Mamba Sansano

Mamba_Sansano

Cynthia Peláez en Las Naves.

Nombre: Cynthia Peláez Montesinos.
Edad: 26 años.
Lugar de nacimiento: Valencia.
Lugar de residencia: Valencia.
¿Cómo definirías tu actividad artística? Diseño ropa que está a mitad camino entre técnicas tradicionales y técnicas más actuales.

Generación Las Naves sigue rastreando el joven potencial creador, esta vez en el diseño de moda. Mamba por las serpientes, de las que admira su libertad. Sansano por su bisabuela, la primera a la que vio haciendo esas labores artesanales (tejer, punto de cruz…) que tanto ama. Así es la firma que defiende Cynthia Peláez. Un cruce de modernidad y tradición de una chica criada en el Cabanyal, cuyos enrejados y trencadís dotan de sentido a su colección más personal: “Malandresa”. La creatividad se abre paso entre la degradación urbanística de un barrio que fue y ojalá, siga siendo. Mamba Sansano es la promesa de un futuro mejor. En Las Naves se respira moda, y unos maniquíes desnudos, fortuitamente encontrados, refuerzan el mensaje de que somos lo que vestimos.

¿Qué es para tí la moda?
La moda, ahora mismo, es todo porque me provoca unos sentimientos que no me aportan otras cosas. Empecé estudiando derecho y estuve dos años. Tenía la espinita clavada de que lo que posiblemente me haría feliz y me gustaba era la moda. Me planteé dejarme los estudios de derecho, que me iban a aportar cierta seguridad económica, por lo que yo creía que era mi sueño. Al menos probarlo. Me presenté a las pruebas de acceso de la EASD. Me cogieron. Me dejé derecho y entré en Diseño de Moda. La moda es mi forma de expresar, de materializar, todas las ideas que tengo, todo lo que me viene a la cabeza, toda mi imaginación.

¿Qué ha cambiado en tu forma de trabajar desde el proyecto fin de carrera que presentastes en la EASD hasta hoy?
Soy muy joven y tengo poca experiencia para abarcar toda la tipología de prendas y ser buena en todas ellas. Me gustaría destacar por una de ellas. Me he dado cuenta, poco a poco, que lo que más me satisface como diseñadora, en lo que más me puedo lucir, son las partes superiores. Me gustaría a partir de ahora, centrarme más en ellas, para desarrollarlas y aplicar muchísimas técnicas.

“Deshojando las horas” (OI 11/12), “Sombras quemadas” (OI 12/13), “Octavius” (PV14) y “Malandresa” (OI 14/15) han sido tus cuatro colecciones hasta el momento. ¿Cómo sientes tu evolución creativa? ¿Podríamos hablar de un estilo o es prematuro?
He ido cambiado bastante. Ahora tengo cosas claras que antes no tenía. Hay un elemento constante que nunca ha cambiado, que es mi fascinación por los estampados. Siempre me ha gustado estampar, hacer dibujos, me encanta lo manual. Me gusta la idea de buscar estampados y modificarlos para acoplarlos a las prendas. Otra constante que está presente sin pretenderlo, es el uso del cordón. Desde que empecé hasta ahora. Nunca me dejará de gustar, siempre lo utilizaré, tanto de forma visible para adornar como fornitura, como por dentro para dar volumen, en pequeñas formas muy delicadas. Una de las colecciones con la que no me identifico mucho, fue con la de “Octavius”, porque intenté hacer una colección austera, un poco vanguardista, sencilla, elegante… Y no soy nada de eso (risas). Me quedó una colección muy vendible, funcional, objetivamente bonita, pero no pienso que mostrara mi personalidad. Lo hice por probar, a ver cómo se me daba un estilo totalmente distinto del barroquismo, o mezcla de textiles y estampados que sí me representaba. No es que no esté orgullosa de esa colección, pero no me identifico con ella.

Hemos leído que afrontas una nueva colección con ilusión pero, ¿cómo empieza todo? ¿De dónde puede surgir la inspiración? ¿Hay límites?
Soy muy desordenada, y eso se refleja mucho en mi proceso creativo. Intento seguir unas pautas y un orden, cada vez que hago una colección. Primero busco una idea, muchas veces simplemente, viene; investigo, sea una palabra, películas, series… Me gusta mucho la ciencia ficción, la fotografía de series como Utopia, que le dan mucha importancia al color, o por ejemplo lo que transmite el color en las películas de Tarantino o Wes Anderson… Una vez conseguida esa idea, me pongo a bocetar. Pero nunca me sale la coleccióne entera. Voy revisando día a día, cada uno de los bocetos que hago; incluso hay veces que varias veces al día. Siempre encuentro algo que cambiar, que no me gusta, e incluso que desecho por completo. Nunca he llegado a coser una prenda, que haya bocetado una sola vez. En el momento que, día tras día, veo esa prenda y me he dado cuenta que no la he tocado y me sigue gustando es cuando decido que ya es definitiva.

En tu colección Malandresa (Otoño-Invierno 2014-15) te inspiras en cenefas de trencadís y en las rejas de las casas del Cabanyal como referencia directa ¿Pero en general, de qué forma influye el entorno del barrio en tu trabajo?
Yo quería en esta colección, que es el comienzo de mi firma, estuviera sentimentalmente unida a mí. Pensé que lo mejor era empezar por mis orígenes. Me fui al Cabanyal. Me he criado allí, he estado viviendo allí hasta los 10 años, y yendo a una escuela allí, hasta los 18. Me he criado con mis abuelos que viven todos allí. Sentía un cariño hacia ese barrio, y cierta rabia y frustración hacia lo que le están haciendo. Y como esas obras de arte se están convirtiendo en muros horribles. Es una vergüenza y el aire de enfado que también tienen los vecinos. Quería hacer de alguna manera, un homenaje a mis abuelos, al entorno en el que me he criado. Quería mostrar una visión personal de todas las fachadas, los dibujos que desde bien pequeña, me han fascinado. Y luego a la vez, ver como esos dibujos, se han ido convirtiendo en muros de tonalidades marrones. Por eso, al final de la colección, hay prendas que muestran ese final del barrio, por lo menos de algunas casas que han visto ese final, aunque se haya paralizado. La parte mas colorida, alegre, artesanal de todas las fachadas; frente a otra más triste, oscura y más simple que hay ahora en el barrio. El nombre de la colección “Malandresa” viene porque yo quería definir en una sola palabra, todo este sentimiento vecinal y personal de impotencia hacia lo que está pasando. Decidí utilizar una palabra que tiene conexión con mis abuelos, y que utilizaba, y utiliza mi abuela y hace referencia a la mala suerte, al enfado, incluso la mala leche o el mal humor.

Para esta última colección has empleado materiales dispares: punto, hule, cuerda… ¿Eliges primero los materiales, o éstos están al servicio del diseño?
Al servicio del diseño. Con algunos tejidos puedes conseguir unas formas que no consigues con otros. En el caso del hule, yo quería que el enrejado hiciera el efecto de estar dibujado sobre la piel. Porque todos los enrejados que hay en el Cabanyal, tanto en ventanas, como en balcones, lo que hay detrás son puertas, no hay nada detrás. Yo quería darle mucho protagonismo al enrejado, que no hubiera ningún otro elemento que distrajera la vista. Pensé que un tejido transparente sería lo más fiel a esa idea. Dibujé primero el enrejado exactamente igual, que uno del Cabanyal que fotografié. Lo calqué al hule y sobre él fui pegando la cuerda. Eso sí, coser el hule fue algo horrible. De hecho es una prenda que da imagen a la colección pero que no se va a sacar a la venta. No es una idea factible. No quería dejar de lado el tema de las rejas, me parece que es un trabajo muy bonito el que hicieron, pero es totalmente imponible, no es funcional, va en contra de lo que yo quiero conseguir con mis prendas.

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Cynthia Peláez en Las Naves.

Mezclas la tradición y la modernidad en tus diseños, ¿qué peso tiene cada una?
Sé que no puedo hacer todas mis prendas a mano porque me falta tiempo. Son prendas muy elaboradas. Este jersey que llevo está tejido y cosido a mano, y te lleva unas 140-150 horas de trabajo. Y la verdad es que no se valora mucho el “hecho a mano”, por mucho que expliques el trabajo que lleva. Es dinero, el trabajo se paga con dinero, y es mucho trabajo lo que hay detrás. Aunque lo que más me define como firma es el trabajo manual, tengo que combinarlo con materiales ya tejidos.

¿Cómo creadora de moda, cuál es la mayor dificultad o reto con el que te encuentras, desde el diseño hasta la materialización de la prenda?
A la hora de coser las prendas. Hay muchas prendas que en tu cabeza, o en tu papel, están de una manera; y luego el resultado es totalmente distinto. Hay tejidos que son muy poco agradecidos. Te toca cambiar de tejidos, formas… Hay veces que directamente, hay que desechar la prenda. Pienso que es la parte más complicada. He ido aprendiendo a lo largo de los años, al principio de carrera pensaba que todo era posible, y me he ido pegando bastantes golpes, y viendo que hay cosas que no se pueden hacer. Y cada vez, lo veo más sobre el papel. Y me ahorro esa fase.

Revisar, redibujar… ¿El diseño de moda es un proceso casi obsesivo?
Sí, cuando estoy inmersa en una colección, estoy pensando en ella todo el día, repasando prenda a prenda. Mi colección me la sé de memoria. Da igual que no la tuviera dibujada en el papel. Cada detalle, cada costura. A veces ni escucho a la gente, porque estoy hablando con alguien y de repente, me viene una idea, o no tengo papel en ese momento… Y lo que hago, es esa misma idea repetírmela durante todo el día, hasta que llego a un sitio que tenga papel. Pero es una obsesión bonita si te gusta.

Diseñar, patronar, confeccionar, probar… ¿En qué medida controlas 100% todo el proceso de creación?
Es imposible llegar a todo. No hay tiempo. Tampoco tengo el suficiente conocimiento en patronaje cuando se trata de hacer piezas más complicadas. Siempre me encargo del proceso creativo, crear la colección y las prendas. Dibujo, las modifico, hago los patrones más sencillos y los llevo a coser. Estas prendas de punto, no las he tejido yo, me lo ha hecho una persona maravillosa que es un portento.

 ¿Qué referentes tienes en moda?
Me gustaría destacar primero los nacionales porque hay mucho talento aquí y no se aprecia. Me fijo en el trabajo de Juan Vidal, Leyre Valiente, María Escoté por los estampados, y Zazo&Brull. Por la utilización de colores, los patrones… De Valencia, me gusta un amigo, Dragomir Krasimirov, me parece que no está nada valorado para el trabajo que hace. Se centra en el patronaje japonés, y la verdad es que es impresionante. Y también el entusiasmo que le pone al trabajo, y lo que le gusta la profesión. Y luego, a nivel internacional, me fascinan los estampados surrealistas de Mary Kantrantzou y de Manish Arora. Me parecen de los mejores estampados que hay hoy en día en el mundo de la moda. Los colores que utilizan en todos los detalles, no dejan nada a la casualidad, está todo enlazado, muy pensado. Como principal referente, además de todos estos, estaría Delpozo, es un claro ejemplo del talento, que rescata la tradición española, dando valor a lo hecho a mano, que es un valor que comparto. Sus prendas tienen un aire relajado y femenino. Los apliques que emplea, ornamentos, piezas hechas con un mismo tejido. Me gusta su filosofía de firma y las técnicas y materiales que utiliza.

Proyectos, planes de futuro…
Ahora lo que quiero es dar a conocer mi firma. Que se labre poco a poco, un nombre. Por desgracia, la mayoría de veces se está más pendiente del nombre que hay detrás de cada colección, en vez del trabajo que hay detrás de cada prenda. Quería después de Navidad, mirar en Madrid porque allí hay más cultura de moda, se aprecia y valora más. Aquí en Valencia son menos atrevidos a mostrarse distintos al resto, la gente invierte menos dinero en moda. Afianzar la firma y meterme en la nueva colección, acotando la tipología de prendas y hacer un buen tallaje. Para luego ir abriéndome, poco a poco.

COLECCIÓN MALANDRESA Otoño/Invierno 2014-15 (Fotos: Carla Atencia)

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