Silvia Martí Marí recupera en ‘Un vacío en Nueva York’ la memoria de la emigración valenciana a Estados Unidos a través de fotografías, esculturas e instalaciones.

La historia de la emigración valenciana también se escribe a través de los objetos familiares, los lugares de encuentro y los recuerdos que han sobrevivido al paso del tiempo. La artista Silvia Martí Marí (València, 1966) reconstruye parte de esa memoria en Un vacío en Nueva York, una exposición que conecta su historia familiar con la de los miles de valencianos que emigraron a Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo XX.

La muestra, presentada en el Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC), combina fotografía, escultura, archivo e instalación para explorar una huella que todavía permanece en la ciudad norteamericana. El proyecto parte de una experiencia personal: la muerte de su tía Margarita Catalina Ripoll Hansen, última representante de una rama familiar instalada en Nueva York desde 1916.

El título alude tanto a esa ausencia familiar como a los vacíos de una memoria colectiva que apenas se ha contado. En lugar de reconstruir de manera exhaustiva el pasado, Martí Marí trabaja con sus lagunas, silencios y fragmentos. Los objetos heredados adquieren una dimensión escultórica y los gestos de conservación y cuidado se convierten en formas de mantener viva la memoria.

La investigación también se nutre de los encuentros con otros emigrantes y de los recorridos que la artista realizó por Nueva York. «Antes de convertirse en esculturas, fotografías o instalaciones, muchas de las obras empiezan siendo una experiencia física en el espacio», explica Martí Marí, que volvió a recorrer en 2024 algunos de los itinerarios que había compartido con su tía.

La exposición amplía así el relato familiar para acercarse a la experiencia colectiva de quienes se marcharon, de quienes permanecieron en su lugar de origen y de quienes regresaron. Entre los elementos que aparecen en las obras están el turrón enviado por los familiares desde València, los capazos de palma y la arquitectura de Rafael Guastavino, el arquitecto valenciano que dejó su huella en edificios emblemáticos de Estados Unidos, entre ellos las bóvedas de Ellis Island.

Una Little Spain con raíces valencianas

Entre los lugares recuperados por la investigación destacan La Nacional y Valencia Bakery, dos establecimientos vinculados a la emigración española que siguen activos en Nueva York. La Nacional nació como una cooperativa de apoyo a las personas recién llegadas desde España y continúa funcionando como restaurante y espacio de encuentro. Su historia permite acercarse al reconocimiento de una Little Spain en el entorno de la calle 14, donde se concentró parte de la comunidad española.

Valencia Bakery, por su parte, fue fundada por inmigrantes valencianos procedentes de Tàrbena, el pueblo natal de la artista. Durante los años cincuenta llegó a contar con 27 establecimientos repartidos entre Nueva York, Nueva Jersey y Puerto Rico. Actualmente mantiene cinco locales y ha vuelto a ganar visibilidad gracias a sus pasteles personalizados, que aparecen en el videoclip de Un verano en NUEVAYoL, de Bad Bunny.

La muestra incluye también una instalación dedicada a los 15.700 valencianos que emigraron a Norteamérica desde distintas comarcas valencianas y cuyos nombres quedaron registrados en el Great Hall de Ellis Island, el espacio donde se tramitaba la entrada de los inmigrantes al país.

Con Un vacío en Nueva York, Silvia Martí Marí propone una aproximación a la emigración desde la experiencia íntima y la memoria material. Una historia que trasciende las biografías individuales para recuperar los vínculos entre València y Nueva York y las huellas que las comunidades migrantes dejaron a ambos lados del Atlántico.