«Paral.lel». Foto: Satori.

Paral.lel vuelve a la sala Ultramar casi justo un año después de sus anteriores pases. En esta ocasión será del 9 al 12 de noviembre. La obra, escrita, dirigida y cointerpretada por Alida Molina es, copiamos de la nota de prensa, «un trabajo que habla desde “el humor y la rabia” sobre aquella vida que querríamos tener y no tenemos, pero también sobre aquellas personas que querríamos ser y en realidad no somos. Un trabajo creado a modo de “collages de objetos escénicos” que presenta ante nuestros ojos la naturaleza humana de resistirnos al fracaso o a la decepción continua que la vida provoca».

Pero en Verlanga hemos querido saber más y le hemos pedido a Molina que nos la resuma en 3 actos (creación, preparación y la obra). Una inmersión de 360 grados en Paral.lel. Lo tenéis, en primera persona, la de Alida,  justo después del teaser.

Creación

Si eres actriz es muy probable que no tengas trabajo. Y que inevitablemente la mitad de tu vida sea imaginaria, sea aquello que proyectas, esos lugares donde te gustaría estar y no estás. Aquellos papeles que crees que te darán pero no, aquellas respuestas a mails que nunca estarán en Recibidos y hasta, si nos ponemos frikis y soñadoras, esos discursos que darás agradeciendo un Goya revelación.

De esta situación de no tener trabajo como actriz pero considerarme una persona bastante creativa, resultona en la escritura y curiosa por la dramaturgia, decido emplearme a mí misma, hacer un yo me lo guiso yo me lo como. Es habitual que las actrices para poder actuar seamos también dramaturgas, directoras, productoras, compositoras, editoras, publicistas, vestuaristas, etc. lo que viene siendo una artista del Renacimiento (pero por supervivencia). Esto es algo que no se aparta de la obra artística sino que se rescata y se mantiene presente en esta ‘cosa de teatro independiente’, de ‘joven emprendedora con lo que tiene’. Hay latente un discurso constante de reclamación, de manifiesto de una generación gritando ¡Esto no es lo que nos prometieron!

Quiero viajar a ese mundo en el que sí salen las cosas. Empiezo entonces, sobre 2019, a confeccionar Paral·lel. Durante tres años escribo borradores, presento la idea a varias convocatorias junto a diferentes compañeras de barco… en este tiempo la idea va mutando pero encuentra un punto clave de partida. Hace años que uno de mis lemas es ‘El arte no es una respuesta, es una pregunta’. Encuentro que crear a partir de una pregunta funciona y me apasiona. ‘¿Qué pasa con aquello que creo que va a pasar y no pasa?’ Esta pregunta se convierte en la columna vertebral de la obra. ‘¿Sucede en un mundo paralelo? ¿Está hecho el arte de esa materia? ¿De nuestros deseos sin cumplir?’ Esto es parte del texto de la obra.

Por aquél entonces descubrí y me creí que era graciosa, hasta entonces no lo sabía del todo o bastaba con que viniera alguien a joderme la autoestima para no reconocer una de mis virtudes. ‘Creerme graciosa’, ya ves tú que cosa más chorrada, creo que fue un motor que sostuvo toda mi fe en el proceso. Porque poco se habla pero para llevar a cabo proyectos artísticos con pocos recursos necesitas mucha fe, necesitas algo que te haga mantenerte ahí con energía con creatividad. En mi experiencia creer y crear van de la mano, si estás jodida, si no te crees con posibilidades, crear es mucho más complicado. Tu mirada crece, es mucho más amplia y panorámica con una visualización positiva del resultado, imaginándote capaz en el proceso. Y si aparece un obstáculo suelo rescatarlo y resaltarlo, el teatro es tan real que no puedes esconder nada de lo que pasa, todo ha de estar incluido y abrazado. Algo bueno tiene ser artista y es que puedes hacer arte de una gran bola de mierda. Voy a parar que esto parece una artículo de autoayuda y no quiero que vomitéis entre la mierda y la autoayuda.

En 2022 aceptan el proyecto en los Ciclos Breves de la Sala Ultramar, una sala de mujeres a las que siempre les estaré agradecida. Yo contenta, después de los periódicos pandémicos, empiezo a ver la luz y tengo una pequeña oportunidad de comenzar mi identidad en el panorama valenciano. Por fin tenía una fecha de estreno, una pistola apuntando a mi cabeza como dice Laura Bellés mi compañera en Material, la última producción de Teatro de los chinos, que se llevó a cabo en el último Festival Russafa Escènica. Con este deadline me pongo a currar como una loca, le ofrezco a Alexander Lemus, a quién había conocido recientemente, que fuese mi partner en escena. Yo había escrito un personaje sin texto que utilizaba una cámara pero cuando pensé en ofrecérselo a él quería escribirle texto. Alexander me encajaba muy bien, porque está acostumbrado a manejar cámaras y tenía una vis cómica con la que me entendía. Por lo que le escribí a medida sus intervenciones para aprovecharlo al máximo. Ambos nos sentimos cómodos en escena improvisando y hacemos una dupla que funciona.

Otro elemento vertebral de la obra que apareció tarde es el coche teledirigido, Cochemami. Cochemami paradójicamente nos ‘conduce’ por todo este viaje, es el hilo, narrador-personaje. Un criado de la comedia del arte, pero moderno (con ruedas y un altavoz encima), muy cómplice del público, se encuentra constantemente tentado por los placeres que pueden disfrutar sus ‘superiores’: los humanos. La frustración de este personaje por poder amar, masturbarse, oler, mirar, casi le hace el personaje más humano de la obra. Los tres personajes (Cochemami, Alexander y Alida) tienen en común el deseo de ser otras. Por lo que la obra supone un viaje de aceptación que el público también se anima a realizar. Hay algo en la idea de ridiculizarse que nos lleva a este ‘camino de aceptación’. Puesto que los personajes están vendidos de una forma patética y el público, siendo honesta, tampoco sale bien parado convirtiéndose en un personaje más de la ficción y ridiculizándose también.

«Paral.lel». Foto: Satori.

Preparación

Como decía, si no tienes muchos recursos, ser actriz puede convertirse en ser la mujer orquesta. No negaré que hay una parte de mí que lo disfruta, que disfruta controlarlo todo y es verdad que me desempeño de una manera resolutiva en otras áreas como la música, la dirección de arte, el diseño o la comunicación. Había decidido, no sé en qué momento, no solo crear una obra sino también iniciar un sello al que llamé Teatro de los chinos. Algo así como una compañía de teatro, digo algo así porque por ahora tenemos dos producciones de teatro pero no me cierro a crear con Teatro de los chinos algo para otras disciplinas. Actualmente estoy estudiando el programa de Articulaciones en el IVAM, por la UPV y la UV y me estoy nutriendo de trabajos más relacionados con lo plástico, la instalación, la performance… trabajos que entran en la programación de un museo.

Volviendo a la creación de Teatro de los chinos. Quiero presentar algo muy mío, algo que se diferencie un poco de lo que hay ya en el mercado. Esto es algo ambicioso, pero bueno tanto Material como Paral·lel comparten un tipo de humor, comparten principios que tengo a la hora de crear como: buscar la atención constante del espectador, darle mucha importancia a la forma, al dispositivo, a cómo cuento algo, no solo el texto, concebir el continente como un contenido. Toni Agustí me dijo una vez que se me da bien hacer chorradas con sentido. Un poco es ese el que quiero que sea mi trabajo. Hay algo en la chorrada que es divertido, que te conecta con desear jugar, que conecta con cualquiera. Tal vez por ello mi obsesión con los cachivaches en escena (los coches, helicópteros, cantimploras, zapatillas de las Supernenas…), los objetos divertidos, los juguetes. El azúcar, como llamaba mi profesor Jean Paul Buchieri a este tipo de dispositivos tan apetecibles. Por lo que Teatro de los chinos se planteaba con una identidad juguetona, canalla pero con un discurso inteligente. He ido creando en estos dos años una línea de diseño propia, siempre las mismas tipografías, aunque con tonos diferentes para cada producción. En Paral·lel destacan el rojo y el azul sobre negros y blancos, esto lo vemos en escena y lo vemos también en el diseño gráfico de sus publicaciones digitales y físicas.

Soy muy detallista, me gusta vivir el teatro como una experiencia. Por lo que invierto en pijotadas como pegatinas o postales, unos souvenirs que siempre vienen bien para la publi.

En la versión corta de la pieza conté con la colaboración de Isabel Miralles en la escenografía y en la regiduría. En el estreno de la versión larga en Noviembre de 2022 se afinaron más cosas, se añadieron escenas nuevas, aunque manteniendo la tesis de la pieza y el hilo argumental. Se incorporaron al proyecto Paula López Collado y Paula María Martínez, en la regiduría, producción y ayudantía de dirección. Comentar también que las luces fueron un diseño de mi amigo George Marinov quien está despuntando ahora como técnico de la gira de Macarena Recuerda y en la Sala Réplika de Madrid, en quien confío plenamente por su conocimiento, sensibilidad y gusto. Todas las funciones han sido lanzadas por Jota R. Pérez, también el técnico de la Sala Ultramar desde hace muchos años con quien también trabajo a gusto. Cuando estuvimos creando la versión larga agradecí mucho la presencia de una visión externa como la de las Paulas, en el proceso de creación. Es posible escribir, dirigir y actuar bien, pero si tienes alguien fuera es mejor. Alguien que conozca tus códigos artísticos y no pervierta tu imaginario o tu hacer. Ensayamos/creamos varias semanas en la Pina Submarina hasta que entramos en sala y de alguna forma la obra también se va ensayando durante las funciones, vas comprobando qué materiales teatrales son más oportunos o menos.

«Paral.lel». Foto: Satori.

La obra

Es verdad que la obra es arriesgada. A mí no me conoce nadie y como han dicho ‘he hecho lo que me sale del coño’ y ha salido bien. Es un no parar de idas de olla, claro que había un miedo de que el público no entrara en el código o no se riera. Pero no lo escuchaba mucho. Es que la apuesta es esa, es tensar la cuerda hasta la máxima incomodidad y esa valentía de meterse ahí, en el fango, creo que es lo que hace que ‘lo compres’, que compres todas esas chorradas, porque de alguna manera sabes que no son chorradas. Bueno esto es lo que quiero conseguir, pero como en todos los bolos, en unos se consigue más que en otros. O en unos el público te lo expresa más que en otros. Supongo que estas ‘faltas de protocolo’ que caracterizan a la obra no producen rechazo en el espectador (generalmente), por este humor atrevido o la intriga de no saber qué será lo siguiente. Otro motivo puede ser la apuesta por, aun siendo una pieza de autoficción, no mostrar a los personajes ni como víctimas ni como héroes, sino muy destapados mostrando sus lados feos, sus contradicciones, pensamientos absurdos y deseos poco éticos. Algo que los hace entrañables hacia el público. Lo pone todo al mismo nivel. Yo quería hacer un teatro para todos los públicos, no un teatro para actores, ni solo para culturetas, aquí todos somos lo mismo. Los actores, los espectadores, las máquinas. De momento nadie es más que nadie en este espacio y la obra la hacemos todos. Creo que la única forma de que la cultura revolucione algo es que quiera ser consumida, los vicios mueven el mundo y para eso cuanto más público atraiga mejor.

Estoy muy contenta con el resultado que tuvimos el año pasado, la crítica fue muy buena, hicimos sold out y me sentí orgullosa de haber creado con desenvoltura mi primera obra así con más peso junto a un equipazo en el que incluyo también la presencia de mis padres y amigos.

Tengo un poco de pánico por cómo va a ir la reposición de la pieza. Me pongo a temblar siempre al principio de una obra, aunque la haya hecho muchas veces, siempre me pongo nerviosa y nunca me siento preparada. Pero salgo al ruedo igual, como saldré esta semana.
Veníos esta semana de jueves 9 de noviembre al domingo 12, a las 20h en la Sala Ultramar de Valencia. En la Calle Alzira 9 cerca del Metro de Ángel Guimerà. Entradas aquí.