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«Cuineres i cuiners», televisión al dente

Cuineres i cuiners es la mejor noticia que trajo el nacimiento de À Punt Televisió. Un programa, producido por Nakamura Films, que cumple con todo lo que debe ofrecer una televisión pública: información, divulgación y entretenimiento con contenido. Sin miedo a dejar que los invitados hablen el tiempo que necesiten, con el ritmo narrativo preciso para hipnotizar al espectador y que acabe formando parte de lo que le están contando desde el otro lado de la pantalla, utilizando de manera inteligente la música firmada por Tórtel y Jordi Sapena, incorporando al relato central las subhistorias que van surgiendo, apostando por la naturalidad sin forzar a los protagonistas a la impostura o el histrionismo, dejando fluir las charlas. Demostrando que la forma (visualmente también es impecable, cada plano no solo resulta atractivo, sino necesario) es tan importante como el fondo, que no es otro que la vertebración gastronómica de la Comunitat Valenciana de la mano de un Ricard Camarena que parece haberse dedicado a la pequeña pantalla toda la vida.

El cineasta Óscar Bernàcer (Desayuno con diadema, Bikini, Apolo 81, Benidorm y el hombre que embotelló el sol o la serie La forastera pendiente de estrenar, también, en À Punt) es el director del programa, uno de sus guionistas y quien contesta nuestras preguntas.

¿Cómo nace Cuineres i cuiners?

La idea surge de Jordi Llorca, productor ejecutivo del proyecto, a partir del libro de Joe Warnick, Where Chefs eat. A partir de ahí estuvimos diseñando un formato en el que, a través de la figura de un cocinero de prestigio, pudiéramos visitar a otros cocineros para entender su filosofía de trabajo.

Es un programa más cercano al documental que al típico programa gastronómico de recetas y demás.

El formato está tratado como documental, esa fue la intención desde el principio. De hecho, damos mucha importancia al trabajo en fase de documentación y guion. El equipo de guionistas lo formamos Marta Moreira, Vicent Molins (dos periodistas con buena mano para narrar) y yo. Conversamos varias horas con los protagonistas para conocer su trayectoria, sus decisiones, las anécdotas más interesantes,… El siguiente paso es la coordinación entre producción y contenidos. De poco servirá hacer propuestas desde guion que después no vayan a poder trabajarse en condiciones a la hora de rodar. Araceli Isaac y Andrea Avinent son las culpables de que todo encaje. De esta forma, las secuencias rodadas posteriormente quedan muy naturales.

¿Sabíais antes de empezar a grabar de las estupendas dotes comunicativas y de la cercanía y sapiencia que transmite Ricard Camarena y de su soltura delante de las cámaras? ¿Se barajaron otras opciones?

Ricard fue la primera opción. De hecho el nacimiento del proyecto va ligado a su participación. Era la cara que queríamos para Cuineres i Cuiners. Ricard había colaborado previamente en otros programas, pero no es lo mismo una aparición que ser el rostro de un proyecto completo. En ese sentido, apenas contaba con experiencia ante las cámaras, pero Ricard es muy intuitivo y aprende las dinámicas rápidamente. Hay una evolución brutal de los primeros capítulos grabados a los últimos. También, como comentaba, el trabajo de documentación y guion hace que los directores tengamos bastantes herramientas de trabajo con él y sus invitados. Hay mucho trabajo de puesta en escena y dirección de contenidos en las conversaciones. Creo que es lo que permite que entre ellos (Ricard e invitado) se cree un ambiente confortable que les proporciona seguridad y hace que las conversaciones fluyan dando margen a la espontaneidad.

¿Qué criterios seguís a la hora de seleccionar los cocineros que aparecen?

Hay unos criterios que marca la tele como vertebración del territorio y equilibrio entre cocineros y cocineras. A partir de ahí, Ricard y la producción del programa plantean un listado de candidatos. No es fácil encajar los criterios porque hay realidades que son difíciles de abordar: no hay tantas mujeres en la alta gastronomía como desearíamos y, territorialmente, hay un desequilibrio que cuesta compensar. Aún así, nos hemos sorprendido de la cantidad de buenas historias que hay, muchas de ellas todavía pendientes de contar.

Es un programa que desde el primer minuto transmite una personalidad propia, por ese cuidado casi obsesivo, en el que parece que cada plano está seleccionado a conciencia. Es casi un programa de autor. ¿Estuvo esa idea desde el principio en el programa?

Cuineres i cuiners entró en una fase inicial de selección de proyectos de la nueva televisión y creíamos que era momento para proponer cosas diferentes. Quizá en una televisión con un recorrido de años habría sido mucho más difícil de encajar, pero À Punt se encuentra en un periodo en que pueden probar muchas cosas dado que apenas cuentan con audiencia que retener sino más bien al contrario, hay que captarla.

Dentro de ese cuidado por la imagen, los inicios de cada programa son minipelículas que introducen al espectador en aquello que le vais a contar, sin necesidad de recurrir al apoyo de una voz en off o testimonios.

Hay una escena de la película Ratatouille (Brad Bird, 2007), en la que Anton Ego, el temido crítico gastronómico, prueba el plato cocinado por la rata Remy. En la primera cucharada su mente se teletransporta a un momento concreto de su vida: la cocina de su madre con él de niño. Ese poder evocador que tienen los olores y los sabores es el que queríamos que tuvieran las imágenes de Cuineres i Cuiners. Un narrador o el uso de testimonios (aunque los tenemos), dificultan llegar a ese objetivo. El trabajo de dirección se fundamenta en esta premisa y el respeto por el guion (que en ningún caso quiere decir seguirlo a pies juntillas).

También destaca el tratamiento de los personajes secundarios de cada capítulo. No solo por la selección, por aspectos formales, por su contenido, sino también por la manera de engarzarlos en el relato conjunto, como si con ellos se completara el puzzle narrativo.

Como comentaba, el trabajo de guion en muy intenso y tanto el segundo director, Iván Fernández de Córboda, como yo, trabajamos la dirección como una narración de no ficción. Eso determina que las apariciones de todos los personajes aporten algo a la temática principal y a sus protagonistas.

¿Qué importancia tiene la música de Tórtel y Jordi Sapena (disponible en spotify) en los programas?

Los músicos tienen un importancia capital. Ellos entendieron a la primera el concepto del programa, es más, lo han potenciado.

¿Cómo es el trabajo con ellos, ven los pasajes que deben ilustrar musicalmente, les das algunas indicaciones,…?

El trabajo con Sapena y Tórtel es muy sencillo, a partir de la premisa inicial establecimos dos tipos de piezas con las que trabajar con toda la libertad creativa. En algunos casos, según las características del capítulo, desde dirección y montaje se les daba alguna pauta concreta. A nivel creativo y comunicativo ha fluido todo muy bien.

¿Qué te está permitiendo, detrás de la cámara, Cuineres i cuiners que no te lo habían permitido tus trabajos anteriores?

Me ha permitido potenciar el trabajo de la no ficción y me ha abierto todo un universo de posibilidades en el que me gustaría profundizar en el futuro.

¿Qué crees que está aportando vuestro programa a la gastronomía valenciana?

Fundamentalmente, damos a conocer a los cocineros y sus historias. Mucha gente nos ha comentado que no tenía ni idea de tener restaurantes de tanta calidad en su propia tierra. Creo que estamos aportando nuestro grano de arena a la vertebración en un territorio que no es fácil hacerlo, a la vez que ofrecemos un valor añadido a nuestros productos.