Jose Mardi. Foto: Javi Belda.

Soy Jose Manuel Lledó, mucha gente me conoce como Jose Mardi. Nací y he vivido siempre en València. Nací un día de abril de un año imagino con mucha actividad galáctica o espacial y debe ser por ello que muchas veces parece que esté en la luna. Más concretamente en la de València claro, que acorde a ciertos orígenes de la expresión tendría que ver con cierto estado de toque de queda que hubo hace mil y mira por donde que hoy también tenemos.

Colegio de curas, rojos y fachas, falla, falleritas y montón de petardadas, niñez y adolescencia como pasmado como la mayoría de los que entonces escuchamos los tanques de niño por la Avenida del Puerto y luego llegó la fiesta. Y ya, poco a poco, a salir del limbo y salvados por el rock’n’roll nos sumergimos en un nuevo mundo de sensaciones placenteras.

Empecé muy pronto a disfrutar de los discos en casa gracias a… Lo que fuese. Y hasta hoy en día me sigue acompañando ese delirio musico festivo que constituye el placer absoluto. Me saqué un título de Diplomado en Publicidad e Ilustración en Artes y Oficios de Valencia. Vaya, que estudié Diseño Gráfico y lo acabé con el deshonroso record de no haber encendido un ordenador en todos esos años y casi que sigo igual aunque no lo parezca. A ese nivel sigo practicamente desarrollando una actividad gráfica tan poco lucrativa como absurda, a través de unos recortables que voy pegando cuando llega una crisis o una pandemia, que son como un trabajo final de carrera que nunca acabará, hago collage, sí.

Me evangelicé muchos años en los cines de València, también hice radio semanalmente durante muchísimos abriles y asistí a conciertos desde que nos dejaron entrar en las salas que han hecho la verdadera historia de la noche valenciana.

En el 99 me inicié profesionalmente en lo que hasta entonces era una afición por los discos y abrí Discos Mardigras (de ahí lo de Mardi), y aunque perdí por el camino varias piezas imprescindibles del puzzle, no he hecho más que ganar y sumar satisfacciones, amistades y músicas que han dado razón al estar poblando el planeta durante lo que dura un suspiro.

En los ultimos tiempos, fui padre y sí, te cambia la visión del mundo y puedo afirmar que hay pocas cosas mejores, sigo con mi pareja desde hace 20 años y tengo un bar con tienda. Splendini emergió casi como una broma hace unos siete años y ha ido tomando forma, volumen y sentido en diferentes representaciones y varios locales hasta el que ocupa la calle Segorbe de Valencia, un bar de tardes con una gente y una música increíbles, unos compañeros de trabajo inmejorables y una extraordinaria habilidad para salvar obstáculos.

Personalmente, me gustan tantas diferentes cosas en el ambito cultural que me es imposible decidir en entrevistas como la de Verlanga, y al mismo tiempo siento que ando en pañales en toda esta movida de la música, la literatura, el cine, el arte… cada vez decido antes lo que me gusta y albergo miles de dudas sobre lo demás.

Bien es sabido que el SOUL es mi leitmotiv, pero no le hago asco a casi nada en lo musical. En lo demás soy previsible y demasiado poco arriesgado, como comprobaréis a continuación, pero es que sinceramente no sé de donde sacáis todo ese tiempo para leer y ver tanta cultura y entenderla y recordarla. Gracias a Verlanga por invitarme a este vermut que me ha servido para conocer cosas sobre mí que desconocía o de las que no era muy consciente.

 

Un disco: La primera e imposible pregunta a la que hay que enfrentarse… Soy muy de canciones con lo que todavía es más difícil, vaya. En una época pensé que no me gustaría nunca ningún disco más que alguno de los Kinks, luego me ha pasado siempre con muchos otros grupos. Puestos a no nombrar ninguno en concreto de NRBQ o Jonathan Richman por mencionar a dos, ni destacar ninguno de las decenas de discos de soul más o menos clásicos, más o menos conocidos o no, en los últimos años he disfrutado mucho con Geography, de Tom Misch y con 1634 Lexington Avenue, de Carlton Jumel Smith, por mencionar de nuevo solo dos.

Una película: Películas especiales que sabes que no vas a volver a encontrar iguales a menos que vuelvas a ellas, El halcón maltés, A sangre fría, Los sobornados, Robin y Marian, Jackie Brown, Marx Brothers… Allen, John Ford, Hitchcok, Eric Rohmer, Ken Loach, Tavernier… Mira, ahora recuerdo que siempre digo que hay que ver Si la cosa funciona cada seis meses, vaya tontería.

Un montaje escénico: “Ño” y “Sin palabras”, sin duda en los 80. Teniendo en cuenta mi no muy intensa relación con las artes escénicas, y la ecuación menos es más… Esos dos montajes del maestro Rubianes impactaron bastante en mi joven persona… Les Luthiers o los Colombaioni… Hace pocas semanas, después de mucho tiempo sin asistir al teatro, tuve la suerte de disfrutar con La Sort, de Pérez i Disla. Bonita reflexión sobre la adopción que me gustó y emocionó muchísimo.

Una exposició: Jazz gráfico. Diseño y fotografía en el disco de jazz, 1940-1968. Esta expo del IVAM en 1999, y su catálogo, han tenido gran influencia en mi aprecio por el mundo gráfico en el jazz. Además, 1999 fue un año puente en mi vida, un antes y un después. Y también elijo toda la obra que se ha expuesto en el IVAM del legado de la fundación del cartelista valenciano Josep Renau.

Un libro: No me viene nada en la carpeta de grandes clásicos o imprescindibles. Chicago Soul, de Robert Pruter; El simple arte de matar, de Raymond Chandler en la retina. Chandler, Hammett y muchos otros, por ahí van mis tiros. En la mesita de noche siempre Historia de España, Pierre Vilar… Ahora, sin terminar… A propósito de nada, de Woody Allen; Barraca y tangana, de Enrique Ballester y Escaladores de la libertad, de Bernadette McDonald.

Una serie: Hace unos años cuando vi Breaking Bad pensé que era la mejor serie que había visto. Pero en series, ya que es un fenómeno tan polémico a veces (no entiendo el por qué), contemporáneas me quedo con The Wire o Treme. La primera porque hace no mucho me la zampé entera de nuevo, seguida y la disfruté más que la primera vez. Treme por razones obvias, musicales y sociales, una visión fascinante tras el Katrina de una sociedad tan afectada, donde la música es el combustible para su recuperación.

¿Quién te gustaría que te hiciera un retrato? Burt Goldblatt, el prolífico ilustrador americano que tantas cubiertas de discos ilustró con maestria.

Una app: Las que utilizo, imagino, son por necesidad y no tengo una opinión en cuanto a favoritismo en esta disciplina.

Una comida: Esta es difícil porque creo que la comida depende del día y las circunstancias, pero podría decirse que soy muy arrocero.

Un bar de Valencia: Con el tiempo puedo afirmar que fui, soy y seré una enamorado de los bares, y más ahora que acabé llevando el mio propio. Una vez hubo un templo inigualable en Valencia, un lugar locamente diseñado para el disfrute, con un ambiente lujuriosamente dibujado y la mejor de las bandas sonoras, Barraca Bar. En la actualidad, recomendaría Splendini, el sitio mola y no porque lo diga yo, es lo que oigo. Si entramos en la categoría BarRestaurante, lo siento, mi favorito es Dukala.

Una calle de Valencia: Esta es la típica pregunta que te deja bloqueado, nunca pensé que la tendría que contestar. Soy un gran defensor de València como ciudad, no he vivido en ninguna otra, claro. En ella, muchas veces, debido a su luz y a sus infinitas posibilidades te sientes tan arropado e identíficado que te parece única. Me encantaría vivir en otra persona la experiencia de disfrutarla como visitante por primera vez. Ultimamente cada vez que me acerco a la zona del Paseo Marítimo, Calle Pavía, siento que me deslumbra su margen y línea de confín como de una libertad que siempre buscamos.

Un lugar de València que ya no exista: Aquí tengo una breve historia familiar. A escasos doscientos metros de donde tengo mi negocio hubo hace más de sesenta años un bar que no conocí, donde como si de un cómic social se tratase, se juntaba parte de mi familia como propietaria o clientela asidua y de donde casi seguro se moldeó la relación de mis padres. Bar Mariano, en la Calle Castellón, que se trasladó allí desde el barrio chino. Ultimamente pienso en cómo serían aquellas tardes.

¿Con quién te tomarías un vermut? Sin lugar a dudas, con el mismísimo Diablo.