Foto: Nerea Coll.

Florencio Pla Messeguer fue inscrito por sus padres en el registro civil como Teresa Pla Messeguer, aunque él nunca se sintió mujer. Nacido con una malformación sexual congénita tuvo que soportar humillaciones y burlas, hasta que decidió unirse a los maquis como hombre. Allí era Durruti, aunque se le siguió conociendo como La Pastora. El franquismo se encargo de convertirlo en una leyenda sanguinaria responsabilizándole de numerosos crímenes que no cometió. Su figura acabó convertida en un símil del Hombre del Saco en los pueblos del interior de Castelló para dar miedo a los niños. Fallecido el año 2004, la compañía La Ravalera Teatre recupera su memoria en Instruccions per a no tenir por si ve La Pastora (Teatre Micalet, del 11 al 14 de marzo).

Laia Porcar y Núria Vizcarro firman la creación e interpretación de la obra, siendo la segunda la autora del texto y quien contesta nuestras preguntas, aunque con la colaboración de la primera.

¿Qué es lo que os atrajo de la historia de La Pastora? ¿Qué os hizo pensar que era buen material para llevarla al teatro?

En Castelló, el personaje de La Pastora es muy conocido. A nosotras nos interesó porque, aunque conocíamos la figura, siempre era una historia un poco misteriosa, borrosa… y nos parecía interesante profundizar un poco más en ella. Queríamos contar la historia de esa persona a la que le asignaron un sexo al nacer que no era el suyo, que creció entre montañas y que acabó convirtiéndose en un guerrillero, pero por el camino nos encontramos con que esa historia, ya muy rica de por sí, además, encerraba muchas otras. Otra de las cosas que nos atrajo fue que se situaba en una época de la que nos apetecía hablar, principios del siglo veinte, guerra civil y posguerra y en un entorno rural que conocíamos, Els Ports.

¿Cómo fue el trabajo de documentación e investigación previo a la escritura?

Nos documentamos mucho, hay bastante literatura sobre el personaje. Hay mucha gente que ha hablado de La Pastora en estos años, algunos con más acierto que otros. Sobretodo parece que una de las cosas que más interesaba era esa condición de «hermafrodita» que le atribuyeron y que añadía morbo a la historia. También encontramos otros autores que intentaban escapar de ese morbo y ofrecían otra visión, la novela de Alícia Giménez Bartlett Dónde nadie te encuentre por ejemplo o todo lo que nos contó el historiador Raül Gonzàlez Devís o la sobrina-nieta del mismo Florencio, Elena Solanas. A medida que íbamos investigando nos encontrábamos con mucha gente que quería hablarnos de La Pastora, mucha gente que la había conocido o que había oido sobre ella. Pero al mismo tiempo, también entendimos que prácticamente toda la información que encontrábamos era subjetiva, eran interpretaciones y podían ser ciertas o no, pero todas ellas contribuían a crear el relato de la leyenda. Eso también nos dió unas cuantas claves para pensar la dramaturgia y enfocar de una forma determinada los textos, ¿qué significaba hablar por boca de La Pastora? ¿Cómo se crea una identidad en base a lo que los otros dicen de ti?

¿Cómo fue el proceso de creación junto a Laia Porcar?

Ha sido un proceso duro, bonito, pero duro. Desde el principio con La Ravalera, que somos nosotras dos, tenemos una forma de trabajar en que hay una primera fase de documentarnos y hablar mucho sobre el tema, qué queremos decir, cómo lo vamos a decir. Después de esta fase de documentación y caos, porque llegamos a manejar mucha información, empiezo a escribir textos, materiales diversos que intentan encaminar una forma de decir, un tipo de atmosfera, un código… Además, para este proyecto pedimos la colaboración de Marta Negre, una vídeo-creadora que fue crucial para la configuración de todo el espectáculo. Con todo a medio escribir y con muchas cosas que decir en la cabeza nos fuimos a Vallibona a buscar testimonios que hubieran conocido a La Pastora y volvimos a casa con más material aún y otras ramificaciones de la historia que no habíamos contemplado. Con todo, llegamos a sala de ensayos con textos, vídeos y una posible dramaturgia, un posible orden y a partir de ensayo-error veíamos qué encajaba y qué no. En el momento de ponerlo en pie vimos que necesitábamos un ojo externo, alguien desde la dirección y le pedimos a Joan M. Albinyana que estuviera con nosotras. Él és la tercera Ravalera, empezamos el proyecto los tres juntos y por razones profesionales ahora está en otros proyectos pero nos conoce y conoce nuestra forma de trabajar y fue el mejor aliado. La dramaturgia y todo el espectáculo se ha ido ordenando a partir de ir haciendo y escribiendo mucho y probándolo, porque en la puesta en escena jugaban además muchas cosas a la vez, el texto, el ritmo, los vídeos…

Desde el punto de vista creativo la vida de La Pastora es un tesoro por todo lo que tuvo que vivir. Pero, ¿qué es lo que habéis querido contar y lo que no?

La Pastora, su vida, da para diez obras de teatro, nosotras hemos intentado dar una visión global para que se conozca y para podernos centrar en unos aspectos muy determinados que tienen que ver con la identidad, cómo se construye esa identidad, si la contruyen los otros y cómo el miedo, visto desde diferentes puntos de vista, crea un relato que no tiene porqué ser el real, especiamente cuando ese miedo es fruto de la represión. Y con todo esto, la Pastora nos sirve para al final, acabar preguntándonos sobre nosotras mismas. No hemos querido hacer una obra biográfica, nos servimos de La Pastora para hablar de los conflictos que nos importan y sobre los que nos preguntamos. No hay nada que no hayamos querido contar, pero sí tuvimos que elegir en qué temas nos centrábamos. En nuestro caso hablamos de eso, de miedo, de la creación del monstruo, de identidad, de qué significa sobrevivir… Pero se quedaron muchos temas que se intuyen, porque la historia es rica, pero de los que hablaremos en futuras obras.

La obra cuenta con los testimonios de personas que conocieron a La Pastora. ¿Cómo surgió la idea de incorporarlos? ¿Cómo interactúan con lo que es la representación en sí?

Desde el principio pensamos en la posibilidad de incorporar o al menos documentarnos a partir de testimonios. Es por eso que teníamos a Marta Negre en el equipo. Además teníamos en la cabeza varias ideas sobre cómo podría ser la dramaturgia. El formato de falso documental y la autoficción nos interesan mucho, hicimos una obra ya, Hibakusha 597, sobre la Maternidad de Elna, una maternidad donde ayudaban a nacer a los hijos de la refugiadas de los campos de Argelers y demás, después de la Guerra Civil y dónde nacieron 597 niños y niñas.

Aún así, aunque lo tuvieramos pensado, no sabíamos qué es lo que nos iban a contar y aunque nosotras teníamos un par de preguntas fijas, cada uno dijo lo que quiso. Ha sido una experiencia muy rica y un viaje de ida y vuelta constante entre el texto y lo que contaban que ha ido dirigiendo la dramaturgia y la ha enriquecido.

Una de las cosas que nos hizo reflexionar bastante, y a mí como «escritora de ficción» me dio mucho respeto, fue cuando a partir de hablar con todos los testimonios, nos dimos cuenta de que todo aquello eran sus vidas. Una de las razones por las que escribo teatro es porque a través de la ficción puedes llegar a entender la realidad, en este caso (como todas aquellas propuestas que se basan en el documento) nosotras estábamos manejando material sensible, muy sensible. Y a partir de lo que ellos nos dijeron articulamos nuestra historia decidiendo qué contábamos y qué no. En la obra jugamos también con la autoficción, contamos cosas de nosotras mismas, nuestros miedos y lo mezclamos con la historia de La Pastora que conocemos como ya hemos comentado a partir de los que se dice de ella, así que optamos por hacer que los testimonios fueran la verdad, la realidad, como la fuente veraz de toda la historia y como humilde homenaje a ellos, Josefa, Alejandro, Alberta, Elena y Manolo, a una forma de vida y a una memoria que no podemos permitir que se olvide.