Escenarios

“Piedra y encrucijada”, metateatro en familia

Paco Zarzoso ha escrito Piedra y encrucijada (Sala Ultramar, del 14 al 24 de noviembre). Paco Zarzoso es el único intérprete de Piedra y encrucijada. Paco Zarzoso da vida a Paco Zarzoso en Piedra y encrucijada. “Para mí lo importante era utilizar mi autobiografía para hablar de una persona frente a una encrucijada, pero con la intención de universalizar esa disyuntiva y que cualquier espectador pueda sentir mis tensiones como suyas”, explica. Por si no fuera suficiente peculiar la obra y lo que la envuelve, la dirección de la misma corrió a cargo de Marcos Sproston, hijo de Zarzoso, que debutó con este montaje en esas lides. Él contesta nuestras preguntas.

¿Qué supuso para ti (tanto desde el punto de vista escénico como del familiar) debutar como director con una obra no solo ya escrita e interpretada por tu padre, sino que además va sobre él?

Supuso que hubo mucho diálogo, mucho dar y recibir, incluso tira y afloja. Creo que es positivo porque nos exige a los dos estar más atentos, más lúcidos. El choque generacional es algo que se refleja en la función. Además del contraste padre e hijo, también me parece que es interesante el contraste de autor con treinta años de experiencia y de director joven y novel. El tema es que la obra también trata de eso.

¿En qué ha beneficiado y perjudicado al resultado final ese parentesco familiar?

Creo que no ha perjudicado en nada a la obra, más bien al contario. Es verdad que hemos discutido bastantes veces, pero también nos hemos reído una barbaridad. Esta es una obra muy loca y me atrevería a decir también valiente.

Aunque para lo personal, a veces, el exceso de confianza pueda provocar roces, a la hora de la creación es muy práctico poder decirnos las cosas claras y saber de qué pie cojea cada uno. Nos conocemos muy bien. La información siempre ayuda y en este caso teníamos de sobra, tanto sobre nosotros mismos como de los temas que trata la obra.

¿Cómo fue el proceso creativo? ¿Paco Zarzoso era receptivo a las ideas que le pudieras proponer o habéis trabajado sobre algo muy cerrado?

Ha habido mucho respeto por las dos partes. Ha sido un proceso muy particular porque el texto ha tenido muchas versiones y lo ha ido modificando a la vez que ensayábamos.

Una de las ventajas de que el dramaturgo de la obra que diriges sea tu padre es que estás presente durante el proceso de escritura. En ese sentido yo tuve mucha suerte porque Paco me pedía opinión de algunas cosas mientras las escribía y ese es un gran privilegio.

Obviamente, yo también he hecho lo mismo con la dirección pero no por devolverle el favor ni mucho menos, sino porque sería tonto por mi parte no escuchar, ya no solo las propuestas del actor y dramaturgo, sino a alguien con la experiencia y la creatividad de Paco. Ha sido un trabajo bastante dual y creo que eso se refleja positivamente en el espectáculo.

Marcos Sproston. Foto: Patricia Vargas.

¿En qué medida se ha transformado aquella primera versión corta que se pudo ver en Cabanyal Íntim con la obra actual?

Es una obra nueva. Esto no quiere decir que hayamos empezado de cero. Aunque estábamos muy satisfechos con la versión corta no queríamos simplemente alargar unos minutos y ya está, porque para eso ya estaba aquella versión. Queríamos desarrollar otros elementos o profundizar más en algunos que ya teníamos.

Creo que una de las cosas de la que más contentos estamos es que hemos conseguido hacer escenas nuevas, un final distinto, sin traicionar la esencia de la versión corta con una unidad global y mejorando lo que había.

¿Tuvisteis en algún momento alguna visión u opinión externa sobre la obra o no necesitasteis esa oxigenación?

Tuvimos personas que nos ayudaron con una visión externa para algunas cosas concretas. No diría que fuera necesaria la oxigenación, porque para nada nos estábamos ahogando, pero siempre viene bien conocer otras perspectivas. A veces desde fuera se ven soluciones mucho más fácilmente. También por no desentonar con la filosofía del proyecto una de las personas que más nos ayudó fue Lola López (mi madre). Ha sido la aportación más grande de todas y creo que nos ha venido genial también una visión femenina.

¿Cómo definirías la obra?

Buena pregunta. Me cuesta responderla porque me parece que la obra puede ser varias obras. Creo que lo mejor es que cada persona se haga su propia definición. Yo, por mi parte, puedo decir que es un falso monólogo que trata de un hombre que se encuentra en una encrucijada vital, que como tantos otros no sabe qué decidir en su vida, que aborda sus problemas con su padre, con su hijo, consigo mismo… Que hay mucho humor y sorpresas. Mucho de reírse de uno mismo, de no usar lo autobiográfico pornográficamente, de cachondeo, de usar el teatro como un juguete.