Cuatro componentes: Darío Satorres (voz y guitarra), miembro activo de Tercer Sol y anteriormente de la banda de shoegaze Nomembers; Pablo Bosch (guitarra), cuya trayectoria comienza en los años noventa con grupos de hardcore y punk rock como Ownfight y Los Brackets; Óscar Mezquita, un habitual en la escena valenciana desde hace décadas como batería de Zanussi y Futuro Terror, entre otras muchas (muchísimas) bandas; y Paco Caballer (bajo), también integrante de Filete y otro músico totémico del panorama valenciano.
Un proyecto musical: Piso Franco, nombre que surgió espontáneamente la misma noche en la que Paco, Óscar y Pablo decidieron que empezarían un proyecto juntos, sin muchas más directrices. «Piso Franco es un lugar seguro en el que las personas se encuentran protegidas por varios motivos». ¿Dónde empieza y acaba el sonido que caracteriza a este lugar seguro, no común? «Pensamos que el sonido nos ha encontrado a nosotros porque la idea inicial era formar una banda de punk. Los nombres deben llenarse de contenido».
Una búsqueda: la de un punto en común que se ha convertido en un ejercicio rítmico que mezcla bucles insistentes y estructuras asimétricas que conducen a lo inesperado. Su exploración y mezcla de estilos —a veces del pop, a veces del post punk— se ha plasmado en su primer disco homónimo, publicado con el sello Flexidiscos: un álbum absorbente e hipnótico integrado por nueve canciones con letras compuestas en valenciano, que fue grabado y mezclado en los estudios Millenia de València por Erick Marín y masterizado por Jose Guerrero (hombre tras Betunizer o Cuello).
No es fácil clasificar el estilo de Piso Franco, complejidad que, dentro de la escena musical valenciana, siempre se agradece y habla de su pluralidad, así como de la amplia cultura sonora de sus componentes. «Cada uno tenemos diferentes influencias musicales que siguen creciendo con el paso del tiempo. Algo en común de los cuatro es que nos gusta mucho la música y nos gusta mucho descubrir cosas nuevas: cosas nuevas que se hacen ahora y cosas nuevas que se hicieron en el pasado y que no llegamos a descubrir en su momento. En cuanto a lo que aportamos de estas influencias a la composición de las canciones, es difícil responder, porque la dinámica de composición del grupo es muy orgánica y está muy basada en la improvisación en el local. Nunca venimos con una idea en la cabeza de hacer un tema que sea de este o de otro rollo».
Tomando principalmente elementos del post punk y el post rock, Piso Franco se aleja de las estructuras convencionales de la canción pop y explora caminos más libres en los que los temas avanzan de forma orgánica, con la incorporación de sutiles arreglos y escasas variaciones rítmicas, un ejercicio que recuerda a bandas como Stereolab o Yo La Tengo.

El sonido del grupo se define por sus líneas de bajo minimalistas, una batería que funciona con patrones repetitivos y dos guitarras en permanente diálogo: una que traza bucles que funcionan como columna vertebral de los temas, mientras que la otra añade elementos expresivos —disonancias, riffs angulares y más efectos— que elevan o reducen la intensidad de cada canción con tal de no caer en la monotonía. El resultado es una mezcla de ritmos, texturas y soluciones musicales inesperadas que absorben completamente la atención del oyente durante la media hora de duración del disco.
Pese a la diversidad del bagaje musical, se distingue en el trabajo el efecto de bandas contemporáneas como Antelope, cuarteto de Washington D. C. vinculado al sello Dischord Records, y Lithics, grupo de Portland asociado al revival del post-punk y la new wave. También, por supuesto, grupos icónicos de tiempos pasados como Fugazi, Slint, Tortoise o los holandeses The Ex: referencias con las que comparten una clara vocación experimental dentro de los parámetros del rock.
Se aprecia en Piso Franco una diferencia sustancial respecto a los proyectos independientes de sus miembros. ¿Se trata de un acto deliberado? «En realidad, ha sido todo muy natural y puede resultar muy inesperado. Nos costó mucho llegar a lo que estamos haciendo a día de hoy, pero sobre todo porque el primer año o año y medio de la banda estábamos intentando hacer algo que pensábamos que era lo que queríamos hacer, pero en realidad no podíamos hacerlo funcionar. Un día, en el local, la cosa cambió y, sin darnos cuenta, compusimos algo de manera muy improvisada que funcionó y que supuso un antes y un después a la hora de definir lo que hacemos y lo que hemos hecho para nuestro primer disco».
«El hecho de que se aprecie una diferencia con nuestros anteriores proyectos ha sido algo completamente casual. Ha habido momentos durante la composición del disco en los que no teníamos ni idea de qué era lo que estábamos haciendo; solo sabíamos que nos lo estábamos pasando muy bien haciéndolo y queríamos continuar ese camino».
Cortes como Ja plou o Qui vol juegan con estructuras paralelísticas y envolventes para crear una atmósfera sonora con letras poéticas que solo recurren al castellano en ciertas expresiones. Se aprecia un mayor tono punk en temas como «Desastre de after», en el que los componentes gritan como queriendo acercarse a esa intencionalidad inicial de formar un grupo punk, propósito que Piso Franco ha superado sin renunciar a un sonido con texturas ruidosas, energéticas y rapidísimas, como es el caso de Va!.
¿Hay perspectivas de futuro para la formación? «Hemos hecho algunos conciertos en Alcoy, València o Barcelona después de sacar el disco. De momento, continuamos haciendo nuevas canciones para lo que será nuestra próxima grabación y estamos disponibles para tocar donde sea. Tenemos muchas ganas de tocar en directo».















