
Ahí va una conversación con Joaquín Pascual (Ayora, 1964) para reivindicar su valencianía y la artesanía de su último álbum, No hay nada que hacer por el romanticismo, que al final viene a demostrar justo lo contrario. Tiene ganas infinitas de disfrutarlo en directo. Eso será el próximo domingo 15 de febrero en el Parc de l’Oest, junto a Santiago Motorizado, dentro del ciclo Serialparc que impulsa Agència Districte con el apoyo de Cerveza Turia y Arroz Dacsa. En horario matinal y ambiente familiar, seguro que Joan i Ona, los nietos valencianos de Joaquín, no se lo pierden. Será su primer concierto del abuelo, que presenta el álbum que grabó en la casa familiar de Ayora. Para el propio Joaquín Pascual este trabajo “pone en valor ese instinto por crear canciones y que viene a demostrarle a uno mismo que es eso lo que le da la vida”.
¿Qué tal, Joaquín? Para que te sitúes: hace como un par de años te saludé cuando nos cruzamos al salir o al entrar de los baños de la Feria en Albacete. Y me hizo gracia el verte por la feria. ¿La frecuentas alguna vez o huyes?
Sí, suelo acercarme. Vivo al lado, muy cerquita, entonces aunque no quiera ir, me la tengo que tragar. Estas calles de por aquí, donde vivo yo, se ponen hasta arriba. Pero sí, suelo ir a algún concierto o alguna tarde con los amigos a dar una vuelta. Sí, suelo pasar, sí.
El caso es que escuchando ‘El caos’, una canción de tu nuevo disco que va del blues al glam, me ha venido a la mente la anécdota de encontrarte allí, dentro de ese caos que es la Feria y donde al final acabas encontrando un poco de orden, placer o diversión.
Bueno, sí, puede ser. A veces echas de menos eso, el murmullo de la gente y un poco el caos de la vida. Y a veces un poco como que te quieres refugiar ahí. Es lo que te cuento y lo que sucede a veces en general, por mucho que te quieras esconder, lo tienes encima.
¿Es muy difícil escapar o ese caos es necesario al final?
Sí, según dicen, sí. Incluso la gente de pensamiento profundo siempre ha dicho que el caos es el inicio de la creación.
Para que algo suceda, algo tiene que romperse.
Sí, bueno, no sé si romperse o en general quitar cierto trauma, Entonces, a veces yo creo que se le echa de menos al caos. Hay momentos en la vida, momentos en los que hay demostrada calma y en cambio parece que se echa de menos eso: que haya un poco de tormenta o algún tipo de movimiento tectónico o algo, porque estamos como un poco adormecidos, un poco parados. De hecho siempre se ha dicho que las grandes obras, los buenos discos, surgen a partir de momentos un poco convulsos, tanto a nivel personal como a nivel social.

¿Tu momento ahora es tranquilo, convulso o buscas un poco agitarte creativamente?
Mi momento va pasando por fases. Hay periodos convulsos, periodos más tranquilos. Supongo que como en la vida de cualquier persona. De todas formas creo que la canción no habla de un momento en concreto. Yo siempre intento ver mis canciones como, digamos, un 50% mío, un 50% de lo que observo o invento o imagino. Entonces sí que es cierto, mi vida también a veces necesita ese caos y otras tampoco es que lo eche tanto de menos. Hay momentos donde observas lo que sucede en el mundo y es horrible, pero yo no lo llamaría realmente caótico; es horrible, es terrorífico, es inquietante y doloroso, y quizá a lo peor el resto de la gente está como adormecida, está viendo lo que está pasando, pero en realidad nadie hace nada.
El principio del disco es “Con toda la fuerza de la destrucción”, llega ‘el caos’, sigue la felicidad y luego está esa “ventana” que siempre hay que tener abierta, que es lo que le da luz al disco, le da luz a una colección de canciones muy domésticas.
Sí, bueno, en realidad por mi parte hay un intento de –no de escapar, no de huir– pero sí de alejarme un poquito de la cotidianidad, del costumbrismo de otros discos míos en los que había como una mirada interior más. ¿Cómo te diría yo? Más de puertas hacia adentro, un poco más hogareña, por llamarla así.
Sí, ahora hablas de los vecinos y de lo que ves a través de la ventana y demás.
Sí, exacto. Incluso el título de ‘La ventana’, asomarte a la ventana y ver lo que sucede o canciones como ‘Por el bien de la gente’, en las que de alguna manera hay una intención de mirar un poco más allá de esa víctima también. No es algo premeditado. Porque la verdad, el disco se iba llamar ‘Medio desnudo’, que fue una de las primeras canciones que terminé y en realidad era una especie de historia entre ficticia y personal, real o parte inventada, sobre alguien que quiere recuperar un poco el pulso de su vida, que se encuentra en un momento como en un impasse ahí, un poco absurdo, que ha perdido un poco el corazón, ha perdido la libertad y no sabe hacia dónde ir. Entonces esa persona empieza a darse cuenta de que muchas veces esa, entre comillas, insatisfacción un poco emocional que tiene, esa sensación de quietud, no sólo viene de sí mismo, sino que también es contagio de lo que hay alrededor. Entonces observa, y ve que realmente a veces toda esa sensación es en parte nuestra, pero también es un contagio de lo que hay fuera.
Por cierto, siempre luciendo como de Albacete, pero eres valenciano de Ayora. Hay que reivindicar la parte valenciana.
Sí, soy valenciano de nacimiento. De hecho, todas mis raíces familiares vienen de Valencia, mi madre valenciana, mi abuelo valenciano de Museros, de Foios, de toda esa zona de Llíria. Mi abuelo era profesor de música, bueno, él dirigía la banda de Museros. Nació en Llíria y era profesor de música. Yo de pequeñín le acompañaba, a dar clases a los pueblos de alrededor de Museros: Foios, Massamagrell… O sea, que yo nací en Ayora porque mi padre se fue allí a dirigir la banda de música, conoció allá a mi madre y allí nacimos.
Y ahora con dos nietos en Valencia, pues más raíz todavía. El árbol se expande.
Sí, sí, ya te digo. Hombre, digamos que mi vida yo la he hecho aquí en Albacete, pero he estado vinculado a Valencia desde siempre. Cuando vivían mis abuelos, iba con mis padres a ver a la familia y pasaba el verano en El Puig, en Museros. He tenido muchísima relación y muchísimos amigos allí, y ahora de hecho, ya sabes, mi hija vive allí, mis nietos son de allí.
Y este disco también de alguna manera lo creas en Ayora, lo grabas allí, en casa, que también es un paso más, porque no sé si es por la jubilación, pero ya le has dedicado otra clase de tiempo al disco o a investigar o al proceso para producirlo en casa y trastear con todo aquello.
No había pensado el tema de la jubilación. La verdad es que, bueno, empecé a grabar un poco antes, pero bueno, hace unos años compramos una casa antigua, la hemos ido arreglando. Van también mucho Ángela, Jordi y los niños y tal. Nosotros también vamos. Y bueno, pues allí, en la parte de arriba de la casa, en la cambra que arreglé allí a base de muchas horas y muchos vídeos de YouTube, pues monté un estudiete, me fui comprando algunos cacharros antiguos y, bueno, ya llevaba tiempo con la idea en la cabeza de grabarme un disco a mí mismo, porque siempre empiezo grabando yo, pero luego voy a grabar con Paco Loco al Puerto de Santa María. Pero llevaba tiempo con esa idea en la cabeza y entre que me monté esto ahí en Ayora y que también con este disco, de alguna manera, pues tenía ese punto de que yo creo quería arriesgar un poco; o sea, que el sonido no fuera demasiado profesional, también le iba a dar cierto punto. Quería que fuera muy inmediato, un disco que sonara como esos clásicos de los 70 de la Velvet o cosas así, que realmente no suenan bien, pero tienen esa magia.
Ese ruido que tanto nos emociona.
Entre unas cosas y otras, al final me empecé un poco a emocionar, a ilusionar con la idea de grabarlo yo y, bueno, pues al final lo terminé. Empecé y acabé allí en Ayora. Que también está bien, porque muchos ratos he estado grabando y han estado por ahí Joan y Ona, mis nietos, o mi hija Ángela. De alguna manera esa familiaridad también se contagia en el disco, de alguna manera se impregna de eso. Ha sido un disco muy tranquilo que he hecho con mucha calma, tranquilidad y disfrutando cada momento.

El título del álbum es ‘No hay nada que hacer por el romanticismo’, pero el ejercicio de romanticismo, para manufacturar el álbum y crear todo aquello, también tiene su aquel: regresar a tu pueblo, en la casa que has ido construido y has creado tu estudio, es muy romántico
Es una de las maneras de intentar poner un poco en valor eso, el tema de la creación romántica, de la ilusión, de esa especie de instinto que tienes dentro de toda la vida por hacer cosas, por crear canciones, y además demostrarte a ti mismo que eso es lo que te da la vida y que no tienes que dejarlo escapar. Realmente, el título, lo que la canción cuenta es lo contrario. Vivimos en un mundo en el que parece que ese tipo de cosas no vale, pero a mí me dan la vida. Es lo que intento transmitir, que vivo por ese punto un poco romántico que tiene hacer canciones y encontrar ese momento en el que te sientes bien, te sientes como un poco loco, un poco fuera de todo, pero a la vez emocionado y vivo, que es lo importante.
¿En el disco encontramos homenajes o versiones de Roy Orbison o T. Rex, además de esa influencia de la Velvet Underground que marca gran parte de tu trayectoria o de la música que más te ha gustado. ¿Cuándo sucede tu primer encuentro con la Velvet, recuerdas ese fogonazo?
Sí, lo recuerdo perfectamente. La primera vez que oí la Velvet fue con Fernando Alfaro, en casa de su primo Josémari, que era el primer bajista de Surfin’ Bichos. Allí, con ellos, una tarde escuché una canción de la Velvet, no sé si sería ‘Sunday Morning’ o la que fuese. Me acuerdo que me sorprendió un mogollón. Ellos ya llevaban tiempo con ese tipo de sónica. Yo entonces estaba oyendo otras cosas más sixties, me gustaban cosas muy cercanas, pero no tan salvajes. En este disco, cuando estaba grabándolo, me apetecía que tuviera el sonido de esos clásicos. Entonces he intentado con total sinceridad hacer alguna versión de algunas de las canciones que cuando estaba componiendo ese disco, escuchaba para inspirarme un poco en el sonido, para intentar acercarme. Son canciones que me han gustado toda la vida y por eso pues ahí están. Está Roy Orbison, T Rex, la Velvet o Simon y Garfunkel, que son las canciones que elegí.
Este álbum se quita 20 años ‘Desde la montaña más alta del mundo’, lo último de Mercromina y que siempre me encanta reivindicar. La obertura de ‘Lo que dicta el corazón’ es de mis favoritas. Pese a la distancia temporal, de estilo o por la forma de producirlo y demás, hay un hilo que los mantiene unidos.
Sí, estoy completamente seguro. Entre Mercromina, Travolta y hasta este último disco hay un hilo conductor todo el rato. Es que sí que es cierto.
Y ahora Valencia, la cita de Serialparc. Horario matinal y ambiente familiar. Ideal para que Joan y Ona no se lo pierdan ¿Te han visto alguna vez los nietos?
Mi concierto es a las 12. Mis nietos me han visto ensayar y estuvieron el otro día en la prueba de Surfin’ Bichos en el Toneladas. Este domingo es un buen día para que no se lo pierdan. Hemos estado ensayando y preparando un repertorio que, la verdad, es genial. Es un disco muy guay para tocarlo en directo y disfrutarlo. Siempre te diviertes tocando todos los discos, pero los hay que son más complejos porque las canciones requieren una sensibilidad especial, porque la sónica tiene que ser de una manera. Y este disco es un disco muy directo, muy agradecido, muy empático. Estamos deseando tocar, la verdad. Sinceramente estamos con muchísimas ganas de empezar. Para el concierto de Valencia vamos a ir en trío. Me acompañará José Manuel, el bajista de Surfin’ Bichos, y luego el batería, que se llama Pedro Gavidia, que es de Ayora. Como yo tengo ahí el estudio, pues ensayamos allí y ya te digo que estamos súper ilusionados. Y luego, después de València, más adelante, Madrid y Barcelona.
Es que el disco ‘No hay nada que hacer por el romanticismo’ ha tenido muy buena acogida entre la gente que os sigue y os conoce de siempre. Es un álbum que ha gustado bastante.
La sensación que tengo yo también es esa. La verdad es que creo que es uno de los discos que más se está escuchando. Luego, por ejemplo, la edición que hemos hecho en vinilo se ha vendido ya prácticamente y la tenemos casi agotada, que es algo que no había pasado casi nunca. Y luego pues eso: el feedback con la gente que lo oye es muy bueno y también con la gente de la crítica. Como todo, habrá gente que le guste más, gente que le guste menos, pero en general para la gente que me ha seguido y tal es un disco que les ha gustado. Yo creo que también el directo va a ser especialmente gustoso, por así decirlo, que nos permite ser muy libres y nos permite disfrutar mientras estamos tocando.






