Jorge Martí

Foto: Mary Wilson.

Foto: Mary Wilson.

Me llamo Jorge Martí Aguas y tengo 43 años, me acabo de casar tras 19 años con Ingrid, mi pareja, y tenemos dos hijas: Frida de 7 y Érika de 9 años. Soy Diplomado en Enfermería por la Universitat de València y tengo la marca de haber estado matriculado y haber cursado un año en las carreras de Farmacia, Biológicas, Empresariales, Antropología Social y Cultural y un año como oyente en la Facultad de Medicina. ¡AHÍ ES NADA!

Vivo a caballo entre España y Noruega y me considero de L’Eliana a pesar de haber nacido en Valencia y que en mi DNI ponga que soy natural de Riba-roja de Turia, de donde son mis padres y la mayoría de mi familia. En L’Eliana he ido al colegio, al instituto, y he jugado al fútbol y formado mi grupo La Habitación Roja, motivo por el cual abandoné el sueño de mi adolescencia de ser futbolista como mi padre. Las categorías inferiores del Valencia CF, SD L’Eliana, luego ya de adulto el CD Alaquàs, Ribarroja CF, UD Alzira, C.E.Premià (donde llegué a debutar en 2ª B) y Sporting Requena fueron mis clubes en las categorías de 2 ªB, 3 ª y  Regional preferente hasta que con 23 años me marché de Erasmus a Noruega (donde conocí a mi mujer y han nacido mis hijas) y ganamos el Circuit Rock, todo en el mismo año y mi vida cambió para siempre.

Siempre guiado por el corazón, más que por la razón, la música, el amor y los viajes son mis grandes pasiones y han hecho de mi vida algo que siento especial y único, aunque disfruto por igual de cualquier actividad artística que me haga sentir. Cuando algo me gusta y me apasiona soy incasable y nunca me doy por vencido. Vivo en continua contradicción y en una dualidad constante: Norte y sur, España y Noruega, música y trabajo, familia y amigos, placer y obligación. Bohemio a medias, nunca he dado por sentado que plasmar lo que uno siente en canciones sea un cheque en blanco del cual vivir para siempre, así que decidí estudiar y siempre que he tenido necesidad he tirado de esa opción B para sacar adelante a mi familia. He dejado en el camino muchas cosas por dedicarme a la música, pero la música es mi vida y me ha devuelto todo lo que yo le he dado con creces. Siempre he vivido para la música y ésta, por suerte, me ha recompensado. Esa ha sido una de mis máximas: Vivir para la música y no de la música.

Me considero un privilegiado pese a los golpes de la vida  e intento que mi inestabilidad emocional no arruine todo lo bueno que la vida me ofrece y me rodea. Hago canciones para convertir lo que me aflige en algo positivo. Reciclo basura emocional y me emociono al ver que eso conecta con un montón de gente como lo hace conmigo. He tardado casi 20 años en creerme lo que hago y en superar el miedo al qué dirán, al escenario, a mostrar mis sentimientos sin pudor y ahora lo hago con más ganas y fe que nunca, consciente de que el tiempo es finito y la vida y la suerte de poder hacer lo que te gusta un privilegio que sería imperdonable no aprovechar.

Intento ser consecuente con  mi forma de sentir y de pensar, me gusta la gente, sobre todo la buena y siempre que me caigo me vuelvo a levantar.

La moneda siempre está en el aire, lo mejor puede estar por llegar, y la historia se escribe a diario.

Un disco: Dos que me han marcado mucho. “The Queen is dead” de The Smiths y “De un país en llamas” de Radio Futura.

Una película: Cualquiera de Alfred Hitchcock pero me si hay que elegir me quedo con “Vértigo”, “La ventana indiscreta” y “Con la muerte en los talones”.

Un libro: “1984”, de George Orwell.

Una serie de tv: Twin Peaks.

Una serie de dibujos de tv: Mazinger Z.

Una revista: Rockdelux en mi juventud y ahora Uncut o Mojo.

Un icono sexual: PJ Harvey. Sexual y musical. Me gusta todo de PJ. De universitario recuerdo ligarme a una chica porque se parecía a ella, aunque solo físicamente.

Una comida: La paella, por supuesto.

Un bar de Valencia: No salgo por Valencia. Bueno, ni por Valencia, ni por Noruega. La verdad es que sólo salgo cuando viajamos con el grupo. Así que sí que salgo y mucho, pero cada vez en una ciudad distinta, por lo que se hace difícil echar raíces. Cuando estoy por aquí o en casa llevo una vida muy tranquila y casera. No tengo ningún bar de referencia a día de hoy. La última vez que salí por Valencia fui al Electropura y tenía unas ganas locas de quedarme, porque es un bar que frecuentan amigos y algunos componentes del grupo, pero tuve que marcharme a los 10 minutos por un problema largo de contar aquí. Cuando estoy en España me dedico a ensayar, a visitar amigos y por supuesto a tocar e ir de gira. Pocas veces me llega para salir de bares por Valencia, así que no conozco muchos de los que sí frecuentan el resto de componentes del grupo. A Madrid sí que vamos mucho y pasamos tiempo allí por motivos de promoción, reuniones con nuestra compañía y nuestra agencia, compromisos de todo tipo relacionados con el grupo y la música así que allí sí que tenemos un par de bares que son como de la familia ya: El Moloko y el Picnic.

Una calle de Valencia: Carrer de Cavallers, que además sale en la canción de BustamanteValència no s’acaba mai” y porque me encanta El Carmen. Siempre he tenido una visión romántica e idealizada de El Carmen. Era un barrio del que escuchábamos hablar mucho de adolescentes y cuando fui por primera vez me impactó mucho. También me gusta mucho la calle del Mar, que es donde viví por primera vez en Valencia y además con mi chica. Y cada vez más la Plaza de la Reina y alrededores. Siento gran nostalgia de Valencia y lo valenciano y estoy realmente entusiasmado con tener un alcalde como Joan Ribó. Vi su toma de posesión mientras estábamos de gira y me sorprendí a mí mismo llorando de emoción en la habitación del hotel.

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