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Guía exprés de la pilota valenciana (y III)

Tercera y última entrega de nuestra “Guía exprés de la pilota valenciana”. En esta ocasión, los protagonistas son los pilotaris y algunos fundamentos del deporte autóctono.

Foto: David Sarasol.     Exposición "Faixa roja, faixa blava".
Foto: David Sarasol. Exposición “Faixa roja, faixa blava”.

Las figuras

Colgados los  carteles con  cada uno de sus rostros en el techo del viejo y glorioso trinquete de Pelayo, podían ellos cinco (Nel de Murla, Xiquet de Quart, Juliet, Rovellet y Genovés I) bien simbolizar el cuadro de honor de los pilotaris valencianos. Sin dejar de obviar la injusticia que se pueda cometer respecto a otros jugadores y a otras modalidades, la característica de ser la escala i corda, la reina de entre las variantes de la pilota valenciana otorga a sus máximos exponentes tal distinción.

Posiblemente la imagen de Álvaro, el jugador de pilota con récord absoluto de campeonatos individuales, se añada a ese quinteto cuando se retire; o, quizás, si la catedral del raspall, a semejanza de Pelayo, optara por rendir tributo a sus viejas glorias, Waldo con toda seguridad ocuparía plaza privilegiada, o el mismo Grau (del mismo barrio de Pelayo) podría estar, ya sólo por ser el único mitger coronado como campeón individual, o Eusebio de Riola, Fredi de Valencia o los hermanos Sarasol de Genovés; pero, realmente, la historia, por ahora, venera a esos cinco, como dioses del olimpo de la pilota.

Josep Vicent Riera, el Nel de Murla (1867-1954)
Jugador mítico en su época. A su imaginación de poner una cuerda a mitad de un trinquete, se debe el origen del juego de escala i corda. En homenaje, el trinquete de Murla lleva su nombre

Albert Arnal., Xiquet de Quart (1910-1966)
Número uno indiscutible en los años treinta y cuarenta. Resto (posición del pilotari de un trío que juega más retrasado; los otros dos son mitger i punter), al igual que todas las figuras del trinquete, debido a su gran fortaleza en la pegada se le ponían limitaciones del tipo de jugar siempre en pareja contra tríos, con el fin de intentar mitigar su superioridad y, así, conseguir igualar las partidas.

Julio Palau Lozano, Juliet d’Alginet (1925)
Destronó a Xiquet de Quart y, junto a Rovellet, formó la última dupla mágica de la pilota, previo a sus años de indiferencia y abandono. Épicos fueron sus duelos en los años cincuenta y primera mitad de los sesenta. A Juliet se le recordará siempre por su honestidad y regularidad en el juego.

Antoni Reig Ventura, Rovellet (1932)
Nacido en Valencia. Desde bien pequeño, su padre, el pilotari el Rovell de Denia, le enseñó los secretos de Pelayo, donde acabó convirtiéndose en dueño y señor de sus paredes. Reconocido por su gran técnica  y elegancia en el golpeo, Rovellet, para algunos el mejor jugador de todos los tiempos, ha sido, sin lugar a dudas, el más auténtico cavaller de la pilota.

Francesc Cabanes Pastor, Genovés I (1954)
Paco Cabanes es la pilota en mayúsculas. Irrumpió con tal fuerza, que fue capaz de lograr el milagro de hacer renacer al, entonces, maltrecho deporte autóctono. Abandonado por todos desde mitad de los sesenta, el  gran carisma de Genovés consiguió revivirlo. De tal fuerza y precisión en la pegada, las prohibiciones a que era sometido para compensar las partidas se cuentan como innumerables: jugar siempre en pareja contra tríos, no poder pegarle por alto, incluso a llegar a sólo poder utilizar uno de los dos brazos. Auténtico campeón, sólo tiene seis entorchados como campeón individual  (entre ellos, el último, el de 1995, cuando recuperó su cetro, perdido tres años atrás frente a su discípulo Sarasol I), ya que su creación coincidió con el ecuador de su trayectoria. Siendo justos, a esos seis se les deberían sumar los ocho que obtuvo en lo que era reconocido como el máximo y único campeonato federativo: El Campionat Nacional d’escala i corda (algo así como el pionero del actual Circuit Bancaixa), disputado por tríos, excepto para Genovés, siempre obligado a hacerlo en pareja. Si Sarasol I le dijo la famosa frase de “Perdona’m, Paco”, todo el mundo de la pilota debería ser justo con Genovés I y reconocerle: “Moltes grácies per tot, Paco”.

 Pilota-Valenciana

 Los fundamentos de la pilota

Además de toda la liturgia  pre-partido de los pilotaris en protegerse la palma de la mano con unos triángulos de piel de cordero, reforzados con planchas de acero o trozos de naipes, cubiertos estos  a su vez cuidadosamente con esparadrapo, para tapar aquellas zonas donde con mayor fuerza golpea la pelota, e incluso con dedales de piel de cerdo para proteger las puntas de los dedos de los jugadores de raspall, otra característica muy propia y a destacar del deporte de la pilota es la indumentaria de los equipos, en sus orígenes todos ellos de blanco impoluto sólo diferenciados por el color azul o rojo de la faja, y que  actualmente ha derivado, para una mayor diferenciación, en zamarras siempre de colores azul y rojo.

Por otra parte, están los cuatro diferentes tipos de pelota que se usan, según la modalidad. Así tenemos la mítica pelota de vaqueta, formada por ocho triángulos de piel de huevos de buey cosidos entre sí y rellenos de borra, que se utiliza básicamente en escala i corda, galotxa  y en raspall. Para los juegos a llargues y derivados de él, como palma y perxa, se usa la de badana, rellena de borra también y cubierta de piel de ternera, mucho más ligera que la anterior. En galotxetes, se juega con las de trapo, también rellena de borra, pero cubierta por trapos. Finalmente, en la modalidad de frontón, la pelota blanca, de Tec, con borra y madera recubiertas con piel de cabra

Pero, sin lugar a dudas, lo que mejor define el deporte de pilota son los jueces de la partida. Salvo en las partidas de alto nivel, no es usual que imparta justicia en las partidas de pilota un juez federativo, sino que es el conocido como home bó, normalmente situado en los potenciales puntos de discordia (corda, ratlles, dau …) quien ostenta la responsabilidad de tomar la decisión en casos de duda. Y es en esta figura donde reside la grandeza de este deporte: ha bastado de siempre la única presencia de estos homens bons. De estos aficionados con una  rectitud y sabiduría  reconocida por su entorno, y cuya palabra ha sido suficiente para dictar justicia, y eso aún con el agravante de  los posibles conflictos implícitos que podrían derivarse de  un juego como este, con apuestas.

Y es este proceder justamente coincidente con otra tradición centenaria del pueblo valenciano: nuestro Tribunal de les Aigües, la institución de justicia más antigua de Europa, donde igualmente la palabra de un hombre es suficiente. Algo que, en estos momentos de desazón en la Comunitat Valenciana, además de deber ser reivindicado como parte intrínseca de nuestra cultura, habría que exigírselo incuestionablemente a nuestra denostada casta política: Paraula d´home. Paraula de cavaller.