La ciudad despierta

Una tarde en el circo

Foto: M. A. Puerta.

1- No tengo recuerdos, de pequeño, del circo en directo. Los más remotos me llevan a principios de este siglo, acompañando a una función a uno de mis sobrinos. Vienen flashes. Plaza de toros. Motoristas dentro de una cúpula haciendo un ruido ensordecedor. Un elefante que se va a desplomar a cada paso que da. Perritos malabaristas que parece que actúen bajo los efectos de algún narcótico. Por fortuna, nada de eso ocurre en el Circo Raluy Legacy (La Marina, hasta el 2 de febrero). Su nuevo espectáculo se llama #TheMagicFormula y en este artículo puedes leer lo que es y lo que no es, contado por ellos mismos. Pero, en esta sección prima la primera persona y las cosas, mejor, verlas en vivo.

2- El exterior del Raluy Legacy es como viajar a otro principio de siglo, al del XX. Sus caravanas y camiones proceden de allí. El efecto se refuerza por las pinturas que decoran la carpa. Dentro está prácticamente lleno. Unos metros a mi izquierda una niña transpira ilusión. Vivirá todo el espectáculo como solo lo puede vivir alguien de su edad. Ríe, grita, salta, agita los brazos. Sin saberlo es la portavoz de todos los canijos que se propulsan de sus asientos cada cinco segundos. Cuando la sacan para un número uno se reconforta con la vida y la justicia. Aunque el Raluy no es un circo solo para los más pequeños. Puede que ellos conecten más con el payaso gamberrete y sus pillerías al maestro de ceremonias o con el mago de bigotes casi imposibles. Pero hay números que dejan con la boca abierta también a los adultos.

3- Las cosas no se ven igual por la tele que in situ. Es una evidencia, pero hay que recordarlo de vez en cuando. Pasa con el circo, con el fútbol o con el cine. Cuando el Trío Power hace su número de barras fijas (casi en mi cara) me quedo sin reservas de admiración. Cuando las hermanas Niedziela y Emily Raluy ejecutan el suyo subidas en monociclos, alcanzando los cinco metros de altura y poniendo el ay en el ambiente, aplausos y más aplausos. La atención está en la pista, la gente solo usa los móviles para fotografiar o grabar. Quieren llevarse algo más que un recuerdo, eternizar algo vivido como el número escapista de Maxi, el quick change de Jean Christophe y Kerry Raluy o las piruetas de la Troupe La Habana. Con la que está cayendo fuera (y no, no hablo del temporal), el circo se convierte en un refugio que deberían recetar en las consultas médicas. No tiene efectos secundarios, más allá de los de la niña de mi izquierda.