Nicolás Petelski (Moose Factory). Foto: Sandra Zahonero.

Nicolás Petelski nació en Argentina, ahora vive en Irlanda y la mayor parte de su vida lo ha hecho en València. Ahí puso en marcha Moose Factory, proyecto con el que ha grabado un minilp y un disco grande, Dying Birdwatchers, folk de habitación con las ventanas muy abiertas, una joya que en este 2020 tan aciago no ha tenido el recorrido que merece. “Diría que Moose Factory nació un poco por la abrumadora cantidad de demos e ideas de canciones que había estado acumulando a lo largo de los años, pero también por la naturaleza de mi trabajo. Estudié Bellas Artes y desde que me gradué en el 2017 he estado trabajando de animador para varios estudios, lo que me ha obligado a estar constantemente desplazándome, puesto que normalmente se nos contrata para trabajos concretos y una vez acabado tenemos que buscarnos la vida en otro lado. El no estar en un sitio fijo me impidió un poco montar proyectos con otras personas, por lo que decidí tirar por otro método, el de producirlo todo yo solo, de forma DIY, grabando las canciones en las habitaciones donde iba parando, de forma bastante rudimentaria”.

Antes de Moose Factory, Nicolás tocó en otras bandas “principalmente grupos de covers, como buen quinceañero que ha escuchado demasiado a Metallica, pero también proyectos un pelin más ambiciosos, como un grupo de ska-punk llamado Babatuba“. Con ellos descubrió que le gustaba mucho componer, había pasado de aprenderse las versiones que tocaba a crear canciones para una banda de nueve integrantes. “También me gustaría destacar un pequeño dúo que monté con un amigo de la infancia y que consistía en grabar burdas imitaciones de grupos de metalcore con una calidad bastante cuestionable, pero es una de las etapas que más añoro sinceramente, y fue lo que me llevó a interesarme en la producción casera . Esa ingenuidad con la que componemos y buscábamos distintos sonidos es algo que me ha costado replicar a pesar de tener ya más experiencia, y es algo que intento buscar en todos mis proyectos”.

¿Cómo ha sido tu relación, durante estos años, con la escena musical valenciana?

Me gustaría decir que bien, pero desgraciadamente nunca he llegado a tocar ninguna de las canciones en directo,y aunque este año tenía previstos algunos bolos, nuestro amigo el covid se aseguró de que aquello no pasara. Sin embargo, tuve la oportunidad de conectar un poco con la escena gracias a un proyecto que llevé a cabo junto con una amiga mía, y también músico, Sandra Zahonero. El proyecto llamado Pandemia VLC fue una especie de mixtape donde pedimos a varios artistas de Valencia que grabaran un track inédito en sus casas y lo mandaran para luego recopilarlo. Fue una muestra de camaradería bastante cautivadora, especialmente durante los momentos complicados de la cuarentena. La mixtape se puede encontrar en soundcloud, youtube y bandcamp.

Dying Birdwatcher es tu primer disco largo, después del mini Moose Factory. Una segunda entrega en la que las canciones son más canciones, a todos los niveles.

Me parece interesante que digas eso porque para mí, Dying Birdwatchers es un poco más inconexo que mi primer EP. En el mini intenté usar una temática que uniera las canciones y contara un poco las desdichas de tener que estar dando vueltas y ciertos conflictos emocionales que tenía por entonces. Con este LP decidí ser más libre y escribir sin una temática concreta, incluso ni yo sabría decir realmente de qué va el álbum, además de añadir más elementos electrónicos, secuenciadores de ritmos y sintetizadores para variar un poco y que no fuera todo tan acústico. Aún así siento que en cuanto a producción y estructura he dado un salto adelante, aunque mejorable. Componer es algo que nunca se aprende del todo, y aún me queda un largo camino para estar cómodo con lo que hago, pero ahí vamos. Todavía estoy buscando mi “sonido”, así que poco a poco.

¿Esa búsqueda de tu sonido es la que te lleva a trabajar prácticamente solo?

Por lo que respecta a Moose Factory, siempre me he sentido más cómodo produciendo todo yo solo. Digamos que es un ritmo que se adapta a tus necesidades. No dependes de otras personas, puedes empezar a grabar y acabar cuando puedas, y nunca hay esa sensación que estar haciendo perder el tiempo a otra persona mientras retocas una sección por vigesimotercera vez. No digo que sea este el método que emplearé siempre, pero es agradable tener un proyecto al que puedes dedicar tu tiempo a solas y olvidarte de lo que te rodea por un rato. Es una actividad bastante zen la verdad.

Por el tipo de música (folk acústico, synth-pop), por el tipo de grabación y producción…resulta todo muy orgánico, muy artesano, pero al mismo tiempo como muy espacial, muy expansivo.

Artesano sería la mejor forma de describirlo. Al moverme tanto y no estar en un sitio concreto mucho tiempo no tengo siempre a disposicion un estudio completo, con lo que debo de recurrir a un set bastante limitado. Son estas limitaciones lo que le dan ese toque especial al álbum. Hoy en día la música DIY se ha establecido como algo totalmente normal y tenemos bandas como Surf Curse, Luca Bocci, Homeshake… sacando música bastante competente. Es casi un milagro que la producción musical sea tan accesible hoy en día. Es la falta de recursos lo que le da ese carácter tan particular y a la vez espontáneo. Afortunadamente ahora mismo estoy en Irlanda con un contrato bastante largo, por lo que voy a poder montar un estudio más completo y experimentar un poco más en lo que respecta a sonoridad. Más música, más diversión.

Dying Birdwatcher está grabado entre València, Madrid y ¡el ático de un colegio de curas en Irlanda!

El proceso fue bastante lento la verdad, puesto que todo lo grabo yo a solas y solo tenía fines de semana disponibles para grabar. Al final uno graba cuando puede, en los ratos libres, hasta que se convierte en un hábito. En lugar de dedicarle largas sesiones, le dedicaba como una hora diaria más o menos, como quien coge el hábito de leer un libro, meditar o estudiar. El hecho de grabar en tantos sitios distintos debería afectar el resultado técnicamente, pero al ser la calidad tan burda y lo-fi desde el principio, todo se acaba homogeneizando bastante, hasta el punto de sonar todo igual. Mal, pero igual.

¿Cómo compones?

Cada canción es distinta, a veces viene la melodía primero, otras veces son los acordes, uno nunca sabe. Todavía no llevo tanto tiempo como para tener un método, pero suelo empezar siempre con la guitarra, que al final es mi instrumento principal y con el que me siento más cómodo. Todas las secciones donde hay teclados, vientos o sintetizadores probablemente fueron concebidas inicialmente con una guitarra. Una canción puede llevarme días, meses, o solo minutos. Es una ruleta de la fortuna la verdad.

Aunque hemos hablado de folk acústico o synth-pop, hay un concepto que define el disco, una suerte de psicodelia acústica, que busca la evasión de quien escucha las canciones, utilizando para ello como recurso ciertas repeticiones que pueden ser, salvando las distancias, como mantras, también está el final de Untitled, con ese aire espacial al que hacíamos referencia antes…

Estoy de acuerdo. Es una música más de evadirse que otra cosa, el tipo de música que no suele ser muy entretenida en directo, puesto que es más de estar quieto con un cubata en la mano que bailando, pero sí puedo ver cómo este álbum es más escuchable en casa, en un ambiente más relajado. En cuanto a lo de repetitivo, creo que es la faceta de mi personalidad que más se puede ver en mi música, sobre todo en las canciones instrumentales. Suelo ser bastante complusivo y darle muchas vueltas a las cosas de forma obsesiva, de ahí esa tendencia a hacer mantras y repetir secciones varias veces. Me gustaría explotar más este recurso, con temas más largos, pero no se si la gente aguanta canciones de 8 ó 10 minutos.

Ninguna de estas canciones han sido tocadas en directo y no sabes si lo quieres hacer.

Creo que se debe en parte a que tocar las canciones es una comida de cabeza. Nunca grabé los temas pensando en tocarlos en directo, y por esto hay canciones con 10 ó 15 instrumentos, efectos de sonido, muchas pistas de voz. Aunque tampoco es una excusa, ya que siempre se puede salir al escenario con una versión adaptada y más simple. También, como he dicho en la pregunta anterior, no veo cómo este tipo de música tan calmada puede ser entretenida en directo.

¿Qué grupos o músicos te interesan?

Estoy intentando diversificar un poco lo que escucho, aunque al final siempre vuelvo a los mismos géneros. Últimamente me he estado interesando por artistas lo-fi como WHY?, Cloud Control, TV Girl,… intentando “copiar” el tipo de producción que llevan. Soy más de centrarme en géneros que en artistas concretos. Me llama la atención el midwest emo (Modest Mouse, The Front Bottoms), el post punk/ new wave (Molchat Doma, Surf Curse, Sonic Youth), el R&B (Thundercat, Moses Sumney, Anderson .Paak) artistas en solitario como Milo, Jeff Rosenstock, Sufjan Stevens, Bon Iver, Andrew Bird, John Grant

¿Y el futuro de Moose Factory hacia dónde apunta?

Tengo bastantes proyectos la verdad, otra cosa es la falta de tiempo. Llevo arrastrando varias ideas que me gustaría desarrollar en un futuro próximo, como un LP de musica R&B / electrónica que estoy produciendo, otro proyecto de post punk que me gustaría empezar a mover y una especie de space opera con énfasis en el storytelling, mezclando el concepto de álbum y podcast. También tengo proyectos de animación en standby, guiones de cortometrajes y otras cosas que me gustaría llevar a cabo, así que tengo para estar entretenido un rato.