La Fundación Bancaja reúne un centenar de obras de Ximo Michavila en una retrospectiva que recorre seis décadas de trayectoria, desde la figuración y la geometría hasta la abstracción vinculada a la Albufera.
La Fundación Bancaja revisa la trayectoria de Ximo Michavila con motivo del centenario de su nacimiento. Ximo Michavila. Centenario (1926-2026) reúne un centenar de obras realizadas entre 1951 y 2004 y propone un recorrido por seis décadas de trabajo de uno de los nombres fundamentales de la renovación del arte valenciano de la segunda mitad del siglo XX. La exposición, comisariada por Juan Manuel Bonet con la colaboración de Carmen Michavila, podrá visitarse del 7 de octubre de 2026 al 14 de febrero de 2027.

De izq. a dcha. Rafael Alcón, Carmen Michavila y Juan Manuel Bonet
Más que una sucesión de etapas cerradas, la trayectoria de Michavila puede entenderse como una búsqueda constante alrededor de la forma, el espacio, el paisaje, la luz y el color. Su pintura evolucionó desde una figuración renovadora en los años cincuenta hacia la geometría y el constructivismo durante los sesenta y setenta, para regresar después a la naturaleza a través de una abstracción paisajística estrechamente vinculada a la Albufera. En sus últimos años, la música se convirtió también en un estímulo directo para su pintura.

Nacido en L’Alcora en 1926, Michavila formó parte de la generación que protagonizó la renovación artística valenciana en la posguerra. Su paso por grupos como Los Siete, el Grupo Parpalló, el Movimiento Artístico del Mediterráneo y, posteriormente, Antes del Arte, le situó en contacto con algunas de las principales corrientes de la vanguardia española y europea. Su participación en Parpalló y su posterior incorporación a las investigaciones de carácter geométrico contribuyeron a introducir en el contexto valenciano debates que estaban teniendo lugar en otros centros artísticos europeos.
Durante los años sesenta y setenta desarrolló una geometría que, lejos de limitarse a un ejercicio racional y matemático, incorporaba una dimensión lírica. La precisión de las estructuras convivía con el color, el relieve y una particular sensibilidad hacia el espacio. Michavila se interesó por el constructivismo ruso, Max Bill, Vasarely o el espacialismo italiano, pero elaboró a partir de esas influencias un lenguaje propio. En 1968 fue, además, uno de los fundadores de Antes del Arte, colectivo que reunió a artistas y músicos alrededor de la investigación sobre percepción, ciencia, espacio y creación.

Ese interés por la geometría no desapareció cuando el artista se acercó al paisaje. En 1978, después de una crisis que le llevó a considerar agotado el ciclo geométrico, comenzó una nueva etapa centrada en la Albufera. De ahí surgió El Llac, probablemente su serie más reconocible, seguida posteriormente por El Riu. El paisaje deja entonces de ser una representación literal para convertirse en un campo de experimentación pictórica donde conviven manchas, estructuras, reflejos, vegetación y elementos arquitectónicos.


La relación con la Albufera también introduce una dimensión territorial en su obra. Michavila observa el paisaje desde la fascinación por su luz y sus transformaciones, pero también desde la conciencia de su deterioro. Sus pinturas no pretenden reproducir el paisaje de manera naturalista: las aguas, los arrozales, las cañas, las construcciones y el cielo son sometidos a un proceso de síntesis en el que todavía permanecen rastros de la geometría de sus años anteriores. Esta combinación entre abstracción y naturaleza es uno de los aspectos que singularizan su aportación.
Su producción tampoco se limitó a la pintura. Michavila trabajó el muralismo, el grabado, la escenografía teatral y las artes aplicadas, además de desarrollar una intensa actividad docente. En los años sesenta realizó decorados y programas de mano para el Teatro Universitario de Antonio Díaz Zamora, en un momento de renovación de la escena valenciana. Su trabajo escenográfico estuvo relacionado con autores como Fernando Arrabal, Max Aub, Samuel Beckett, Jean Cocteau, Friedrich Dürrenmatt, Max Frisch o Federico García Lorca.
También la música tuvo un papel central en su universo creativo. Su relación con la Sociedad Filarmónica y la Coral Polifónica Valentina y, posteriormente, su contacto con las experiencias musicales de vanguardia alimentaron una pintura cada vez más alejada de la representación convencional. En la serie Contrapunto, desarrollada en sus últimos años, dedicó obras a compositores como John Cage, Kurt Weill, Arnold Schönberg o Pierre Schaeffer. El contacto con Cage no fue meramente intelectual: Michavila y su esposa, la soprano Carmen Mas, asistieron en 1972 a los Encuentros de Pamplona, donde escucharon al compositor estadounidense.
En paralelo, durante los años noventa exploró el collage y una pintura de carácter más matérico y autobiográfico antes de desembocar en los acrílicos de Contrapunto. Su evolución muestra así una constante disposición a cambiar de lenguaje sin abandonar algunas preocupaciones recurrentes: la relación entre orden y emoción, la percepción del espacio, la naturaleza, la luz y la música.
Una obra revisada en varias ocasiones
La exposición de la Fundación Bancaja llega después de otras importantes revisiones de la obra de Michavila. En 2002, la propia Fundación Bancaja organizó Ximo Michavila. 50 anys de pintura, una retrospectiva que reunía 80 pinturas y repasaba su evolución desde el constructivismo hasta El Llac y sus trabajos más tardíos. Aquella exposición permitía ya observar el tránsito entre la fascinación por la geometría y el posterior regreso al paisaje.
Cinco años después, el Museo de Bellas Artes de València presentó Ximo Michavila. Materia reservada, una muestra de 43 obras centrada especialmente en dos de sus series fundamentales: El Llac y Variaciones sobre la diagonal. La exposición reunía numerosas obras de gran formato, muchas de ellas procedentes de colecciones privadas.
Ya en 2016, la Sala Martínez Guerricabeitia de La Nau acogió Michavila: Geometria i ecologia. La exposición enfrentaba dos momentos esenciales de su producción: las investigaciones geométricas desarrolladas entre 1968 y 1978 y la serie El Llac, iniciada a partir de 1978. El proyecto incidía precisamente en una de las claves de su obra: la capacidad para trasladar las estructuras de la geometría al paisaje sin perder la dimensión sensible de la pintura.
Un año después de su muerte, la Fundación Bancaja presentó en Sagunto Michavila. Pintura & Pedagogía. Homenaje a Ximo Michavila 1926-2016, con cerca de treinta obras procedentes de sus fondos y materiales del archivo familiar. La exposición incorporaba además el documental Michavila, mestre de mestres y revisaba su trayectoria desde los primeros trabajos hasta las últimas etapas.
La nueva retrospectiva amplía esas aproximaciones y reúne en un mismo recorrido las distintas facetas del artista. Además del centenar de pinturas, incorpora más de 80 documentos del archivo personal de Michavila, conservado por el Archivo General y Fotográfico de la Diputación de València. Catálogos, fotografías, correspondencia, carteles y documentación relacionada con su trabajo teatral permiten contextualizar su producción artística.
Entre las obras reunidas hay también piezas inéditas hasta ahora, como Llac nocturno (ca. 1980), Alborada (2004) y R+A2:C7-646 (1982). El conjunto procede de más de 50 colecciones particulares e instituciones, entre ellas el Museo de Bellas Artes de València, la Universitat de València, la Colección Martínez Guerricabeitia, la Fundación Chirivella Soriano o el Museu de Belles Arts de Castelló.
Ximo Michavila. Centenario (1926-2026) puede visitarse en la Fundación Bancaja, plaza de Tetuán, 23, hasta el 14 de febrero de 2027.










