras vidas, especialmente el último año. Tiempo de confinamiento, de aislamiento, tengo que valorar la app Jitsi Meet que nos ha permitido, a un reducido grupo, a mantener un seminario y una tertulia literaria que, en principio, era presenciales. Ciertamente ha sido fundamental para mi salud mental. Gracias a mis compañeros, por supuesto, reconocer que sin esta aplicación nuestra puesta en contacto no hubiera sido posible.

Una comida: Vaya por delante que toda mi familia es de l’Horta Sud, que mi abuelo era arrocero y que, tengo que reconocer y no es autobombo, que a mí el arroz me sale bien, como decimos en València. Excepción hecha del arroz con leche que no he probado y espero no tener que probar. «Esclatat i amb llet», ¡¡¡vaya disparate!!! Jajaja.

Un bar de Valencia: ¿A quién le puede extrañar que me remita a Gestalguinos? Ha sido mi nicho vital, el mundo que no he podido ver él me lo ha traído, ha sido escuela y terapia. Hemos participado del mundo del ajedrez, de la música, de la fotografía y tantas cosas, y lo seguimos haciendo. Mi gratitud a todo aquel que me ha mirado es infinita.

Una calle de Valencia: El placer que me da pasear por la calle de La Paz sigue intacto.

Un lugar de València que ya no exista: Creo que la forma en que recordamos es como si disparásemos el carro de diapositivas, casi más foto fija que narración. Cuando has vivido siempre en la misma cuidad todas esas imágenes te traen innumerables lugares, luces, paisajes. La infancia de la pastelería Noel, la adolescencia de la Tasca de la Tortilla, los veranos de Las Arenas. En fin, podría hacer la narración de mi biografía con una sucesión de lugares, ya desaparecidos.

¿Con quién te tomarías un vermut? Pienso en tantas personas con quienes me encantaría tener una larga conversación. Pero atiendo a mi corazón y se hace presente aquel que más ha contribuido a que yo esté instalada en el mundo tal como soy, cuya inteligencia emocional ha sido siempre el espejo en el que me he mirado, mi padre.