Falafel en Layali

Eva Muñoz deambula por Valencia cual gourmet solitaria, escogiendo sus platos favoritos. Una galería de sabores, texturas, aromas, de aquellos platos que forman su lista de reproducción sobre la que podría volver una y otra vez. De los más sencillos, a los más creativos, cocinas genuinamente valencianas y/o de otros mundos. Una selección deliciosa para que el lector de Verlanga o el turista ocasional que pase por Valencia, pueda disfrutar al menos una vez. ¡O más!

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Foto: Eva M.Rosúa

Empecé antes a leer sobre la comida árabe que a experimentarla. La culpa la tuvo un libro de cocina de esos de cabecera, sin el que me es imposible vivir: “Aroma árabe. Recetas y relatos” (Salah Jamal). La unión de los relatos y las recetas con sabor oriental hacen de él un imprescindible, más allá del entorno de la cocina. A menudo lo releo por el simple placer hedonista y también lo he regalado.

La comida árabe es tan amplia y variada como la zona geográfica que abarca: desde el cercano Magreb, pasando por el oriente próximo e incluso el lejano de los países musulmanes que no árabes. Aquí, en Valencia tenemos ofertas dispares y no siempre equilibradas precio-calidad para disfrutar de una buena comida, por ejemplo, libanesa. Sin franquicias, sin rollos de carne que se rustan, con mayor o menor acierto. Por eso, un hallazgo como Layali no se puede más que festejarse y compartirse. Este restaurante libanés esta situado en la otrora cosmopolita calle del Escultor Alfonso Gabino ( zona de Plaza Honduras) en la que hace décadas pudimos disfrutar de un restaurante cubano cuya cocina casera y trato familiar nos hacía pensar que estábamos en un paladar de la Habana vieja.

Cuatro crujientes croquetas vegetales en su capa exterior, que descubren por dentro una perfecta amalgama de vegetales y especias como la canela, el comino, y un toque de cilantro (sin vestigios de aceite) son mi plato elegido. Acompañadas por una ligera salsa elaborada con ese milagro que es la la pasta de sésamo o tahina (la mejor se elabora, sorpréndase, en Gaza), agua y limón. Porque como nos informa el dueño del restaurante, nunca se acompaña el falafel de salsa de yogur. Es el mejor que he probado nunca. Si antes adoraba el falafel, uno de los bocados más extendidos en la cocina árabe, consumido en cualquier lugar y a cualquier hora, este se sitúa a la cabeza, por la perfecta combinación de sabor y textura.

Ambiente sosegado entre los comensales de Layali; fumadores de cachimbas que apuran el tiempo y el silencio con una parsimonia filosofal, pidiendo para romper el mantra, un hummus delicioso (doy también fe) para compartir. Todos los que están, hablan en árabe con la eficiente camarera. Si hacemos caso a la teoría que dice que un buen restaurante de comida del mundo, será aquel frecuentado por gente de su nacionalidad, este es, sin duda, el lugar para disfrutar de una buena comida libanesa. Un detalle importante: sí que sirven alcohol, con una medida de caña que desgraciadamente, ya hemos olvidado en el resto de la ciudad. El tamaño generoso se extiende también, al resto de las raciones en Layali. Con generosidad, se cocina mejor.


Restaurante libanés Layali (C/ Escultor Alfonso Gabino,12. 46022)

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