Un vermut con...

Sonia Rayos

Foto: Ibán Ramón
Foto: Ibán Ramón

Nací un día diez, era domingo, estos datos son importantes para entender por qué tengo tanta suerte en la vida. Mi apellido es Rayos, no es un pseudónimo. De pequeña era una carga, no por los compañeros de clase, sino por los profesores. Hoy me encanta ser Rayos.

Estudié danza clásica y contemporánea, arquitectura técnica y arquitectura, por ese orden. Pero de lo que más he aprendido en la vida ha sido de mis amigos (tengo los mejores), de mis viajes (soy culo de mal asiento) y de mi día a día como madre (Teo y Pol me tienen completamente enamorada).

Me gusta el orden, el silencio, la poesía, el apio, el sushi y el vino tinto. Y el aroma del café recién molido, el cine en versión original, caminar descalza por la casa, rellenar las casillas de los crucigramas, el sonido de la lluvia y buscar paisajes de niebla con Ibán. Me encanta viajar, cualquier excusa es buena, pero si me dan a elegir me voy a la India, o a visitar a mi amigo Le Corbusier.

Siempre lloro en el teatro y en la ópera. Aunque la obra sea una patata, en realidad es el aplauso lo que me emociona. Sigo utilizando agenda de papel. Siento una gran admiración por mis padres a los que a estas alturas ya meto en el grupo de amigos.

Trabajo como arquitecta desde hace quince años, pero siempre he compaginado el estudio y las visitas de obra con la docencia. Mi último proyecto ha sido la reforma de la vivienda de Paco Roca y Raquel Silvestre. Con clientes como ellos pasaría la vida trabajando.

Actualmente soy el cincuenta por ciento de Arquilecturas, un proyecto maravilloso que comparto con la gran Silvana Andrés para acercar la arquitectura a los niños. Va rápido, muy rápido. Hay interés y mucha demanda, pero para nosotras lo importante es hacer bien las cosas, generar talleres con contenidos realmente interesantes para los niños, y aprender. Nos encanta ver como los más pequeños observan su ciudad, su edificio, incluso su vivienda por primera vez. Construir esa mirada crítica en los niños es esencial para construir un futuro mejor.

Me gustaría tocar el piano.
Me gustaría no estar nunca de vuelta de nada.


Un disco:
Crecí escuchando a Serrat, a Georges Moustaki, a los Beatles, y el piano de las clases diarias de ballet, así que en la música soy incapaz de resumir tanto. Hoy elijo Kind of blue, de Miles Davis, A love supreme, de John Coltrane, Goldberg Variations, de Bach interpretadas por Glenn Gould, Are you experienced, de Jimi Hendrix, Epic that never was, de Wim Mertens… No pararía. El año pasado descubrí a Soko, y su I thought I was an angel me cautivó.

Una película: El tercer hombre, de Carol Reed, Desayuno con diamantes, de Blake Edwards y Cielo sobre Berlín, de Wim Wenders.

Un libro: Me impresionó Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, y El amante, de Marguerite Durás, aunque siempre es buen momento para El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano. Me encanta la poesía. Me regalaron La voz a ti debida, de Pedro Salinas y nunca la dejé.

Una serie de tv: No tengo mucho tiempo para ver tele. Breaking Bad me pareció bestial, pero decidí que nunca volvería a engancharme a una serie tan larga. Me enamoró Matthew McConaughey en True detective. Y la última fue Fargo que la vi de manera compulsiva en día y medio.

Una serie de dibujos de tv: La Pantera Rosa, sin dudarlo. Me traslada a mi infancia, y a mis hijos les encanta.

Una revista: No soy muy de revistas. Durante un tiempo estuve suscrita a Detail. Apartamento me parece un gran proyecto.

Un icono sexual: Nunca he sido de iconos, en general. Me atraen más las personas “de carne y hueso”.

Una comida: La tarta de queso que hace mi madre que es la mejor cocinera del mundo. Yo la hago también pero no me sale igual.

Un bar de Valencia: Cualquiera en el que esté mi gente. Últimamente frecuento el  5 CaféBar, en calle Denia, 5. Allí quedo con mis amigas todos los miércoles. Tenerlas es un regalo. Y el Slaughterhouse, claro.

Una calle de Valencia: La calle Linterna. Allí alquilé mi primer apartamento en Valencia. Me encantaba tener tan cerca el Jazz Café La Linterna y bajar después de cenar. Y desde hace poco la calle Buenos Aires, en Ruzafa. Este mismo mes Silvana y yo abrimos local para la gestión de los proyectos de Arquilecturas en compañía de una gran amiga y profesional, la publicista Noelia Terrer.