Rafa Cervera. Foto: Álvaro Leivas.

“Redacto esto mientras estoy vivo, para que lo leas ahora que he muerto”. Así empieza Porque ya no queda tiempo, segunda novela de Rafa Cervera (y como la primera, Lejos de todo, editada por Jekyll & Jill), en la que el periodista y escritor valenciano nos cuenta quién es. Sin protagonismo ególatra, compartiendo páginas con aquellos que le han acompañado a lo largo de su vida, sin escatimar en dudas o miedos, sin renunciar al humor, como una especie de suma muy extensa de personas, situaciones, lugares y emociones. Apunta Cervera en el libro que escribir es “un íntimo acto de exhibicionismo”. Habrá que darle las gracias por haberlo compartido.

Rafa Cervera presenta Porque ya no queda tiempo este jueves, 15 de octubre, a partir de las 20.15h, en La Rambleta, junto a la periodista Irene Rodrigo.

En Lejos de todo tejías una ficción a partir de personajes o hechos de la no ficción. En Porque ya no queda tiempo la no ficción es el motor.

En esta novela el motor es convertir en ficción algo que ha sucedido en la realidad. Es una reinterpretación literaria del autor del libro a través de una serie de episodios e imágenes que, en algunos casos, proceden de su imaginación pero que no están completamente protagonizados por él, sino por personas que son cruciales en su vida. Solamente se puede cambiar lo sucedido a través de la escritura.

¿En qué medida este segundo libro no existiría sin el primero?

Sin Lejos de todo este libro no existiría. El hecho de comprobar que puedo escribir ficción y puedo hacerlo suficientemente bien como para que un editorial como Jekyll & Jill me publique y que además me concedan el Premio de la Crítica Literaria Valenciana fue decisivo. A partir de ahí, el siguiente reto: ir más allá, arriesgar más, hacer un más difícil todavía con este segundo libro. Y eso se aplica también para lo que escriba a continuación.

Recoges en el libro una conversación con Robyn Hitchcock en la que él dice “Todos viajamos en el tiempo, pero lo hacemos en una sola dirección”. ¿En qué dirección has viajado en Porque ya no queda tiempo?

Hacia el futuro. El libro empieza con una especie de nota que el autor le deja al lector explicándole que, si está leyendo ese libro, es porque el autor ha muerto. A partir de ahí, todo lo que se cuenta está contextualizado en un pasado que se está cuestionando constantemente cómo será el futuro y, sobre todo, con la relación que mantengo con el paso del tiempo.

Es un libro en el que la muerte, o tal vez sea más preciso decir las ausencias, está(n) muy presentes.

Porque creo que el olvido es el peor de los destinos. Olvidar a los muertos me parece una traición. “Los muertos nunca mueren del todo mientras alguien les escriba”, escribió Vila-Matas en Una casa para siempre. Por eso mismo esta novela también es una celebración de la vida y de algunos de los elementos que le dan sentido, como el amor, la identidad, la amistad, el arte…

Escribir, dices que lo consideras un íntimo acto de exhibicionismo. Acostumbrado como estás por tu trabajo de periodista a ser el que intenta averiguar cosas de los demás, ¿cómo has llevado la escritura de este libro por lo que tiene de ese exhibicionismo, de confesional y de “desnudo”? ¿Pusiste algún límite o premiaba siempre el interés literario? 

El único límite era no molestar ni hacer daño a ninguna de las personas que inspiran los diversos personajes que aparecen en la narración. En lo que a mí respecta, lo que más me preocupaba era la responsabilidad que un ejercicio así acarreaba, porque un libro como este, o se escribe muy bien o se hace el ridículo. Todo lo que no fuesen esos dos puntos me daba igual. Yo, que soy muy discreto y que a partir de la llegada de las redes sociales lo soy todavía más, he escrito sobre cosas muy privadas. Te diría que me he quedado muy a gusto pero tampoco ha sido eso. Ha sido como practicarme a mí mismo una operación a corazón abierto y verla por un monitor. Era algo que necesitaba hacer y ahora que ya está hecho y que ya no me pertenece del todo, ya da un poco igual. La satisfacción ya está saboreada. Sobre todo me importa lo que estoy escribiendo ahora.

A pesar de ello, has optado por “jugar” y evitar los nombres de personas, grupo o lugares (la tienda de Carbone / Harmony; el grupo de Macías y Jean Montag (Remi Carreres) / La Banda de Gaal o Glamour; el crítico favorito, el bar favorito, algunos músicos…).

Cuantos más nombres propios conocidos pongas, menos capacidad de impacto tendrá la ficción. Hay personajes conocidos que tenían que estar con sus nombres. Al resto prefería convertirlos únicamente en personajes. Para que no mediaticen al lector y para que la imaginación tenga más radio de acción. Es la última vez que pongo nombres de músicos en un libro de ficción. Ya está.

Hay un capítulo (“Athens, GA”) en el que describes tu relación con la música (“física y emocional”). ¿Esa relación la mantienes más viva, hoy en día, con la literatura?

Sin toda la música que he escuchado no sería quien soy, ni a nivel profesional ni personal. Ni escribiría ficción. Ese poder es eterno, no se va a evaporar ni quiero que eso ocurra. Mucha de la música que me apasiona me apasiona también por lo que dicen las letras, por cómo lo dicen. Quizá por la edad, mi relación con la música nueva empieza a secarse, mientras que la que mantengo con la literatura está reforzándose porque, de alguna manera, yo ya también pertenezco a ella y puedo absorberla y hacerla mía como lector y escritor.

La entrevista es una nueva forma de arte, escribes que dijo Jim Morrison. A lo largo de las páginas del libro hay como una reivindicación de la entrevista, incluso más allá de como género periodístico.

La entrevista yo la entiendo sobre todo como una conversación. La entrevista incisiva, puramente periodística nunca ha sido lo mío, no me interesaba, de la misma manera que tampoco es lo mío ser un crítico en el sentido estricto de la palabra. A mí desde siempre lo que me atraía era comunicar y expresar cosas relativas a aquello que me gustaba. La entrevista era una manera de hacerlo. Realizando entrevistas, transcribiéndolas y editándolas he aprendido muchísimo.

También hay una defensa de la necesidad de seguir aprendiendo siempre, de las enseñanzas que podemos obtener de los demás. 

Los maestros que se mencionan en el libro. Todo los necesitamos pero no siempre los encontramos o damos con los adecuados. Hay una cosa que también buscaba en Porque ya no queda tiempo: que mis sobrinos, o cualquier persona que la lea, sea consciente de que el tiempo no es eterno, que hay que trabajar para ser lo que queremos ser y hacer lo que necesitamos hacer. Y que no hay que tener miedo de decir lo que sentimos porque la mayoría de las veces no sabemos hacerlo.

A lo largo del libro, queda patente la importancia de Lou Reed en tu vida (su presencia recorre las páginas del libro). ¿Cierras con Porque ya no queda tiempo una etapa sobre él y al mismo tiempo abres otra, que podría estar (de alguna manera) representada por tu tío Rafa, que tiene unas posibilidades literarias enormes?

Es cierto que el personaje del tío Rafa se merece un libro para él solo, pero no es una vía que me haya planteado seguir. A Lou Reed también le he hecho el homenaje que creo le debía. Es muy posible que ya no quede nada de eso en lo siguiente que escriba, lo cual me da una formidable sensación de libertad.

¿La escritura de este libro ha tenido mucha importancia para ti, más allá de las cuestiones literarias?

Es como mi testamento vital. Y a la vez, el libro con el que poder demostrar que Lejos de todo no fue una simple casualidad. En este libro hay una ambición literaria que proviene del hecho de intentar explicar algo tan inabarcable como es la vida, algo que, por otra parte, ya se ha hecho decenas de veces de la mano de los clásicos. Pero ¿qué sentido tiene caminar con seguridad convencido de que el trayecto va a ser sosegado y tranquilo?

¿Crees que es un libro para entenderte tú o para que te conozcan más los lectores?

Escribirlo no ha sido ni terapéutico ni liberador. Ha sido duro porque quería hacerlo muy bien y la premisa de que no quedaba tiempo iba siempre por delante. También ha sido divertido, muy excitante. Si he sufrido escribiéndolo se debe únicamente a que he tenido que sacrificar todo mi tiempo libre durante año y medio. Lo que cuento no es para mí, es para los lectores, con la esperanza de que les sea de alguna utilidad, que les aporte algo. Yo me entiendo mejor a mí mismo leyendo a los demás.

“Estoy tan acostumbrado a mis preguntas que me las formularía yo mismo”, escribes en el libro. ¿Cuál te harías sobre Porque ya no queda tiempo?

Este verano seguramente te hubiese dicho alguna, pero ahora ya ha desaparecido esa necesidad. Cualquier pregunta que venga del exterior será siempre bienvenida. Esas son las realmente interesantes, porque son verdaderas. Las otras, las que proviene del interior, son sólo más de lo mismo y para lo único que tienen que servir es para seguir escribiendo otras cosas.