
Sergio Luna presenta Ferd. Fischmaller, un fotolibro que explora los límites entre realidad y ficción a partir de un misterioso archivo fotográfico hallado en la Marina Alta. Editado por Festiu, el proyecto reconstruye la figura de un supuesto fotógrafo alemán y plantea una reflexión sobre la memoria, la autoría y el poder del relato visual. Hablamos con el artista sobre este libro, que se presenta el lunes 20 de abril a las 19h en Bernal A Costa.
Ferd. Fischmaller es un proyecto editorial ideado por Sergio Luna a partir del hallazgo de un archivo fotográfico atribuido a un enigmático autor alemán. El libro, editado por Festiu y con diseño de Estiu e Irene Aurell, se mueve en un terreno ambiguo donde el documento histórico y la ficción conviven sin necesidad de resolverse.
Todo arranca con un conjunto de negativos: centenares de retratos femeninos y una serie de imágenes inquietantes, a ratos incómodas, de carácter erótico. A partir de ahí, Luna construye una narrativa visual fragmentaria, organizada en pequeñas secuencias que no buscan cerrar el sentido, sino sugerirlo. Poco a poco emerge una posible historia: la de Ferdinand Fischmaller, un supuesto fotógrafo alemán que habría pasado una temporada en la Marina Alta alicantina. Pero nada termina de encajar del todo, y ahí está precisamente la clave.








Lejos de aclarar el origen del archivo o de embarcarse en una búsqueda , el libro de formato reducido e impreso en Impresum, incorpora un breve libreto —publicado como encarte— que añade más dudas que certezas. En lugar de resolver el misterio, lo amplifica, cuestionando tanto la autoría como la veracidad de lo que vemos. Así, Ferd. Fischmaller funciona no solo como un fotolibro, sino como un juego especulativo sobre la memoria, el archivo y la construcción de los relatos.
Con una trayectoria que combina proyectos individuales, colaborativos y expositivos, Sergio Luna firma aquí uno de sus trabajos más complejos: un libro que reproduce esa sensación de hallazgo y deja al lector —o espectador— la libertad de interpretar el enigma a su manera. Hablamos con él sobre este proyecto que se presenta este lunes 20 de abril a las 19h en Bernal A Costa (C/ de Conca, 97, Bajo, Patraix, 46007 València) con la presencia del autor y los editores.
— ¿En qué momento sentiste que este hallazgo dejaba de ser una investigación personal para convertirse en un libro?
No sé exactamente cuándo llegaron a mí los negativos, probablemente hacia 2015. Desde entonces han estado olvidados en un cajón de mi estudio, metidos en varios paquetes de papel. Por aquellos años estaba muy interesado en el retrato fotográfico y mi idea siempre fue hacer algo con estas imágenes, pero cada vez que me topaba con los paquetes los ojeaba por encima y volvía a guardarlos. Finalmente, hace algo más de un año empezó a rondarme la idea de zanjar el asunto, darle forma de libro y olvidarme así de hacer otro tipo de proyecto.
— ¿Hasta qué punto te interesaba que el lector dudara de la veracidad de la historia? ¿Hay una voluntad consciente de construir un relato en la frontera entre realidad y ficción?
Sí, claramente existe esa voluntad. La poca información que tenemos sobre el origen de los negativos tiene más sombras que luces y es un relato pobre, sin mucho interés. A pesar de ello, hay algunos datos que sirven para ubicar la historia en una zona geográfica y un tiempo concreto. La idea del libro venía de la mano de un relato ficticio que le diese sentido al archivo y que funcionase para convencer —tanto al lector como al propio autor— de que el personaje de Fischmaller existía de algún modo.
— ¿Cómo fue el proceso de edición del archivo? ¿Qué criterios seguiste para seleccionar las imágenes que finalmente aparecen en el libro?
El primer paso fue digitalizar todo para tener una visión de conjunto del archivo. De hecho, hasta ese momento no habíamos visto todas las fotografías que lo componían. A partir de ahí se barajaron varias opciones. Se contempló la idea de incluir todas las imágenes a pequeño formato, como una colección de hojas de contacto. Posteriormente pensamos también en hacer una selección creando grupos cromáticos o usando como criterio la pose de los retratos. Finalmente, la selección incluye una muestra anecdótica del archivo que va creando una narración visual a partir de pequeñas secuencias de fotos que culmina con la imagen que da sentido a toda la colección.
— En relación con las ausencias: ¿crees que lo más importante del archivo es lo que muestra o lo que falta?
Si te refieres a la publicación del libro, quizá lo más importante se encuentra en lo que no podemos ver. Como decía antes, solamente se muestra una pequeña parte del archivo. A pesar de que las imágenes pueden resultar repetitivas, cada serie de fotografías tiene sus propias características y, dentro de cada serie, cada imagen es un mundo.
En cuanto a lo que pueda faltar del material que nos ha llegado, creo que faltan muchas cosas, ya que resulta extraño que sea tan homogéneo. Pero esta extraña homogeneidad le da un encanto que quizá el resto del archivo no tenga.
— ¿Qué te sugieren esas imágenes que parecen no haber sido concebidas para ser vistas? ¿Las entiendes como un gesto íntimo, transgresor o incluso problemático?
En general, el archivo tiene un aspecto misterioso y no parece que tenga una pretensión artística, sino que en su conjunto más bien se trata de retratos que funcionan como la cara B de otros trabajos de mayor envergadura. Luego están esas otras fotos que aparecen ocultas como bonus tracks y que, con una composición y puesta en escena cuidada, parecen un juego privado del fotógrafo.
— ¿Cómo dialoga tu papel con el posible deseo del autor de mantener oculto ese material?
Es una posibilidad con la que hay que lidiar. Nunca sabremos cuál era el fin de estas imágenes ni si de algún otro modo hubiesen acabado publicadas, pues, cualquiera que sea su naturaleza, la deriva de las imágenes es impredecible e incontrolable. En cualquier caso, el archivo, tal y como se ha reflejado en la publicación, se trata desde una posición respetuosa, incluso separándolo físicamente de la ficción, ya que el relato se publica en forma de encarte en el propio libro.
— ¿Quién es realmente Fischmaller para ti: un personaje histórico, un mito o una construcción narrativa?
Pues, si bien al principio era una construcción que se creó para darle sentido al archivo, con todo el proceso del proyecto ha ido cambiando su posición, situándose como un personaje histórico que resulta el autor incuestionable de las imágenes que se presentan.
— ¿Hasta qué punto te sientes cómodo reinterpretando un archivo ajeno, especialmente cuando su contexto es tan difuso?
El trabajo con archivos ajenos desde la ficción proporciona una libertad que otro tipo de imágenes no aporta. Y es precisamente esto, la ambigüedad del contexto, lo que permite crear una historia ad hoc para recrear un entorno que prácticamente no existe.

— La desaparición tanto del fotógrafo como de JF introduce una dimensión casi novelesca: ¿te interesa ese componente de misterio como motor del proyecto?
Sin duda. La falta de estos dos elementos es lo que empuja, dentro del relato, a publicar el archivo, y esa ausencia dota de mayor intriga —y, por lo tanto, mayor interés— al conjunto.
— ¿Crees que el libro resuelve algo o, por el contrario, está pensado para abrir más preguntas que respuestas?
El libro juega al despiste y es fácil caer en la trampa de creer haber resuelto el acertijo; basta hacer una búsqueda rápida en internet para descubrir que Ferdinand Fischmaller no existe. Lo más difícil es aceptar el reto y preguntarse qué subyace detrás de las pistas que tenemos: por qué aparecen dos nombres similares pero distintos, quién es realmente el personaje masculino que posa mientras fuma o cuál es el origen probable del archivo.
— ¿Qué papel juega el territorio —Jávea, la Costa Blanca— en la construcción del imaginario del libro?
El archivo llegó a nuestras manos desde allí, por lo que ya existe una conexión mínima. Por otro lado, el único dato que quizá sepamos casi con cierta seguridad de Fischmaller es que se movió durante algún tiempo por esta zona. Aun a riesgo de que pueda ser un dato fraudulento, el hecho de contextualizar la historia en este lugar es crucial para aferrarnos a algo tangible.
— Si pudieras encontrar una sola pieza más del archivo perdido, ¿qué te gustaría que fuese?
Una fotografía de Ferdinand Fischmaller y su mujer.










