Monty Peyró. Foto: Marcos Bañó (Baja Fidelidad).

1- El covid se llevó por delante una buena costumbre que había implantado en Verlanga, la de quedar cada quince días a almorzar con alguien relacionado con la cultura de esta ciudad, y charlar sin necesidad de que hubiera una excusa ligada a la actualidad. No me dio tiempo a citarme con nadie del mundo de la música. Y, seguramente, son quienes me despiertan mayor curiosidad sobre cómo es su día a día, y la manera en que compatibilizan sus necesidades creativas con sus otras vidas, la laboral y la familiar. Para remediarlo, abro un apartado dentro de la sección La ciudad despierta, sin periodicidad fija, hasta que el virus le devuelva el protagonismo a los bocadillos. Monty Peiró la inaugura. Le pregunto, lo primero, cuál es su principal ocupación. “En mi caso el concepto es un poco difuso porque me dedico a varias cosas. Trabajo como técnica de migraciones en un ayuntamiento y también colaboro en dos programas de radio en À Punt (Próxima Parada y Territori Sonor). Además de eso me dedico a hacer conciertos con diferentes formaciones. Todas estas cosas juntas son mi trabajo. Al margen tengo un podcast (Todo Mal) y una banda de rock de temas propios (Gran Quivira)”.

2- Con todas las bandas en las que ha estado, o está, Monty se podría hacer un festival que seguro conseguía el sold out. Apuntad: Gran Quivira, The Umbrellas, The Backseats, Sweet Little Sister, Femme Fractal, Interceptor, The Sheenas… sin contar colaboraciones numerosas. Dejamos el futuro imaginado a un lado para saber sobre su presente musical. “La verdad es que mi situación es bastante rara y cambiante”, me cuenta por mail. “En mi casa algunos días sólo pienso en crear nuevos proyectos, llamo a colegas para montar nuevas bandas, me tiro dos días tocando sin parar y otros días no me acerco a la guitarra durante semanas… He dado algún concierto con The Umbrellas, mi dúo de versiones, pero mis proyectos musicales más creativos están totalmente parados. Por otra parte, estoy reencontrándome con el placer de tocar por tocar en el local de ensayo con The Backseats. Quedamos, tocamos temas que nos ponen la piel de gallina y lo disfrutamos como adolescentes, pero en general, mi relación con la música ahora mismo es extraña. Tengo que resolverla, pero aún no sé cómo”.

3- Esa relación con la música, como decía en el primer párrafo, dispara mi curiosidad, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de proyectos en los que anda implicada. Pero asegura que lo compatibiliza todo bastante bien, por un lado porque son cosas que le gustan y, por otro, porque es muy ordenada. Los domingos suele organizarse la agenda de la semana “y entre trabajos y obligaciones voy metiendo ensayos o dejándome huecos para escribir y tocar. Suelo llevar, eso sí, una libreta encima por si se me ocurre algo o a veces tarareo cosas en la grabadora del móvil. También aprovecho mucho en los trayectos en metro para escribir guiones para la radio o para mi podcast o si tengo alguna letra pendiente de terminar, etc. Normalmente soy capaz de invocar a la inspiración a base de trabajo. Si necesito escribir algo, me siento, me concentro y lo hago. Supongo que no puedo permitirme sentarme a esperarla porque no dispongo de mucho tiempo”. El tiempo en sus manos parece estirarse como un chicle para poder abarcar todo lo que hace, porque como decía aquel ratoncillo, no se vayan todavía que aún hay más. “Estudio en la escuela de idiomas porque mi trabajo como técnico de inmigración me exige mejorar siempre en ese aspecto. Siempre quiero sacar tiempo para apuntarme a clases de guitarra y canto y seguir aprendiendo, pero no me da la vida. Y también es cierto que tengo poco tiempo de ocio, pero me divierte hacer cosas creativas, así que al final escribo, toco o grabo en lo que debería ser mi tiempo libre”.