Jordi Sapena. Foto: María Ramírez.

Salve Monstera, el disco instrumental que firma en solitario Jordi Sapena (Capricornio Uno, Soledad Velez en directo) viene con recomendaciones para su escucha: «Poner atentamente la oreja para percibir (ruidos, rumores, palabras). Prestar atención a aquello que dice (alguien), al ruido que hace (una cosa)».

A cambio de seguir esas indicaciones, Salve Monstera (editado por Mont Ventoux en vinilo, con ilustraciones de África Pitarch) devuelve una experiencia musical que reconforta, reconcilia con el entorno en que vivimos, detiene la agitación mental  y transporta hacia pasajes por descubrir.

Jordi dejó de tocar el piano en su casa durante el post-confinamiento. Sus plantas enfermaron. La música acabó salvando a ambos. Y es que las ocho piezas ambientales que recoge el álbum impactan directamente sobre el interior, sea quien sea su destinatario.

Sapena (uno de los primeros nombres confirmados para la edición de este año del festival VOlumens) nos comenta una a una las canciones de su magnífico disco:

1- Monstera deliciosa

La pieza con la que comienza el disco, que le da (casi) título al mismo y la que lo inició todo: la primera que compuse y grabé. A partir de la cual me di cuenta de lo divertido que podía ser hacer una “réplica” de mí sentado al piano en el salón de casa, jugando con loops y tocando distraído en mis pensamientos. La mano izquierda alternando octavas a 80 bpm y la derecha intentando huir de ese tempo todo el rato. Encima, mi Roland HS60 en varias capas: desde el ruido blanco a las strings con un poco de LFO, en un sutil crescendo. A partir del minuto 2:09 se puede escuchar el estor golpeando contra la ventana de la galería de casa.

2- Aloe vera

Una casualidad de pieza, que enlaza con «Monstera deliciosa» (a través del patrón repetitivo de la mano izquierda). Estaba sentado al piano intentando recordar cómo era «Monstera» y me equivoqué de dibujo varias veces, hasta que lo encontré. Justo lo estaba grabando, y luego al escuchar estos “enganchones” en el estudio, se me ocurrió ir pasando los dibujos “equivocados” por un delay, e ir ocupando los silencios con feedback.

No tenía muy claro si la pieza tenía algún sentido hasta que se la mandé a Alberto Lucendo. Me gusta mucho todo lo que hace, y sigo de cerca su trabajo. Así que le pasé un bounce y Alberto grabó en su estudio en Berlín unos sintes que parecían ballenas, bien de Microcosm. Llevó la pieza a otra dimensión y la convirtió en una de mis favoritas del disco.

3- Maranta leuconeura

Es la única pieza del disco que no tiene piano, son únicamente pads del OP-1 unos encima de otros, bailando alrededor de una nota todo el tiempo. La idea era hacer una pieza parecida a «Chlorophytum comosum», piano y un dron por detrás que pudiera emular a la lavadora de casa, o al ventilador… La artista a la que le ofrecí colaborar en la pieza grabando un piano al final no contestó y decidí dejar la pieza así en el álbum. Funciona muy bien entre los dos pares de canciones que van enlazadas (Monstera-Aloe y Ficus-Epripremnum), una especie de separador musical. Por desgracia, la Maranta es la única planta que no sobrevivió de las 8. Una pena bastante grande porque llevaba muchos años con nosotros y es una planta con unas hojas preciosas.

4- Ficus elastica tineke

La pieza más ‘pop’ del álbum, la que podríamos decir que tiene una estructura más de canción. Me sentaba al piano y tocaba ese arpegio en Si y Mi todo el rato, casi como un ejercicio de digitación (soy un pianista mediocre tirando a muy malo). Un día lo monté en MIDI en Logic y lo pasé por un sintetizador monofónico (un Roland SH-01A), para que me sirviera como de metrónomo y asentara un poco la pieza, porque no conseguía tocarla a tempo al piano. Mi idea era dejarla así, pero empecé a probar maneras de romper la canción e introducir algo fantasmal, y así surgió toda esa parte central, que fue una especie de homenaje a Plantasia y Mort Garson. Luego la vestí con unas strings del OP-1 a lo «Caminos de leyenda», de Suso Sáiz y a volar.

5- Epipremnum aureum

La idea del disco era recrear con sintetizadores y efectos el ecosistema sonoro del salón de mi casa, toda la información de ruidos y sonidos que llegan desde la calle a diario, el sonido de la calle Cuba con Puerto Rico en el barrio de Russafa. Hay días muy tranquilos, pero normalmente hay bastante ruido y también hay días de obras y ebullición total (el repartidor de los barriles de cerveza, el camión de la basura que pasa 4 veces al día, los que ponen las luces de las Fallas…). En esta pieza quise contraponer el piano tan pausado y casi zen con algo muy ruidoso y que no tuviera siquiera notas, puro ruido. Se lo propuse a Ángela y Joaquín Pascual, que lo entendieron perfectamente y grabaron un fondo sonoro con samples de Messiaen y feedbacks. Literalmente, soy yo intentando abstraerme de todo ese ruido que viene de la calle sentado al piano tocando durante horas los mismos acordes en loop. Una forma perfecta de cerrar la cara A del vinilo.

6- Chlorophytum comosum

Cuando empecé a componer el disco, en una semana saqué las 3-4 primeras piezas, muy rápido. Pero de repente me atasqué, y no encontraba la manera de avanzar con algo que siguiera en la línea de lo que me había propuesto pero no fuera todo el rato más de lo mismo. Estos bloqueos creativos a veces los supero comprando algún cacharro que me obligue a un nuevo workflow. Así que un día viendo videos en Youtube sobre música aleatoria, vi que el OP-1 de Teenage Engineering tenía un modo de autoplay en el que ibas dejando caer unas notas, que se transformaban en unas bolitas que iban rebotando dentro de un hexágono que giraba sin parar. Y cuando lo vi fue como “¡Es ESTO!”. Me hice con uno y literalmente lo primero que hice al recibirlo fue probar el invento y grabar esta pieza. Las bolitas rebotando, algunos rewinds y lo primero que se me ocurrió al piano en una toma, justo cuando anochecía. Mi pieza favorita del álbum.

7- Dracaena fragrans

Quería hacer una pieza que fuera totalmente aleatoria, y se me ocurrió probar aquello que Brian Eno había hecho para Music for Airports. Eno grabó varios loops en distintos magnetófonos, con longitudes de cinta diferentes, de tal manera que al reproducirlos constantemente, los “arreglos” iban cayendo cada vez en sitios diferentes, porque cada loop duraba un tiempo diferente del otro. Aproveché el cuatro pistas que viene con el OP-1, y decidí grabar cuatro frases distintas al piano directamente con el micro del cacharro. Lo puse en el soporte de partituras del piano y a grabar. Luego copié y pegué cada una de las cuatro frases-loops de piano en el cuatro pistas hasta el infinito (creo que el tiempo máximo eran unos 6 minutos) y decidí bajarle el pitch un poco. Cuando lo escuché fue como… BOOM. ¡Me encantaba! Mezclé esas cuatro pistas directamente en el OP-1 y pasé un bounce stereo al Logic, y repetí el mismo proceso de cuatro loops de longitudes distintas pero con strings del OP-1. Volví a mezclar esas cuatro pistas y luego sumé los dos bounces. Todo primeras tomas, sin pensar. Era justo lo que quería: una vez más, el workflow de un cacharro me había llevado a un sitio desconocido hasta ahora, y las propias limitaciones del aparato se convertían en virtudes sónicas.

Como todavía había espacio, decidí mandarle la pieza a Sais, el tipo que más sabe de la MPC del mundo y un músico que admiro. Hablamos a menudo de cacharros y MIDIs, y el disco que sacó con W.W.A.T. me parece que es una maravilla. Para mí es un lujo que esté en Salve Monstera, grabó unos sintes preciosos y dejó la pieza redonda.

8- Sansevieria trifasciata

Creo que fue la segunda pieza que compuse, y desde el principio tuve claro que iba a ser la que cerrara el álbum.

Se la mandé a Ángel Valiente de Karen Koltrane, con quien siempre hablábamos de hacer algo juntos. En menos de dos horas me devolvió un montón de pistas de sintes ¡y una pista de voz! El tío se había sacado una letra, que decía:

«Invisible tu desplazamiento, lento e inmediato. Como el tiempo que ha pasado ya sin vernos.

Pasa todo tan deprisa, que no puedo evitar sentir envidia de una planta».

La idea era dejar la voz, me flipaba la letra. Resumía muy bien el espíritu del disco, de alguna manera. Por diferentes motivos, al final decidimos dejar la pieza instrumental, bien de filtro del Juno.

De todas las plantas del disco, la que más ha mejorado es la Sansevieria. Ahora está gigante y preciosa.