Juan Pardo. Foto: Pilar Perales.

Me llamo Juan Antonio Pardo aunque en las redes me encontrarás como Juan Pardo a secas o por el alias Juan Limousine, apellido que tomé prestado del tema Mr. Limousine Driver, de Grand Funk Railroad.

En mi casa siempre se ha dicho aquello de “aprendiz de mucho, maestrillo de nada”, frase que me define al pelo de mi culo inquieto y desprejuiciado.

Toqué la radio y la prensa local durante años hasta que caí en Water Tapes, colectivo en el que he pasado los mejores años de mi vida y con el que he vivido las más alucinantes y descacharrantes experiencias. En esta etapa conecto con la fotografía que era algo que me venía interesando desde siempre y lanzo proyectos como The Music Photoalbum Club, #neon en el terreno audiovisual, exposiciones puntuales de fotografía de conciertos, la cartelería de sala Wah-Wah retratando a buena parte de la escena local, Dos Rombos, etc.

Hace un par de años sentí la llamada del cemento y desde entonces me puedes encontrar en plena calle embobado mirando la fachada de un edificio. Viajé a Minsk buscando arquitectura brutalista soviética, pero me pudo la calle y retraté parques, avenidas, la vida del metro, sus gentes y la incipiente modernidad de las nuevas generaciones. Todo quedó recogido en un libro que puedes ver de manera gratuita online o comprar para tu deleite en exclusiva y limitadísima edición de lujo.

 

Un disco: Imposible. Cientos. Miles. Según el momento. Aunque si después del Covid vienen los zombies me dejaré morder por Hope Sandoval.

Una película: De toda la colección de pelis que pude ver en el confinamiento quizás A Ghost Story (2017) fue de las que más me atrapó.

Un montaje escénico: Lloré con el Proyecto Blackstar en Sala Russafa. Y así como el Dúo Caifás repiten cada año su Giracrucis o los Guru Zakun Kinkones nos regalan su tributo a Vainica Doble en víspera de Reyes (no la de 2020 claro), creo que Remi debería retomar el proyecto para nuestra felicidad.

Una exposición: No me prodigo mucho, pero la expo El puerto de Forges, en el Edificio del Reloj en 2019, fue entrañable.

Un libro: Al igual que me encantan llenarme los dedos de roña entre las cubetas de discos de segunda mano, reconozco que me fascina bucear entre los saldos de París-Valencia. El último tesoro fue Regular, gracias a Dios, de Labordeta, que me costó 2,95€. Me fui muy contento a casa.

Una serie: Derry Girl me flipa. ¡Puto humor inglés!

¿Quién te gustaría que te hiciera un retrato? Me encantaría que Santiago Sanchís me hiciera un retrato con cuerpo leopardo y mi Fender Stratocaster (y un Fireball).

Una app: Llámame friki pero cuando empezamos a viajar me recomendaron Flightradar24. Una app para ver las trayectorias de los vuelos con sus horarios de salida y llegada. Es muy curioso ver un vuelo NY-Delhi en tiempo real. Ahora mismo da penica mirarla.

Una comida: Manitas de cerdo. Son puro colágeno y no engordan (lo que engorda es el pan que sucas). Lo siento amigos veganos.

Un bar de Valencia: Que no se molesten todos los bares de Valencia que he quemado si digo el Deluxe Pop, pero esto mata dos pájaros de un tiro.  Para mí, mejor bar de València que además ya no existe.

Una calle de Valencia: Cualquiera del Carmen.

Un lugar de València que ya no exista: Contestada en “Un bar de València”.

¿Con quién te tomarías un vermut? Con mi mujer, al solecito de La Marina.