
Andrés Neuman. Foto: Rodrigo Valero
En Hasta que empieza a brillar, Andrés Neuman rescata la figura de María Moliner, su lucha por las palabras y su legado entre la filología y la memoria.
En muchas casas ha sido una presencia con un lugar más o menos señalado en la estantería. Él mismo, el objeto, en su edición abreviada del año 2000, define su esencia como «Libro en que se da una serie más o menos completa de palabras de un idioma o de una materia determinada, definidas o con su equivalencia en otro idioma, generalmente en orden alfabético» y a quien le ha hecho, el humano, como «Diccionarista: persona que hace diccionarios = lexicógrafo». Diccionarista, bibliotecaria, profesora, educadora y figura intelectual de la València republicana fue la autora de las citadas definiciones: María Moliner, responsable del Diccionario de uso del español y la protagonista de la última novela de Andrés Neuman (Buenos Aires, 1978): Hasta que empieza a brillar.
El libro editado por Alfaguara toma su título de «I know nothing in the world that has as much power as a word. Sometimes I write one, and I look at it, until it begins to shine», la cita de Emily Dickinson que refleja esa ordenada, metódica y filológica obsesión de María Moliner que finalmente fraguó en el diccionario más conocido con su nombre y apellido que con ese prosaico Diccionario de uso del español. «Me pareció que esa frase de Dickinson no solamente es bellísima en sí misma, sino que resume una cuestión importante para María Moliner: el prodigio que cada palabra nos ofrece cuando le prestamos atención y la cuidamos en el sentido que decía María Moliner de cuidar. Esa paciencia de esperar a que una palabra brille y propiciar su su fulgor es algo que la poesía hace y la lexicografía, también», explica Neuman.
La definición de cuidar en el Moliner es «a primera vista rara y anómala incluso para ella misma, que suele ordenar por frecuencia de uso las acepciones porque es un diccionario de uso. Con “cuidar” hace una excepción y por eso hay que prestarle atención. Dice que cuidar es pensar o discurrir, y se remite al a la etimología de cuidar: cogitāre». Del cogitāre latino, “pensar” hasta el cuidar, que es poner atención a algo o a alguien, en el más puro sentido de la ética de la atención de Iris Murdoch.
«María Moliner pasó en esta tierra probablemente los años más importantes de su vida y los que con más nostalgia recordó. Fueron los más luminosos y los más tristes. Además aquí se criaron sus cuatro hijos y nacieron dos de ellos». A principios de los años 30 la bibliotecaria fue destinada al archivo de la delegación provincial valenciana de Hacienda y más tarde pasó a dirigir la Biblioteca de la Universidad de València. «En València es donde completó sus años más importantes como bibliotecaria. Después lo fue, pero represaliada por el régimen y sutilmente desterrada a una biblioteca de la Escuela de Ingenieros Industriales que no podía de ningún modo motivarla como la motivaron las bibliotecas rurales que fue inaugurando y cuidando». En 1935 la tenacidad de Moliner se tradujo en 105 bibliotecas rurales repartidas a lo largo del territorio valenciano.
«Cuando nos recuerda que “cuidar” viene de “pensar”, y “recordar” es volver a hacer pasar por el corazón, lo que hace es reconciliar lo intelectual y lo afectivo, lo abstracto y lo cotidiano. Ella se pasó la vida haciendo eso. No solo como lexicógrafa, como bibliotecaria en Valencia ella publica dos textos fundamentales que abarcan esas dos esferas: por un lado publica las instrucciones para pequeñas bibliotecas, que son un manual material y cotidiano de cómo ejercer el oficio bibliotecario que incluye respuestas a preguntas cotidianas como ¿qué hacer si te desanimas? ¿De qué material deberían ser las estanterías para poder limpiarlas mejor y evitar que ardan en caso de incendio o de bombardeo? ¿Cómo engatusar al público para que se enamore de la lectura? y al mismo tiempo publica el Plan Moliner, un proyecto de ley para articular las bibliotecas del Estado».
De alguna manera en la novela convergen dos de las líneas narrativas con las que más disfruta el ganador del premio Alfagura: la filología y los abuelos. «Investigué como loco sobre su vida. Tomé infinidad de notas y fui poco a poco sintiendo que me había convertido en un nieto imaginario. En el sentido de quererla tanto y recordar su vida. En mis libros las abuelas ocupan un lugar extremadamente importante». Neuman, al cruzar la frontera entre la investigación y la ficción, se sitúa en la posición de un narrador en tercera persona muy cercano, como el nieto que completa los huecos de la historia familiar que le ha llegado. Este respeto por los ángulos muertos que nos impiden saber realmente qué sintieron las personas que casi no han dejado testimonio autobiográfico implica aceptar que «por mucho que estudiemos a María Moliner, hay muchas cosas que nunca sabremos de ella. Hay muchos interrogantes».
Lo que le interesa al argentino con Hasta que brille es «el imaginario colectivo, hay muchas personas que tienen el Moliner en su casa y es poco lo que saben de su autora, aunque ha conseguido ser una obra de consulta y de afecto transmitida entre generaciones de una familia. Es interesante que lo llamemos el Moliner, porque hemos humanizado un diccionario y lo hemos cargado de significado vital. Sentía que pasar de la admiración por su diccionario a divulgar a la persona entera era un paso que la narrativa podía dar».
La novela abarca su desempeño en la Institución Libre de Enseñanza dentro del proyecto de las Misiones Pedagógicas, la relación con la Real Academia Española, que le valió aquello de «una académica sin sillón», el exilio interior por la represión franquista y antes que todo eso, las relaciones familiares y el abandono de su padre, que no regresó de hacer las Américas. «Cuando su padre abandona la familia ella se tiene que poner a trabajar para autofinanciar sus estudios, lo cual le dio una idea de la precariedad material y una conciencia de clase con respecto al conocimiento». Si Andrés Neuman pudiera interrogar a María Moliner «le preguntaría por su padre. Vivió dolida con ese abandono toda su vida y al mismo tiempo se pasó la vida estudiando como él le dijo. Estudió por él, pese a él y contra él». El resultado fue «que su diccionario es una catedral lingüística. Moliner vuelca todo lo estudiado. “Estudio” significa esfuerzo y si hay una vida forzada, demonios, es la de María Moliner».