
La compañía Hongaresa Teatre presenta El camino de la sal en el Teatre Rialto de València del 26 al 29 de marzo, una pieza que combina humor, poesía y experimentación para reflexionar sobre la comunidad y la supervivencia en tiempos de incertidumbre.
El montaje, dirigido y escrito por Paco Zarzoso, toma como punto de partida una antigua ruta de trueque situada en la Puebla de San Miguel, en el Rincón de Ademuz, donde la sal se intercambiaba por miel, azafrán, leche o vino. Este referente sirve como base simbólica para una obra que indaga en aquello que estamos dispuestos a ofrecer a cambio de lo necesario para vivir o seguir creando. «Todo nace desde un amor profundo a la palabra, entendida como materia viva», explica Zarzoso.
La dramaturgia propone una ruptura de las convenciones narrativas para situar al espectador en un terreno ambiguo entre ficción y realidad. En escena, una pareja de mediana edad —interpretada por Lara Salvador y Sergi Torrecilla— llega a su refugio de montaña en pleno invierno y descubre que sus amigos han agotado todos los recursos disponibles: sin leña, gas, vino ni provisiones, y con el dormitorio bloqueado.


A partir de ahí, la obra da un giro inesperado con la aparición de un personaje que desplaza la acción hacia un espacio de incertidumbre, donde incluso las obras no terminadas parecen influir en el destino de los protagonistas. La pieza se convierte así en una tragicomedia que habita un “purgatorio de personajes inacabados”.
La idea de refugio articula el conjunto del espectáculo. Durante el proceso creativo, el equipo vinculó este concepto con una de las raíces griegas de la palabra ética, lo que llevó a concebir el escenario como un espacio simbólico que acoge tanto a los personajes como a la propia idea de teatro. «Ese lugar se convierte en un refugio ético que abre sus puertas a muchas más criaturas», sintetiza Zarzoso.
Lejos de plantearse como un bloqueo creativo, la obra reivindica el error y el vacío como motores de creación. «Se trata de habitar el vacío sin domesticarlo demasiado rápido», señala el dramaturgo, que entiende el fracaso como un territorio fértil desde el que pueden surgir nuevas formas escénicas.
Tras Piedra y encrucijada, Hongaresa Teatre continúa explorando una dramaturgia híbrida que diluye géneros y desafía al público. En esta ocasión, el propio Zarzoso vuelve a escena interpretándose a sí mismo, una decisión que responde al «disfrute compartido y el deseo de habitar la pieza de forma directa». La ayudantía de dirección corre a cargo de Marcos Sproston.
Uno de los elementos más singulares del montaje es su dimensión sonora. La música en directo no acompaña, sino que construye el espacio escénico. Jesús Salvador Chapi y Carles Salvador generan el paisaje acústico con txalaparta, pianos, electrónica y percusiones, junto a Malwina Stasto al violonchelo y Josep Miret con la dolçaina. «La música no ilustra, sino que construye mundos», apunta Zarzoso, destacando su papel en la expansión de la experiencia escénica.
La propuesta se completa con la creación visual, donde el vestuario de Maribel Peydro y la iluminación de Mingo Albir refuerzan la atmósfera de este espacio intermedio entre lo real y lo imaginado.
Estrenada a finales del pasado año en la Sala Beckett con motivo del 30 aniversario de la compañía, El camino de la sal ha obtenido seis candidaturas a los Premios Max en las categorías de espectáculo, dirección, interpretación masculina y femenina, texto y composición musical.










