Juan Carlos Mataix

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Me llamo Juan Carlos Mataix y la mayor parte del tiempo a mi alrededor suena música pop. Al final la música está en casi todo lo que hago y es el nexo en común de buena parte de mi trabajo y mis ratos de ocio (en muchas ocasiones facetas que se solapan). Tanto me gusta que hace 15 años decidí hacer un programa de radio para compartirla con quien quisiera acompañarme al otro lado de las ondas y así comenzó Toxicosmos.

Poco tiempo después decidí mostrar lo que escuchaba también tras los platos de una cabina de DJ y ahí sigo actualmente, haciendo radio y pinchando aquí y allá. Por suerte en la noche valenciana he podido hacerlo en numerosos clubs, pero también he hecho la maleta para llevarme los discos a lugares tan sugerentes como el Festival de Benicàssim o el SOS de Murcia en varias ediciones, salas como Razzmatazz en Barcelona o subido a aviones para pinchar en Londres o Paris. Además de hacer sonar discos, también los he vendido desde tiendas ya desaparecidas como Elefant o Gong, he escrito en alguna que otra revista de música y moda (¡que buenos tiempos de LaMilk Magazine!), trabajado en agencias de publicidad, he sido jurado de algunos concursos musicales o colaborado con empresas de estudios de mercado asesorando sobre nuevas tendencias, además de formar parte de diferentes proyectos culturales. Ah! lo mejor para acompañar la escucha de un buen disco es un vermut ¡así que acepto encantado vuestra invitación!


Un disco:
“The Queen is dead” de The Smiths. Sólo por incluir “There is a light that never goes out”, es el vinilo que salvaría si me dejaran quedarme con un solo disco de mi colección. Si pudiera coger dos, me llevaría también el “Pet Sounds” de The Beach Boys.

Una película: “Vivre sa vie” de Jean-Luc Godard. Fue la primera película de la Nouvelle Vague que ví y me fascinó cómo estaba rodada, aunque lo que de verdad me enamoró fue Anna Karina. Además, trabajaba en una tienda de discos que, junto al hecho de vivir en el Paris de los 60, para mí era una combinación irresistible.

Un libro: “Alta fidelidad” de Nick Hornby. A cualquier aficionado a la música pop le gustaría este libro. Si además has trabajado en una tienda de discos mucho más, por la cantidad de situaciones con las que te sientes identificado.

Una serie de tv: Mad Men. Me encanta engancharme a una serie y con algunas como Lost, Juego de Tronos o Modern Family he pasado momentos muy grandes, pero visto con la perspectiva del tiempo la serie actual que mejor sensación me deja por temática y estética (¡sobretodo estética!) es Mad Men. Aunque si me dejas echar la vista atrás algunos años, voy a reivindicar Doctor en Alaska. Hace poco, en casa, compramos todas las temporadas, algo que no he hecho con casi ninguna otra serie.

Una serie de dibujos de tv: Jackie y Nuca. Es el primer recuerdo que tengo de una serie de televisión en la infancia. Ya más mayor me flipaban Los Diminutos, siempre intentaba emular los inventos del final de cada capítulo.

Una revista: Vice. Desde que la conocí me engancho a todas las historias que cuentan y las movidas en que se meten.

Un icono sexual: Scarlett Johansson, especialmente en “Lost in traslation”. También me encanta Sharin Foo de The Raveonettes… tiene un rollito muy chulo.

Una comida: La fideuà de mi madre. La comida de tu madre siempre es especial, pero más cuando ya no vives en casa. Por suerte existen los tupper.

Un bar de Valencia: El Ché, en Av. Regne de Valencia, una taberna vasca de toda la vida. Buena comida casera bien acompañada por un trago de txacolí. Que buenos momentos con amigos allí…

Una tienda: Sebastian Melmoth. Acaba de abrir en C/ San Fernando (muy cerca de la Lonja) y es perfecta para encontrar el regalo original ideal. Además venden cerámicas y otros artículos de Rubenimichi, que son uno de mis artistas favoritos.

Una calle de Valencia: Me encanta la avenida de Antic Regne, aunque en general toda la zona del Ensanche, sobre todo por el tipo de edificaciones. Es una zona que siempre he tenido muy presente, pues mi madre se crió allí y siempre me ha contado anécdotas de su juventud. A mí, ahora, que también me pilla cerca de casa me encanta pasear por la avenida observando sus edificios o tomarme un café cuando ya oscurece en cualquiera de sus remodelados bares de siempre como Los Madriles o El Congo.

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