Hablamos con Ricardo Lezón ahora que sus McEnroe vuelven a Valencia. El plan es el próximo domingo, 17 de mayo, a las 11:30, con una nueva entrega de Serialparc, de la mano Cervezas Turia y Arroz Dacsa, en Orriols. En el cartel, McEnroe junto a Pep Mirambell (ex Els Jóvens). Apetece por la primavera en su esplendor, el parque, la familia, su postureo, el bonico ambiente y mejor temperatura y, sobre todo, por la conquista musical de un espacio perfecto para el disfrute sónico y emocional. No hay excusas.

En emocionar a la afición valenciana McEnroe tiene experiencia. Ahora se asoman con La vida libre (Subterfuge, 2025), pero la conversación empieza tirando de nostalgia. De aquellas sus primeras veces en esta orilla del Mediterráneo, de ellos que son tan de Getxo (Vizcaya), a un margen de la ría y con arena al Cantábrico.

Hace mucho tiempo de todo aquello, tanto que las fechas se nos traspapelan. En todas aquellas citas, las de entonces y la de ahora en la que hacen un Serialparc, estuvo Quique Medina como puente y anfitrión. ¿La primera vez fue en un aniversario Vinilo Valencia o en el primer Deleste en Rambleta? Ricardo Lezón se ve por primera vez en Valencia tocando en Wah Wah “en un formato muy raro, Edu y yo, sólo con guitarra y batería, como los CalaVento, pero en malos”.

La hemeroteca ordena recuerdos y sensaciones: antes fue un concierto que debió ser como un sueño en Rambleta. “Aquel día fue increíble, que no sabíamos si era verdad o qué. Recuerdo que tocamos ‘Mundaka’ y al acabar todo el mundo estaba de pie y gritaban ‘¡McEnroe, McEnroe!’ Joder, qué pasada, fue increíble”.

Eso lo debe explicar todo. Aquel concierto debió ser como experiencia extracorpórea o algo así. Era octubre de 2012 y en la crónica que escribimos para Redacción Atómica decía, fue un “momento mágico e inolvidable el concierto de McEnroe. La emoción del auditorio alcanzó cotas enormes con el directo de los vascos. Crudeza y delicadeza. Las canciones surgieron con temple artesanal. Doliendo en lo más hondo de puro placer. El auditorio se puso en pie para ovacionar a unos McEnroe enormes que confesaron que nunca antes habían recibido tantos aplausos. Las canciones traspasaron las líneas emocionales una tras otra. La interpretación de ‘Tormentas’ fue sobrecogedora. Fue el momento mágico del festival, un concierto imborrable. De esos que te dejan roto”. Lo de Wah Wah con guitarra y batería fue cuatro meses después, en febrero de 2013, y allí todavía regresarían en noviembre de ese año. Pero ahora volvamos al presente.

El presente es ‘La vida libre’

McEnroe el año próximo soplará 25 velas y ahora están con La vida libre. “Es un disco que nos ha vuelto a unir con todo, con la idea del grupo. Estábamos prácticamente desaparecidos. El disco ha sido un poco inesperado y muy celebrado, la verdad. Nos ha vuelto a reconciliar con todo lo que éramos y que seguía un poco vivo, pero muy apartado”.

La vida libre es el regreso seis años después de la banda como tal. Alrededor ha habido varios proyectos, siempre con Ricardo Lezón como centro y alma. ¿Cómo organizas esas carpetas?

Los artistas americanos que me gustan y sigo siempre lo han hecho de la forma más natural: tienen un montón de proyectos y sacan discos. Aquí en cambio las trayectorias se entienden como muy marcadas. Y yo me he ido apuntando a las cosas que me apetecía en cada momento.

McEnroe ha sido siempre y sigue siendo un grupo amateur. Sigue con ese espíritu. Nadie se dedica a la música ni tiene trabajos cercanos a ella. Pero a mí la música me ocupaba más espacio en la vida, estaba más volcado y si podía hacerlo con ellos, pues muy bien; si estaban a otras cosas, lo iba secando y tenían entidad propia. Por ejemplo, en el proyecto con Ramón, aparece McEnroe, pero estoy yo sólo.

Aguas termales

La vida libre está en las pequeñas cosas, detalles y destellos de felicidad. De alguna manera la canción ‘Aguas termales’ recoge esa idea. Haciendo un paralelismo, la vida cañón de Alcalá Norte (barra) la vida libre, y ese placer de escuchar las canciones que escribes en tu propia habitación, como también canta en ‘Aguas termales’. Lo explica Ricardo Lezón:

“Tenía muchas ganas de escribir algo sobre escribir canciones. Sobre lo que a uno le aportan, de dónde salen, para qué sirven, qué sentido tienen o si es que tienen que tener algún sentido. En el libro Lento y Salvaje también tenía esa idea, la de intentar contar qué significa o de dónde sale todo ese proceso de escribir canciones.”

¿Es un oficio escribir canciones?

Según cómo te lo tomes. Tal y como me lo tomo yo es una labor de artesanía que no puedo dejar de hacer y que me provoca mucho bienestar y felicidad. Pero si no tengo nada que decir tampoco pasa nada si no me pongo a hacer canciones. Hay temporadas en las que no me sale y no lo fuerzo mucho. Prefiero esperar a que llegue el momento. Creo que se acerca más al oficio del artesano.

Me gusta pensar que somos un grupo con espíritu y funcionamiento amateur. No vamos a tocar gratis, claro, y vendemos entradas, pero el espíritu se transmite cuando nosotros salimos ahí a tocar. Dependemos mucho de la gente. Todo lo que nos llega desde fuera nos afecta mucho. Somos una banda frágil, no ensayamos mucho, no somos grandes intérpretes, pero salimos ahí y eso se transmite también: toda esa fragilidad, ese temor, todo eso se transmite y se crea como una atmósfera muy parecida entre lo que hay en el escenario y lo que está afuera. Me espanta la palabra comunión, pero en el concierto es como si todos somos todo, y nosotros somos público también.

A mi me encantaría salir ahí y dominar el escenario, con unos músicos de la hostia y tocar y tal, pero no pasa. Entonces sales ahí y es como si fueses público también.

Todo eso ha jugado a favor nuestro. El espíritu amateur, ensayar poco, vivir en ciudades diferentes, juntarnos es una odisea. Pero eso que puede ser un lastre, para nosotros ha sido un motor.

Capacidad de elección

La vida libre es McEnroe. Ricardo vovió a vivir en Getxo tras varias vueltas. Y en Getxo sigue desde hace seis o siete años. Eso también es libertad. Se explica él mismo: “Soy consciente de que tengo una capacidad de elección limitada. Todos la tenemos: tienes que ganar dinero, tienes que vivir, pero hay una parte en la que eliges tú, y hay que cuidar mucho esa parte e intentar hacerla cada vez más grande. Tener capacidad de elección cada vez más, no pasar por ciertas cosas que no quieras pasar e intentar tener una vida lo más cercana posible a lo que sientes. Hay un texto que me gusta del checo Václav Havel en el que dice que todos somos como dos, uno es el que se enfrenta al mundo, a la vida tal y como está marcada, y el otro que llevas dentro es el que se emociona con cosas y lo que querrías ser. Al final se trata un poco de que se den la mano esas dos dualidades. Dicho así es una idea que yo la puedo decir desde mi parte, pero hay otros que esa capacidad de elección la tienen más reducida. Pero la parte que dependa de cada uno hay que cuidarla lo máximo posible.”

La vida libre habla de esos pequeños detalles que si no dan la felicidad, dan la paz.

Yo creo que paz y felicidad van de la mano, por lo menos en mi caso. Este es un disco más maduro, está escrito con una mirada un poco diferente a los anteriores, hay menos drama.

¿Hay menos dolor?

Los otros discos yo creo que transmitían mucho más dolor del que había. Llega un momento en el que escribes las canciones y no tienes ningún control sobre lo que transmites. Nos cayó el sambenito este de la tristeza, pero quizá el único disco de todos, el único que está escrito desde un momento muy duro, fue Mundo Marino (2008), pero el resto no son discos escritos desde el dolor y tampoco sin ninguna intención de transmitirlo. Líricamente, McEnroe triste no es.

Recuerdo cuando Carlos Pérez de Ziriza nos trajo Tú Nunca Morirás (2009) a la radio y a partir de ahí nos enganchamos.

“Carlos hizo una crítica magnífica. Ese disco fue el que nos permitió dar un salto.Trabajamos con Abel Hernández, de Migala, y nos dio una visión más amplia de lo que se podía hacer con las canciones, nos ayudó a creer mucho en lo que hacíamos. Además, hubo un salto de prensa también muy grande.” Aquella reseña de Carlos para Mondosonoro Ricardo la tiene todavía a mano.

Desde entonces empezó McEnroe a calar en Valencia.

Valencia es una ciudad que para McEnroe siempre ha sido superespecial desde aquellos primeros conciertos. Siempre que vamos hay mucho cariño. Hemos tocado en un montón de sitios, y la ciudad siempre nos sorprende.