Ciudad Entrevistas

Una piedra no es una piedra

Tono_Vizcaino_Verlanga
Foto: Carles Rodrigo

Si piensas que una piedra es sólo una piedra, es que aún no conoces a Tono Vizcaíno que desde su iniciativa Piedra aúna Arqueología y cultura de masas porque no podemos desligarnos así tan fácilmente de lo que fuimos. Licenciado en Historia y especializado en Arqueología, la investigación de Piedra pretende no dar la espalda a la sociedad. Y para ello hace uso de las redes sociales, su Instagram es uno de los más interesantes que hemos encontrado últimamente. No han venido para quedarse, las piedras han estado siempre ahí. Bienvenidos a la Arqueología de masas.

¿Quién está detrás de Piedra?

Me llamo Tono Vizcaíno y soy de Valencia, de Benimaclet para ser más exactos. Estudié Historia en la Universitat de València, aunque un año de la carrera lo hice en Atenas, y me especialicé en arqueología, que es por lo que había comenzado a estudiar Historia (aquí todavía no tenemos una carrera exclusivamente de Arqueología). La verdad que la cosa viene de lejos: recuerdo que de pequeño siempre que viajaba o salía de excursión con mi familia visitábamos yacimientos arqueológicos y eso fue despertando en mí el interés, sobre todo por las culturas antiguas. Si a eso añades el impacto de una exposición internacional sobre los iberos allá por el año 1997 en Barcelona, cuando yo apenas era un prepúber, y las enseñanzas de una grandísima profesora de cultura clásica en el instituto… ahí está el germen de todo. Bueno, y desde marzo de este año soy doctor en Arqueología con una tesis que trata sobre las maneras en que la sociedad valenciana ha imaginado, percibido y utilizado el pasado ibérico durante los últimos treinta años.

Reivindicas la Arqueología pública. Explícanos dicho concepto y lo más importante ¿cómo se conecta con el ciudadano?

Dicho de una manera muy resumida, lo que defiende la arqueología pública es que el foco de atención de la arqueología sea nuestra sociedad y no las del pasado. De primeras puede sonar contradictorio porque, como todos sabemos, la arqueología estudia las formas de vida pretéritas a través de los restos materiales. La arqueología pública no busca cambiar eso, sino afirmar que cuando practicamos y reflexionamos sobre la arqueología debemos tener siempre en mente a la gente del presente y cómo nuestro trabajo acaba influyendo en sus vidas, tanto para bien como para mal. Y ¿por qué hacerlo? Os preguntaréis. Pues bien, en arqueología -como en cualquier otra disciplina científica- es muy habitual guiarse solo por intereses arqueológicos, dando la espalda a la sociedad, como si no tuviera nada que ver ni que decir más allá de visitar un museo. Lo peor, además, es que lo hacemos a pesar de trabajar muchas veces con dinero público y con un patrimonio que pertenece a toda la ciudadanía. Ante esta situación, la arqueología pública reivindica el protagonismo de la gente y sus maneras de relacionarse con el pasado y el patrimonio. Esto, desde la profesión, puede traducirse en muchas cosas: impulsar proyectos arqueológicos participativos (la llamada “arqueología de comunidad”), desenmarañar los vínculos entre arqueología y política, estudiar las percepciones sociales de temas arqueológicos, analizar la imagen del pasado en los medios de comunicación…

Piedra nace de esta necesidad imaginamos, y cumple la función de esparcir conocimiento por ejemplo, a través de Instagram (lo llamas el e-cuaderno de campo) de una manera muy grata e interesante: “Observaciones etnográficas sobre la presencia del pasado en nuestro día a día. ¡La arqueología a la vuelta de la esquina!”. ¿Cómo surge la idea?

A mí hay un tema que me interesa mucho y es ver cómo nuestra sociedad percibe y hace uso del pasado. Está claro que hay mucha gente a la que el pasado conforme lo presentamos los historiadores y arqueólogos no le atrae lo más mínimo, pero eso no quiere decir que esa gente no encuentre otras maneras de interactuar con él. Y eso puede verse día a día en la publicidad, en los discursos políticos, en los nombres de las calles o en los programas de televisión. Como arqueólogo me parecía muy interesante observar y tratar de entender todo eso, y de ahí nació el blog Piedra hace algo más de dos años. En él escribo sobre la presencia del pasado en nuestra cotidianidad, siempre (o casi siempre) en clave de humor. Y hace apenas dos meses inicié la versión Instagram de Piedra que, como dices, es un e-cuaderno de campo para complementar los contenidos del blog: se trata de subir cada día una foto que muestre que de verdad el pasado lo tenemos a la vuelta de la esquina.

Fotografía del instagram de Piedra.
Fotografía del instagram de Piedra.

Observaciones que pueden ir desde un paquete de sal, hasta el logo de una pizzería, pasando por unas sandalias. ¿Cómo observa Piedra el mundo que le rodea, y más concretamente Valencia?

Con mucha atención. En ocasiones te topas con esas referencias de casualidad, sobre todo cuando son muy evidentes, pero en general hay que buscarlas porque suelen pasar desapercibidas. Es más, hay veces que solo si cuentas con los referentes necesarios eres capaz de identificarlos. Entiendo, por ejemplo, que no a todo el mundo ver un coche de la marca Dacia le hace pensar en una provincia romana, o pasar por delante de la Clínica Quirón le remite al centauro con más habilidades médicas de la Antigüedad. Por suerte, la mayoría de referencias resultan mucho más familiares, sobre todo las que tienen que ver con la mitología clásica, que de una manera u otra todos conocemos.

Ahora, debo decir que esto de observar con ojos bien abiertos nuestro entorno en busca de referencias al pasado acaba convirtiéndose en algo adictivo. Puede sonar freak, y probablemente lo sea, pero a mí me sucede (¿eso quiere decir que soy un friki? ¡Oh, Dios mío, no!). De hecho mis amigos deben estar bastante hartos porque cada dos por tres les hago parar para hacer una foto, y me da igual que estemos caminando por la calle o en un concierto en un pub. Sea como sea, creo que es un interesante ejercicio de reflexión, porque ya no es solo ver en qué contextos se utiliza el pasado, sino entender por qué se recurre a él. Y esto dice mucho de la ciudad y de la gente que la habita, porque hay unas épocas que se destacan y otras que se olvidan, y eso no es casual. Al final todas estas cosas te ayudan a conocer mejor el lugar en el que vives.

Piedra pretende aunar arqueología y cultura de masas. En principio parece una tarea difícil ¿Cómo se puede acometer?

En principio parece difícil, pero no lo es tanto porque, como decía, la arqueología está mucho más presente en nuestras vidas de lo que pensamos. Es más, pienso que mostrar los vínculos entre arqueología y cultura de masas permite conectar mucho mejor con gente que a lo mejor no se pararía a leer un blog de divulgación arqueológica al uso. Existe un público muy interesado en la historia que es lector habitual de blogs, revistas y novelas, que incluso visita puntualmente museos y yacimientos arqueológicos. Pero hay otros públicos, sobre todo los relativamente jóvenes, a los que esos formatos y contenidos no les parecen apetecibles. Es a ese tipo de públicos, a los que les puede llamar la atención hablar de las relaciones entre Beyoncé y las pirámides de Guiza, el hipsterismo y los vikingos, el patrimonio industrial y un festival de música indie o Katy Perry y la estética egipcia, a los que yo he pretendido atraer con el blog. La clave está, en mi opinión, en encontrar temas atractivos de actualidad y buscar de qué manera se pueden poner en relación con el pasado. Esto me permite introducir algunas ideas básicas sobre arqueología sin dejar de entender que nuestro presente es el verdadero protagonista.

¿Conocer con profundidad el pasado (muy lejano) explica mejor nuestro presente? ¿O esto se lo inventó un profesor de Historia?

Conocer el pasado siempre permite hablar con perspectiva, y eso es fundamental. Nuestro entorno y todo lo que hacemos hoy en día es resultado de procesos históricos y, por tanto, saber de ellos nos sirve para comprender las cosas que ocurren en la actualidad: por qué nuestras calles son como son, por qué comemos lo que comemos, por qué hablamos la lengua que hablamos, por qué las relaciones con otros territorios son de un tipo y no de otro… Vamos, que nuestro presente no puede desligarse de ninguna manera del pasado, por remoto que sea. Ahora bien, de lo que no soy partidario es de pensar que el pasado deba entenderse como una hoja de ruta para, como se suele decir, evitar caer en los errores del pasado. Las circunstancias son distintas y nuestra sociedad no es hoy en día igual a la de hace cien años, por tanto las cosas no pueden repetirse de la misma manera. Pero eso, por supuesto, no es excusa para que no conozcamos el pasado o simplemente lo olvidemos.

Fotografía del instagram de Piedra.
Fotografía del instagram de Piedra.

Si tuvieras que elegir un objeto, lugar o resto/rastro arqueológico de la ciudad ¿con cuál te quedarías y por qué?

En Valencia ha habido una gran escabechina patrimonial y eso ha afectado también a los restos arqueológicos. Cuando te adentras en el mundo de la arqueología urbana de esta ciudad realmente te das cuenta de la cantidad de restos monumentales de época antigua, medieval, moderna y contemporánea (¡que no se nos olvide la arqueología industrial! ¡Ni la de la Guerra Civil!) que han aparecido y la poca atención que se les ha prestado desde la administración. Una parte de esos restos han sido destruidos u ocultados para construir sobre ellos. Otros han sido conservados aunque corriendo distintas suertes: algunos se publicitan y son de sobra conocidos, como los del foro romano de Valentia, pero muchos otros permanecen en el más absoluto anonimato aún y cuando pueden ser visitados. De entre todos ellos yo me quedaría, por su excepcionalidad, con uno: el solar de la calle Ruaya. A pesar de que el descubrimiento tuvo impacto mediático por una serie de conflictos de intereses, en ese solar han aparecido restos ibéricos y púnicos muy interesantes. Me quedo con él por deformación profesional, porque soy especialista en iberos y la cabra tira al monte, pero también por lo que ese yacimiento ha significado precisamente desde el punto de vista de los usos del pasado; en concreto, el deseo de algunos sectores de la sociedad valenciana de encontrar una ciudad ibérica (Tyris –sí, como la cerveza, ¿veis? ¡otra vez el pasado!-) anterior a la Valentia romana, aún y cuando la realidad arqueológica lo haya desmentido. Lo mejor de todo es que ahora ese yacimiento duerme bajo el nuevo y flamante jardín de Ruaya…

Valentia romana, Balansiya (Valencia árabe), Valencia cristiana… ¿Cuál de ellas atrae más tu atención y estudio?

Como te comentaba antes, yo soy iberista, o sea, que estudio a los iberos. Desde que me especialicé el último año de carrera mis investigaciones siempre han girado en torno a ellos. Y a modo primicia te diré que en breves iniciaré un blog divulgativo sobre el mundo ibérico, que creo que hace bastante falta. Pero la verdad es que siento predilección por la Antigüedad en general, sobre todo por las culturas mediterráneas. Ahora bien, si me preguntas por el caso concreto de Valencia, no sería capaz de destacarte un pasado en particular, porque todas las huellas dejadas a lo largo de su historia me resultan atractivas. Lo mismo me gustaría ver la cara de los romanos al fundar la ciudad en medio de un cenagal, que tener una instantánea de Balansiya y sus alquerías, que darme un paseo por la Valencia de la Exposición Regional de 1909. En este sentido, muchas veces se piensa que la arqueología se dedica en exclusiva al mundo antiguo y, como máximo, al medieval; pero también hay arqueología contemporánea, como la que se dedica, por ejemplo, al patrimonio industrial. En cualquier caso, Valencia debe entenderse como un todo, como una suma de pasados que han ido superponiéndose. Y yo, como gran enamorado de mi ciudad, no podría decantarme por ninguno de ellos. Eso sí, ¡borraría de la historia algunas de las transformaciones que ha vivido en los últimos sesenta años!

“Estás hecho un fósil”, “se ha quedado de piedra”, “ir a ver piedras”… Habría que empezar por dejar de utilizar ciertas frases hechas para revalorizar nuestras piedras ¿no?

La verdad es que ese tipo de frases hechas a mí me dan mucho juego para el blog. Al fin y al cabo se llama Piedra, que no es más que un tributo a esa manera popular de referirse a los restos arqueológicos. En ocasiones también se habla de “ruinas”, algo que suele molestar bastante a los arqueólogos. Lo único que a mí no me gusta de este tipo de expresiones es que dan a entender que los restos arqueológicos están muertos, que simplemente yacen, como las piedras en sentido literal. Yo creo, en cambio, que las piedras están más que vivas. Lo importante es entender que esas piedras no implican solamente visitar yacimientos y museos, sino que hay muchas otras posibilidades. Y sí, estoy de acuerdo en que hay que revalorizar nuestras piedras. Ahí los arqueólogos tenemos mucha faena por delante, sobre todo para pensar en nuevas fórmulas que despierten el interés de las personas (y de los políticos). Por cierto, ahora que lo pienso, tampoco me parece tan mal lo de decir “estás hecho un fósil”, ¿no? A los paleontólogos seguro que les parece un piropo. La mismísima Agatha Christie decía: “cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará”. Y ella sabía bien de lo que hablaba.

Fotografía del instagram de Piedra.
Fotografía del instagram de Piedra.

Piedras que reivindicas que están más vivas que nunca, “las piedras, alegoría de la arqueología y del pasado, forman parte de nuestra vida cotidiana” ¿Algún descubrimiento reciente de Piedra, en el que tengamos que fijarnos cuando salgamos de casa?

Una de las capturas más singulares de Piedra, que descubrí hace apenas un par de semanas, son unas piezas de Lladró que hay expuestas en la tienda de la calle Poeta Querol. Me llamó mucho la atención porque siempre que he pasado por allí me he fijado en cómo Lladró ha tratado de reinventarse a través de algunas colecciones, pasando de las tradicionales figuritas bucólico-pastoriles a escenas familiares casi futuristas. Y ahora, de repente, una deliciosa víctima para el e-cuaderno de campo de Piedra: una figura y un vaso cilíndrico reproduciendo el friso de los arqueros del palacio de Darío I en Susa, pero siempre siguiendo la estética Lladró.

También me gusta, por ejemplo, que Escif introduzca en sus obras referentes históricos. Pero en general todas las alusiones cotidianas al pasado me parecen interesantes, y muchas veces también divertidas. Por eso yo siempre animo a la gente a que salga de casa con los ojos bien abiertos en busca de nuevos usos y abusos del pasado. De hecho el Instagram de Piedra está abierto a la participación y algunas de las fotos que subo son de instagramers que me las envían por privado. La verdad que el hecho de que la gente tome la iniciativa me alegra mucho porque es como si Piedra estuviera animando a algunas personas a mirar de otra manera a su alrededor y, tal vez, a entender que eso del pasado y de la arqueología está más presente en sus vidas de lo que realmente pensaban… aunque quizá en esto soy demasiado optimista.

Y para las civilizaciones futuras ¿qué Valencia les estamos dejando? ¿Cómo hablarán de nosotros cuando hayamos muerto?

Está clarísimo. Cuando de aquí dos mil quinientos treinta y tres años un cataclismo universal devaste el planeta y vuelva a ser repoblado por los escogidos representantes de la raza humana, y una vez estén asentadas las bases de la nueva civilización, estoy convencido de que Valencia será una auténtica joya para los futuribles arqueólogos. Los eruditos y especialistas en arqueología pre-cataclíptica se harán la zancadilla mutuamente para desarrollar sus proyectos en el gran yacimiento arqueológico que constituirá nuestra ciudad, y los jóvenes becarios harán horas extras de servir café y hacer fotocopias –sí, las fotocopiadoras seguirán existiendo- para poder hacerse un hueco en los equipos de investigación. Valencia será el gran enigma. “¿A qué se debió aquella arquitectura megalómana de entre finales del s. XX y el primer cuarto del s. XXI?” se preguntarán. “¿Por qué allí y no en otro lugar? ¿Cuáles fueron los factores económicos, sociales y políticos que lo favorecieron? ¿Qué tipo de dinastía lo llevó a cabo?” Pero no habrá respuestas. Eso sí, como la arqueología egipcia continuará siendo referente, muchos tratarán de encontrar paralelos entre el antiguo Egipto y la Valencia del s. XXI, lo que les llevará a pensar en posibles viajes interestelares y visitas alienígenas. Esperanzador, ¿no?