Discos

El tamaño no importa

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Como con tantas otras profecías, la de la desaparición del formato single (o ep) tampoco se ha cumplido. No deja de resultar curioso que en estos tiempos de escuchas rápidas y online, en el que la canción vuelve a ser el formato estrella, los discos de pequeño formato sigan siendo editados en vinilo, casette o cd. De cada uno de ellos, aquí va una muestra:

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La Máquina Infernal era el título de una de las canciones del “Heliotropo” de Vainica Doble. También lo fue de uno de los temas más macarras de Lone Star. Y ahora lo es del nuevo sello que ha puesto en marcha Miguel Patilla. Su primera referencia es un single de Maronda. En la cara A se recupera “Nefertiti”, una de las joyas alojadas en su tercer disco, “Vibraciones”. Y en la B uno de los inéditos que se acumulan (aunque en unos meses habrá sorpresa) en la libreta del hiperactivo cantante del grupo, “Viernes 6 de la tarde”. Una historia de desamor en tres minutos de clara militancia pop, con ecos psicodélicos, coros penetrantes y el espíritu de The Zombies recorriendo cada surco. Siguen con el nivel muy alto.

Hiperactivo es un calificativo que también se ajusta a la perfección a Julio Fuertes, miembro de Johnny B. Zero, escritor (pendiente tenemos su “Fábula de Isidoro”), traductor y, ahora también, cabeza pensante de vineWaltz. Los cinco temas que componen su debut, en Hall Of Fame Records, basculan entre el soul-funky del primer Stevie Wonder mezclado con aparato electrónico, una azarosa psicodelia que haría las delicias del Pascal Comelade más juguetón, el pop límpido de The Beatles, el baile descocado y unos aires blues que lejos de ser los invitados de piedra, marcan músculo. Una vitaminada combinación que evita el fantasma del catálogo de supermercado para lucir personalidad y buena planta.

Acapvlco siguen creciendo sabiendo por donde pisan. Las cuatro canciones de “Comet glue” (editadas en casete por Mascarpone y también disponible en formato digital) apuestan por el fondo antes que por la inmediatez. Los guiños noventeros son menos evidentes (aunque las enseñanzas de, por ejemplo, Sonic Youth, siguen presentes) e incluso de haberlos remiten más a dos décadas antes, con la figura de Neil Young sonriéndo con cada acorde que suena. Afortunadamente no comulgan en la iglesia del “cuanto más rápido, mejor” y las melodías siguen teniendo su protagonismo. Así se permiten el lujo de transitar del pop más onírico al hardcore más intenso sin apenas despeinarse.