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Prehistoria y cómic, cerrando el círculo primigenio

Fotografías: Eva M. Rosúa

Debemos buena parte de nuestra educación sobre la Prehistoria a esa serie de origen francés, “Erase una vez… el hombre”, que luego se adaptó al cómic. También a la creación de la factoría Hanna-Barbera sobre “Los Picapiedra” (The Flintstones). Si pensamos en los orígenes del hombre, los clichés que nos han proporcionado las viñetas han sido fundamentales para conformar nuestro imaginario. La exposición Prehistoria y cómic es una muestra pionera (única en toda España y una de las más importantes de Europa) de esa relación que el dibujo ha establecido por contar ¿cómo empezó todo? Y tiene mucho sentido la ligazón entre (pre)historia y narrativa dibujada, porque como explica Álvaro Pons (coordinador de la exposición junto a Helena Bonet, directora del Museo de Prehistoria de Valencia), “fue la primera forma de expresión que perduró en el tiempo por su capacidad simbólica, gráfica y directa”. Sin mucho exagerar, las pinturas rupestres de Altamira podrían considerarse como la primera novela gráfica.

Siendo ortodoxos, entre las historias que nos han contado los tebeos, hay también mucha confusión, mezcla entre períodos (Paleolítico al mismo tiempo que el Neolítico y cosas por el estilo), una melé de dinosaurios conviviendo con hombres… En España un ejemplo de hombre primitivo minimal en la década de los 60 y 70 es el encantador “Hug, el troglodita” (del ilustrador Gosset, publicada en la revista Tío Vivo de la editorial Bruguera, y que luego personificará en “Roquita” la licencia de una pequeña troglodita con gafas) que bien merecería una reedición. Casi coetáneo de otro personaje crucial en el cómic español prehistórico, “Altamiro de la cueva” (en el TBO, de la mano del guionista Carles Bech y el dibujante Joan Bernet Toledano).

La selección incluye dos siglos de cómics (más de 100 ejemplares), entre los que destacan las aportaciones de las últimas décadas, de carácter más riguroso, que han acudido a las fuentes científicas para documentarse, como André Houot, el primer autor de bande desinée que a finales de los 80 se asesora científicamente para ilustrar la prehistoria (luego vinieron “Lucy. L´espoir” de Patrick Norbert y Tonino Liberatore en el 2007,  “Mezolith” de Ben Haggart y Adam Brockbank, 2010…). Porque la simbología de la prehistoria es de tal fuerza (el fuego, las fieras, los utensilios, las piedras…) que su atracción puede llevar a un uso indiscriminado y nada mejor que buscar ayuda cualificada. Como estamos en el Museo de Prehistoria, la ocasión es única para unir en las vitrinas las viñetas con la representación objetual de esos potentes símbolos originarios. Combinar los materiales arqueológicos del museo con las ilustraciones de los cómics, supone una labor exhaustiva de lectura de la letra pequeña que da excelentes resultados, dotando a la exposición de una valiosa singularidad. Y que produce momentos tan maravillosos como la conjunción entre los dibujos de “La muchacha salvaje” de Mireia Pérez (2011), y una lámpara de piedra prehistórica que ilumina el paso de la juventud a la madurez de la joven protagonista. El cómic es magia y la Prehistoria está llena de momentos primigenios de descubrimiento y chispa.

“Prehistoria y cómic” se puede visitar en el Museo de Prehistoria de Valencia hasta el 27 de noviembre de 2016.