Antonio García Quijada, Antonio Martínez y José Luis López Vazquez en «Se vende un tranvía».

Se vende un tranvía es una de las proyecciones programadas por el festival LABdeseries de este año. Será el próximo viernes, 23 de abril, en La Filmoteca y como epílogo a la mesa redonda que bajo el título ¿Qué le deben nuestras series a Berlanga?, reunirá a Alberto Caballero (creador de ‘Aquí no hay quien viva’ y ‘La que se avecina’), Anna R. Costa (creadora de ‘Arde Madrid’), Nacho G. Velilla (creador de ‘7 vidas’, ‘Aida’ y ‘Buscando el norte’) y Víctor García León (guionista de ‘Vota Juan’, ‘Vamos Juan’ y ‘El vecino’), moderados todos ellos por Áurea Ortiz. En Verlanga te damos diez pistas sobre el mediometraje para que vayas con los deberes hechos a su visionado:

1Se vende un tranvía (1959) fue lo que hoy llamaríamos el capítulo piloto de una serie, «Los pícaros», producida por Estudios Moro. La idea era rodar un total de treinta y seis episodios, pero no se hicieron más que el que nos ocupa. La dirección de TVE lo rechazó después de visionarlo. La censura, la dictadura… esas cosas que hay quien parece que echa de menos hoy en día.

2- El mediometraje, de 29 minutos, aún tuvo una segunda oportunidad que acabó siendo un segundo fracaso. Según cuenta Alberto Hernández Hoya en la obra conjunta Luis García Berlanga: De Villar del Río a Tombuctú, Época Films (productora en la que participaba Eduardo Ducay, Jefe del Departamento de guiones de Estudios Moro) intentó en 1964 sacar adelante una película de episodios en coproducción italofrancesa. Finalmente desecharon el proyecto por la baja calidad de los capítulos de los otros dos países.

José Luis López Vázquez en «Se vende un tranvía».

3- En 1980, Se vende un tranvía fue rescatada en la I Mostra de València del Mediterrani por los organizadores del homenaje que se le dedicó al director valenciano dentro de la programación del festival.

4- En los títulos de crédito, el film aparece dirigido por Juan Estelrich con la supervisión de Luis García Berlanga. Este es uno de los aspectos sobre los que más se ha escrito dentro de lo poco que se ha escrito sobre Se vende un tranvía. No es descabellado pensar que Berlanga diera un paso al lado para no perjudicar el proyecto debido a que en ese período su nombre estaba marcado a fuego por la censura. Respecto a la autoría de la cinta, en el número 3 de la revista Nickelodeon (dedicada al cineasta valenciano) le preguntaban a Luis Ciges (uno de los intérpretes de la misma y que por entonces estudiaba Dirección en el IIEC) si lo dirigió todo Estelrich o tomó parte Berlanga. La respuesta, algo confusa, del actor fue: «A Juan Estelrich (…) no lo conocía. Es posible que estuviese de visita en el rodaje. Como intervine en labores de auxiliar de dirección, recibía órdenes de Berlanga (y una primera bronca)». Estelrich, del que se ha publicado este año una interesante biografía y que solo rodaría después «El anacoreta» (1976), trabajó como Ayudante de Dirección de Berlanga en «Plácido» (1961).

Goyo Lebrero y Luis Ciges en «Se vende un tranvía».

5- Se vende un tranvía, además de por su magnífico guión, su estupenda factura, las colosales interpretaciones… es de imprescindible visionado porque supone el origen de una de las alianzas más importantes de la historia del cine español, la que conformaron Luis García Berlanga y Rafael Azcona. Ambos firman aquí el guión y trabajan juntos por primera vez. A Berlanga «le volvió loco «El pisito» (Marco Ferreri, 1959)» y quiso colaborar con él, aunque rechazó (y años después reconoció su error) «El cochecito» (Marco Ferreri, 1969).

6- Curiosamente «El pisito», Se vende un tranvía y «El cochecito» fueron los tres primeros trabajos de Chus Lampreave (María Jesús entonces). En la cinta que se podrá ver en LABdeseries, da vida a Marujita, integrante de la banda de estafadores protagonista que finge tener a su padre muy enfermo para intentar timar a un pobre incauto con la venta de un tranvía.

Chus Lampreave y José María Tasso en «Se vende un tranvía».

7- Es precisamente el reparto uno de los grandes aciertos (Berlanga tenía un ojo infalible para ello) de Se vende un tranvía. Imposible no disfrutar con los ya mencionados Ciges y Lampreave, o con José Luis López Vázquez, Maria Luisa Ponte, Antonio García Quijada (uno de los mejores caraduras del cine español), Antonio Martínez, Goyo Lebrero, Pedro Beltrán, José María Tasso, Jesús Martín Heredia, José Luis Marín, Lorenzo Robledo, José Orjas y Xan das Bolas. En el apartado técnico, hay que destacar la participación de Francisco Regueiro como auxiliar de dirección. 

8- Por supuesto, en el film se pronuncia el término «austrohúngaro». Es durante la visita al tranvía del título, cuando se hace referencia al material del que está construído el mismo. Curiosamente, unos minutos después se vuelve a hablar de ello, pero en esta ocasión se dice que es australiano. El universo berlanguiano se completa con la presencia del propio cineasta, la primera que realizará en una película suya (sí, nosotros, también somos de los que pensamos que tuvo mucho que ver en la dirección de esta) casi al final de la misma dando vida a un empresario de la naranja al que López Vázquez quiere venderle un aerostático para regar sus campos.

9- Se vende un tranvía supuso, también, el «primer encuentro» entre Berlanga y Michel Piccoli en una película. Juntos trabajaron en «Tamaño natural» (1974) y «París Tombuctú» (1999). Aquí la presencia de Piccoli se reduce a su nombre en un cartel de la película «Natalie» (Christian-Jaque, 1957). La banda de timadores se esconde detrás de unas vallas empapeladas con varios reclamos de películas. Además de esta se puede reconocer «A pie, a caballo y en coche» (Maurice Delbez, 1957), película francesa como la anterior.

10- No podíamos cerrar el artículo sin contar el argumento de este mediometraje que es 100% Berlanga y Azcona. Se vende un tranvía, como se puede deducir del título, narra las aventuras y desventuras de una banda de pícaros estafadores que quieren engañar a un hombre que ha llegado a Madrid desde su pueblo, para comprar maquinaria para el campo, vendiéndole un tranvía.