Dolores Villar

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Fotos: Eva M.Rosúa

Nombre: Dolores Villar.
Edad: 23 años.
Lugar de nacimiento: Valencia.
Lugar de residencia: Valencia.
¿Cómo definirías tu actividad artística? Si esto fuera el s.XIX yo sería una paisajista romántica, pero en lugar de pintura, uso una cámara.

La fotografía desdibujada y brumosa de Dolores Villar se une a esta Generación Las Naves con connotaciones al romanticismo pictórico clásico. Pero como en el equipaje de Las Naves la reinterpretación de la ortodoxia es necesaria, Villar propone que penetremos en su mundo a través de una ensoñación conseguida con la captación no sólo de un momento, sino de muchos. La repetición pone significado a lo efímero en su obra. Y así entre una aparente calma, el horror de la sucesión infinita perturba. Una búsqueda constante de la realidad en el paisaje ilimitado.

¿Cómo llegas a la fotografía?

No empezó tanto por gusto a la fotografía como forma artística, sino como una técnica para archivar los paisajes de los lugares que visitaba, porque siempre he tenido esa atracción singular hacia los cielos. De pequeña, mi padre, todos los domingos nos llevaba a mi hermano y a mí, a museos. Más tarde, en el instituto descubrí a ciertos pintores, Turner, Friedrich… Y desde hace ocho años llevo recopilando esas fotografías. Cuando empecé la carrera de Bellas Artes es cuando el proceso se desarrolla, digamos, de una manera más seria.

Al margen de poder recopilar esos cielos, ¿qué te aporta la fotografía que no te podía haber aportado otra disciplina?

Es bastante obvio, la fotografía es inmediatez y eso es lo mejor de ella. Siempre me ha gustado la pintura, pero como no he tenido buena mano, recurrí a la fotografía. Y descubrí que es mucho más eficaz a la hora de conseguir estos paisajes, poder verlos y recopilarlos.

¿Y esa atracción por los paisajes, al margen de tu interés por el s.XIX, por qué surge en ti?

Creo que todo el mundo, realmente, se siente atraído por el paisaje de alguna manera u otra: los colores, la textura de las nubes… Todo vino de observar esos cielos, esas nubes en los cuadros. Yo quería hacer esas cosas, y claro, cuando empiezas, ya no paras en la búsqueda de esos paisajes.

Tus fotografías aportan una doble lectura: por un lado reflejan calma, pero al mismo tiempo hay un elemento perturbador.

Exacto, esa doble sensación es la esencia del Romanticismo, de melancolía y terror u horror. Eso es lo que hace que te atraiga el paisaje. Te hace sentir en paz pero a la vez, es un abismo de infinidad, en el que podrías perderte, y ¿qué pasaría?

¿Esa doble lectura conlleva la manipulación o el retoque fotográfico?

No, siempre voy con la cámara y cuando veo algo que me llama la atención lo fotografío. No hago una, hago 500 fotos de esa misma nube o esa misma toma. Después realizo una síntesis de todas esas fotografías y las que más se acercan a lo que he percibido, son las que muestro. Normalmente son composiciones que plasman lo que he sentido, porque una sola fotografía sirve de poco.

¿Tienes alguna mecánica de trabajo? ¿Algún proceso creativo pautado?

Cuando me embarco en un proyecto, siempre hay un estímulo que he leído o he visto y que me lleva a desarrollar esa idea a la práctica. Pero no tengo una mecánica particular. La mayoría de proyectos surgen de llevar conmigo la cámara. Ese archivo fotográfico que mencionaba al principio, que durante años he guardado, me sirvió para el proyecto de fin de carrera de Bellas Artes. Un inicio sin ningún trasfondo artístico, con el paso del tiempo desarrolla conceptos e ideas que ayudan a plasmarlo.

¿Te encargas tú del revelado?
Sí, y no manipulo nada. Lo revelo en la media sin contrastar o iluminar más la imagen.

¿Qué opinión tienes sobre la fotografía digital?

¡Qué es una maravilla! La analógica es magia. Son los inicios de la fotografía. Pero la digital tiene sus méritos: facilidad, economía, comodidad… Me gustan ambas. Mi serie “Paisajes de lo Efímero” está realizada en digital con la técnica del barrido. Busco escenarios brumosos, con niebla, bosques densos, en los que llueva; y mientras hago viajes en el coche, con el barrido y la exposición larga me dedico a fotografiar para captar esa magia. Este proyecto es el que más me ha transmitido.

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Tienes, también, varias series hechas con Polaroid, la inmediatez más inmediata. ¿Qué te aporta esta cámara?

La Polaroid es un poco capricho. Es una cámara en la que la textura o la calidad de la imagen no es muy buena, pero creo que por ese contexto que tiene histórico, y porque es muy popular, hace que lo que fotografías se vuelva más importante. Tengo una serie de lugares de Roma, “Roma: Nowhere places”, que no son los típicos. Al fotografiarlos con la Polaroid cobran más sentido. Con esta cámara, voy haciendo fotos y me las guardo en el bolsillo, luego me gusta verlas en conjunto. Tanto urbano como natural, me interesa el paisaje. También hago fotografía con cámara digital, y aunque cambie la técnica el fondo es el mismo, está todo integrado en mostrar un paisaje diferente, nuevo, algo que me suscite interés.

En esa serie sobre Roma ¿qué te atrajo del reverso de una ciudad tan turística? ¿Sería trasladable esa atracción a Valencia?

Todo surgió en el máster. Descubrí al antropólogo Marc Augé que habla de estos no lugares. De cómo la sociedad ha invadido las ciudades despojándolas de su sinceridad. Convirtiéndolas en lugares de paso que ya no aportan nada a las personas. Aprovechando un viaje a Roma, quise plasmar su teoría con la fotografía. Valencia también podría ser un no lugar, pero de Roma me atrajo su historia clasicista, porque la ciudad en sí, es un no lugar del turisteo máximo. En diciembre, voy a hacer una serie de París, y la idea es hacer lo mismo con varias ciudades.

En “Paisaje yuxtapuesto” explicas que manipulaste el carrete dentro de la cámara. Cuéntanos el proceso.

Es muy sencillo. Con la cámara me fui a El Saler un atardecer, y el cielo estaba maravilloso, pero ocurrió que se me acabó el carrete. Y pensé hacer fotos encima de ese carrete. Es decir, hacer composiciones sobre la misma fotografía sin cambiar de entorno. Rebobiné el carrete entero y empecé de nuevo. En el mismo lugar, con otros puntos de vista. Salieron esas maravillas, paisajes locos, raros que era lo que buscaba.

Para alguien que le gustan los paisajes, ¿es Valencia ciudad y alrededores, atractiva en ese sentido?

Sí. Todo lugar en el que hay Naturaleza, árboles o cielo, es ya interesante. La arquitectura siempre suscita algo diferente en cualquier ciudad. Valencia es una ciudad preciosa. Tiene mar, ríos, la Albufera, los atardeceres son increíbles… Se pueden sacar cosas muy chulas.

Aunque muchas veces, cuesta reconocer que tus fotografías están hechas aquí.

Más que eso, es que son momentos en los que al hacer las fotos, no busco tanto un lugar, como un estado. En otras ocasiones sí que voy a un sitio determinado a retratar el paisaje de una ciudad, en concreto.

¿Cuáles son tus referentes?

Me interesa el trabajo de Carla Andrade que también hace fotografía difusa de paisajes. Ha estado en Islandia, en lugares muy impactantes. También Vicente Tirado del Olmo, Robert Adams… Fotógrafos que plasman el paisaje subjetivamente.

Su obra:

Día de niebla.

Día de niebla.

Paisaje yuxtapuesto.

Paisaje yuxtapuesto.

Paisajes de lo efímero.

Paisajes de lo efímero.

Luz del ocaso.

Luz del ocaso.

ROMA: Nowhere places.

ROMA: Nowhere places.

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